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	<title>SEMIOSIS &#187; lingüística</title>
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	<description>acerca de la producción del sentido</description>
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		<title>MIGRAMOS</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Jan 2010 05:20:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Enrique Perez Orozco</dc:creator>
				<category><![CDATA[antropología]]></category>
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		<description><![CDATA[Hola a todos migramos los contenidos  de este blog a: http://semiosiske.wordpress.com/ Espero que desde el enlace de la ICESI pueda mantener el contacto. Carlos E.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola a todos</p>
<p>migramos los contenidos  de este blog a:</p>
<p><a title="semiosis" href="http://semiosiske.wordpress.com/">http://semiosiske.wordpress.com/</a></p>
<p>Espero que desde el enlace de la ICESI pueda mantener el contacto.</p>
<p>Carlos E.</p>
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		<title>Actos de significación 2</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Nov 2009 19:07:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Enrique Perez Orozco</dc:creator>
				<category><![CDATA[filosofia]]></category>
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		<description><![CDATA[§ 1          Cuando se dijo que el sentido en la significación expresa la perspectiva del sujeto, se planteó que la competencia lingüística tiene las estructuras y los procesos para que el sujeto pueda realizar actos de significación, es decir, para que pueda orientarse hacia lo significado garantizando su propia integridad como sujeto en una interacción [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<ul>
<li>§ 1          Cuando se dijo que <em>el sentido</em> en la significación expresa la perspectiva del sujeto, se planteó que la competencia lingüística tiene las estructuras y los procesos para que el sujeto pueda realizar <em>actos de significación</em>, es decir, para que pueda orientarse hacia lo significado garantizando su propia integridad como sujeto en una interacción eficaz con el entorno.  Ahora bien, parte del entorno que es significado está constituido por relaciones sociales; pero en este orden social los sentido que permiten orientarse al sujeto no lo determina sólo él sujeto, sino que se negocian interactivamente entre los participantes de la comunicación.   Así las cosas, los actos de significación que debe generar el lenguaje habrán de considerar relaciones entre interpretantes cuyo sentido dependa del sentido que otros sujetos le dan a esos interpretantes.  En otras  palabras, el sujeto debe poder significar la acción comunicativa de su interlocutor como portadora de un sentido que condiciona el sentido que para él tiene su propia participación en la acción comunicativa.  Debe permitirse la significación interactiva.</li>
<li>§ 2          Ahora bien, no basta significar los actos del interlocutor como actos de significación (reconocer que el otro afirma, pregunta, plantea una hipótesis, etc.), sino que, como algunos actos se realizan con la finalidad de causar interactivamente un sentido convergente entre los interlocutores, algunos actos de significación son necesariamente interactivos.  Pueden reconocerse 4 formas básicas en ellos:  A requiere algo de B, A se compromete con algo para B, A instituye una relación de sentido con B, y A decide realizar algo</li>
<li>§ 3          Requisición, cuando la <em>EI</em> que se significa es una <strong>posibilidad</strong> cuya realización <strong>necesariamente</strong> tiene como <strong>agente causal</strong> al <strong>interlocutor</strong>, quien <strong>necesariamente</strong> ha de significar que en tal <em>EI</em> su participación como <strong>agente causale</strong> no sólo <strong>posible</strong> sino un <strong>deber</strong> o una <strong>obligación</strong>.   Como cuando se significa “alcánzame la sal, por favor”. La forma sintáctica por defecto para expresar este sentido, o la “no marcada”, serían oraciones con verbos en modo imperativo, pero ya se ha dicho que es posible siempre usar formas marcadas para  realizar estos actos de significación y de habla.</li>
<li>§ 4          Compromiso, cuando la <em>EI</em> que se significa es una <strong>posibilidad</strong> cuya realización <strong>necesariamente</strong> tiene como <strong>agente causal</strong> al <strong>enunciador</strong>, y como beneficiario y/o destinatario al interlocutor.  El <strong>enunciador</strong>, además, significa tal <em>EI</em> como un <strong>deber</strong> o una <strong>obligación</strong> para sí, y como algo <strong>deseable</strong> o <strong>preferible</strong> para el <strong>interlocutor</strong>. Como cuando  se significa de modo sincero “<em>mañana  te devuelvo el libro</em>”.</li>
