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Educación e Inclusión
Por
Francisco Piedrahíta
Rector Universidad Icesi
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El Valle del Cauca está sujeto a las presiones originadas en dos fenómenos de la época: la sociedad del conocimiento y la globalización.
En esas circunstancias, la educación juega un papel primordial en la construcción de una sociedad incluyente y moderna.
Por lo tanto, la educación debe cumplir tres funciones: cundicir la sociedad hacia la equidad, en el sentido de igualdad de oportunidades para sus jóvenes; formar a niños y jóvenes para el ejercicio de una ciudadanía participante, tolerante, solidaria, justa y honesta; y prepararlos para hacer parte de una economía global competitiva, creadora de riqueza y bienestar.
Como lo manifiesta el Informe de Desarrollo Humano para el Valle del Cauca, a pesar de las mejoras obtenidas en esas tres funciones, nuestro sistema está lejos de merecer una calificación aprobatoria.
La incapacidad de construir un sistema educativo eficaz y generador de equidad es quizá la mayor deuda con la sociedad de las élites que han dirigido al Valle y a Colombia durante casi dos siglos. Y la poca conciencia de la sociedad sobre la gravedad del problema impide un avance hacia su solución.
Los conocimientos y las competencias que se adquieren
durante los primeros 15 ó 20 años de vida determinan el bienestar futuro del ciudadano. En tal virtud, la inequidad de nuestro sistema educativo en acceso, permanencia, y calidad sólo empeora la situación para los niños y jóvenes de los grupos sociales más desprotegidos.
La educación en el Valle empezará a transformarse cuando gobernantes, políticos, empresarios, educadores y la sociedad toda se comprometan en lograrlo. Se necesita una visión de futuro ambiciosa, de una educación de clase mundial que incluya a todos los niños y jóvenes.
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