<li>§ 5          Declaración, cuando la <em>EI</em> que se significa es una <strong>posibilidad</strong> cuya realización <strong>necesariamente</strong> tiene como <strong>agente causal</strong> al <strong>enunciador</strong>, y como participantes en la <em>EI</em> a los <strong>interlocutores </strong>en calidad de<strong> agentes</strong>.  Se trata de un acto de institucionalización, como cuando significamos “de ahora en adelante seremos socios”.  Quien  habla instituye, es el causante de una relación social expresada en el interpretante de “ somos socios”,  pero lo instituido requiere de la acción, o la disposición a la acción, de los participantes en la sociedad.</li>
<li>§ 6          <strong>Decisión</strong>, cuando la <em>EI</em> que se significa es una <strong>posibilidad</strong> cuya realización <strong>necesariamente</strong> tiene como <strong>agente causal</strong> al <strong>enunciador</strong> y se significa como una <strong>predicción</strong></li>
<li>§ 7           Ahora bien, aquí se ha presentado la descripción de estos actos desde el sujeto de significación,  pero éste puede significar que su interlocutor realiza actos con el sentido de requerir, comprometerse, instituir y decidir, o que alguien o algo más realiza estos  actos.  En tanto <strong>actos</strong>, lo que requieren es un <strong>agente</strong>, y esta función ideativa puede ser ocupada por cualquier unidad relacional de significación.</li>
</ul>
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		<title>Actos de significación 1</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 02:44:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Enrique Perez Orozco</dc:creator>
				<category><![CDATA[filosofia]]></category>
		<category><![CDATA[lingüística]]></category>
		<category><![CDATA[producción de sentido]]></category>
		<category><![CDATA[producciòn social del sentido]]></category>
		<category><![CDATA[semiótica]]></category>

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		<description><![CDATA[Actos de significación y la perspectiva del sujeto Si se entiende así el sentido, generado por y generador del Sistema semiòtico (Ss) y del Sujeto de Significaciòn (SS) que lo posee ¿es posible identificar estructuras elementales del sentido y reglas para su operación, integradas en la facultad del lenguaje? ¿De qué manera permiten recursivamente la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>Actos de significación y la perspectiva del sujeto</h2>
<p>Si se entiende así el sentido, generado por y generador del Sistema semiòtico (Ss) y del Sujeto de Significaciòn (SS) que lo posee ¿es posible identificar estructuras elementales del sentido y reglas para su operación, integradas en la facultad del lenguaje? ¿De qué manera permiten recursivamente la generación de infinitos ‘sentidos’?  Responder a estas preguntas  rebasa el propósito de esta exploración, pero valga referenciar la investigación de Baena y Bustamante en torno a los “actos de significación”, en los que reconocen formas elementales de generación de sentido para las estructuras ideativas.<a href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>Cualquier unidad relacional de significación que se forma en el plano ideativo del proceso del lenguaje hace parte de la <em>red de sentidos</em> del sujeto que le sirve para relacionarse con su entorno.  Ésta red puede ponerla en confrontación con los perceptos de la experiencia empírica en tiempo presente.  En esta confrontación, podrá realizar un <em>acto de significación</em> para el interpretante como aseveración, predicción, hipótesis o pregunta:</p>
<p>En el acto de <strong>aseveración</strong>, el Interpretante tiene un sentido de ‘<strong>real’</strong>.  Cuando los perceptos generados en el sistema semiótico por la práctica empírica del momento presente, son perceptos que podrían significarse eficazmente por el interpretante en cuestión; a estos interpretantes podría dárseles el sentido de reales o verdaderos.  Si ello no es el caso, el sentido de la aseveración será no real, o falsa.  En su procesamiento por el plano de estructuración sintáctica, estos actos de significación podrían expresarse en oraciones declarativas, como en (1)</p>
<p>“Juan pateó la pelota”.</p>
<p>Las oraciones declarativas, el modo indicativo de los verbos, serían las formas “no marcadas” para la expresión de tales sentidos, pero bien podrían tomar otras formas “marcadas”, como en (2)</p>
<p>“¿solamente quedan estos dos vasos?”</p>
<p>Aquí se estaría efectuando una aseveración acerca de un estado de cosas real, y quizás verdadero, por medio de la estructura sintáctica de una pregunta, pero ello no quiere decir que el sujeto dude de que existen dos vasos.  Pero esto ya es meterse en la relación de este plano psicológico o actitudinal con los planos retórico y morfosintáctico del proceso del lenguaje.</p>
<p>En el acto de la <strong>predicción</strong>, el Interpretante tiene el sentido de ‘<strong>predecible’</strong>; esto se da cuando el interpretante, en la red de sentidos, es un efecto posible de otro interpretante del sistema tenido como ‘real’.  A estos interpretantes predictivos podría dárseles el sentido de acertados o desacertados, en términos de si el interpretante predicho llega a ser ‘real’, o no, en un momento posterior.  Teniendo (2) como una aseveración acerca de lo real, y significada como ‘verdadera’, el interpretante que se expresa en (3)</p>
<p>“no tendremos suficientes vasos para la cena de esta noche”</p>
<p>se entenderá como un acto de predicción.  Que falten los vasos es un estado de cosas aún no dado, pero en la <em>anticipación del movimiento</em> que hace el pensamiento, ése estado de cosas es posible como efecto del estado de cosas  real.  Lo significado como real participa en una representación evenimencial de lo predicho como <em>causa</em> (o fuerza causal).  Pero esta ‘conexión’ o ‘relación funcional’ la establece el sujeto de significación, no está dada en los hechos por fuera del lenguaje.  Desde su experiencia personal, usando otra información disponible en su sistema, lo predicho es plausible a partir de lo real.  De allí que su ‘sentido’ expresa la perspectiva del sujeto, pues es un <em>acto</em> que él realiza, no algo que le sucede automáticamente a (1) en su sistema semiótico, ni algo que, en la experiencia empírica, él esté registrando.  En tanto <em>acto</em>, la predicción es configura tanto el sentido como al sujeto, como se ha dicho antes.</p>
<p>En el acto de la <strong>formulación de hipótesis</strong>, el Interpretante adquiere el sentido de <strong>probable</strong> para el sujeto de significación cuando tal interpretante, en su red de sentidos, es un indicio de (o abducido a partir de) otro interpretante considerado.   A estos interpretantes podría dárseles el sentido verosímiles o inverosímiles, en la medida en que las relaciones de inferencia entre ellos sean consistentes con una red de sentidos particular.  Cuando  en (2) se usa el signo “quedan”, se está significando que tal estado de cosas debe ser el resultante de un proceso, es decir, un cambio de estados en el cual lo real y presente ha llegado a ser de tal modo por ser paciente de un evento complejo;  Si hay proceso, se infiere que hubo un estado de cosas inicial en el que se daba la existencia de más de dos vasos, lo cual no es un interpretante significable como real sino como probable.  La relación entre (2) y el interpretante “hubo más vasos y algo produjo su desaparición”, es una relación que establece el sujeto, no está dada espontáneamente, es un <em>acto</em> en el que también expresa su perspectiva, su red de sentidos, su modo particular de darle orden y <em>sentido</em> a la experiencia del mundo.</p>
<p>Ahora bien, hay distintos <em>modelizadores</em> para la relación de probabilidad: <strong><em>de posibilidad, de necesidad, de deseo, de deber, y de obligatoriedad</em></strong>.  La lógica modal ha trabajado mucho acerca de los dos primeros, y no pareciera ser necesario sobreabundar en su sentido.  Acerca de los demás, valga una precisión en este ensayo, pues se trata de modelizadores que obedecen a la integración en el plano ideativo de la perspectiva del sujeto en sus relaciones sociales, su psiquis particular y sus valores estéticos y éticos.</p>
<p>Acerca del <strong>deseo</strong>, se trataría de una relación entre el interpretante marcado con el sentido de <strong>probable</strong> y el sujeto de significación, para quien tal probabilidad daría satisfacción a sus valores estéticos y a las disposiciones parametrizadas que en su personalidad le causan satisfacción.  El deseo bien podría moverlo a actuar en el sentido de causar la realización de tal estado de cosas en el que se sentiría complacido.  Si se significa “quisiera que lloviera”, el estado probable de “llover” causaría en el sujeto algún tipo de complacencia, como sentirse refrescado, ver revivir sus cultivos, etc.;  si se significa “quiero comer algo” con tal interpretante bien podría estarse dando pie a un proceso que desencadene en que el sujeto coma algo.</p>
<p>Acerca del <strong>deber</strong>, se trataría de una relación entre el interpretante marcado con el sentido de <strong>probable</strong> y el sujeto de significación, para quien tal probabilidad daría satisfacción a su <strong>deseo</strong>, pero significa que es <strong>necesario</strong> para su realización su propia participación como <strong>agente causal</strong> de tal estado de cosas.  Si se significa “debo lavar los platos”, la <em>EI</em> de “yo lavo los platos” es un estado de cosas probable y preferible para el sujeto de significación, y que sólo se dará si él decide lavar los platos.  Ahora bien, si la fuerza causal para que se realice aquello significado como “deber” es la voluntad del sujeto, habría que decir que la “motivación” para su participación es interna.</p>
<p>Acerca de la <strong>obligatoriedad</strong>, se trataría de una relación entre el interpretante marcado con el sentido de <strong>probable</strong> y el sujeto de significación, para quien tal probabilidad es un estado de cosas <strong>preferible</strong>, pero la fuerza causal por la cual tal interpretante es <strong>preferible</strong> no es su <strong>deseo</strong>, sino una fuerza causal externa al sujeto, una fuerza coercitiva, que bien puede ser física, ideológica, cultural, moral, etc.  Cuando se significa “tengo que lavar los platos” o “me toca lavar platos”, el evento de lavar los platos por parte del sujeto de significación es <strong>posible</strong>, para su realización es <strong>necesario</strong> que el sujeto sea  su <strong>agente causal</strong>, pero la causa del <strong>deseo</strong> no es otra que preferir evitar el displacer que implicaría resistirse a la fuerza causal que se le impone para moldear su actuación.  No es el mismo acto de significación que alguien se representa que “tiene que pagar los impuestos” a que “debe pagar los impuestos”.  No hay mucho de placer satisfecho en lo primero.  De allí que estos modelizadores considerados expresen y construyan al sujeto que significa, es decir, son del orden del sentido más que del significado.</p>
<hr size="1" /><a href="#_ftnref">[1]</a> Muchas  variables entrarían en este plano psicológico del proceso del lenguaje;  la perspectiva del sujeto de significación, que configura el sentido, habría de integrar una gran cantidad de redes de sentido que Oviedo identifica en “Abra la boca” (2003): sus principios éticos y estéticos, el modo de apropiación de los imaginarios de su cultura y sus modelos ideológicos de la realidad, los patrones de la ‘personalidad’ y los roles sociales que el sujeto desempeña en el momento de la significación, etc. profundizar en el modo en que todas estas variables intervienen en la generación del sentido propiamente dicho es un propósito que no se alcanzaría a cumplir en este ensayo.</p>
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		<title>Significado o referencia</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2009 19:14:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Enrique Perez Orozco</dc:creator>
				<category><![CDATA[filosofia]]></category>
		<category><![CDATA[lingüística]]></category>
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		<description><![CDATA[La signi-ficación es inherente al proceso de la semiosis, pero ésta no se reduce a aquella.  En este texto, el término significado no se usa para designar un estado de cosas (ni material, ni mental, ni metafísico), ningún tipo de existencial, ni a alguna relación de correspondencia entre existenciales;  es decir, no hay un algo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La signi-ficación es inherente al proceso de la semiosis, pero ésta no se reduce a aquella.  En este texto, el término significado no se usa para designar un estado de cosas (ni material, ni mental, ni metafísico), ningún tipo de existencial, ni a alguna relación de correspondencia entre existenciales;  es decir, no hay un algo que sea &#8220;El Significado&#8221;, ni siguiera hay un Y que sea &#8220;el significado de X&#8221;; más bien, aprovechando las posibilidades del español, se prefiere decir que algo se ha signi-ficado, en el sentido de que se ha convertido en signo, esto es, ha entrado a hacer parte de un proceso en el que está en lugar de otra cosa para alguien en virtud de alguna relación triádica genuina.<br />
En los términos de la tríada periciana que se ha usado, que algo se haya signi-ficado quiere decir que ese algo se constituye en el representamen de la relación triádica con un fundamento y un interpretante.  Esto querría decir que, hablar de &#8220;el significado&#8221; como un estado de cosas de primeridad, o como una relación entre estados de cosas (segundidad), sería un malentendido, llevaría a la confusión.<br />
Para una larga tradición en filosofía del lenguaje, la descripción del significado de un signo como un algo objetivable en estados de cosas en el lenguaje (estados mentales por ejemplo), o como estados de cosas objetivas por fuera del lenguaje (referencias) parece ser una confusión común.   Frege evita el concepto de &#8220;significado&#8221; y su tríada está más cerca de la comprensión que aquí se tiene.  En el tractatus de Wittgenstein, el significado es una imagen isomórfica del mundo en un sujeto interpretador de éste;  es una suerte de identidad transducida entre los &#8220;estados de cosas en el mundo&#8221;, y los semas y sememas con que se procesan los pensamientos en el lenguaje.  Putnam (1973, 1974),  en su análisis de sentido y referencia, identifica y confunde las palabras con los semas y a éstos con un algo en el mundo, como en su ejemplo de la composición química del agua en las tierras gemelas.  Esta suerte de equivalencia hace que se considere a los semas como objetos, o cualidades de los objetos, y se traten como elementos discretos, cuyo comportamiento depende de la externalidad de aquello con que se corresponden.<br />
Para Putnam, es absurdo pensar el significado como un estado mental.  Si con ello rechazara que el significado sea un algo de primeridad, se tendría coincidencia con él.  Pero no parece ser eso lo que quiere tildar de absurdo.  El paradigma que quiere fundamentar con su artículo es el externalismo semántico.  Tanto él como Davidson, reconocen la irreductibilidad de la mente al cerebro y, por tanto, rechazan que la cognición pueda describirse simplemente como un estado cerebral, aun cuando sea necesario un soporte físico en la fisiología neuronal, o en un sistema de cómputo.  Con el experimento mental de &#8220;las tierras gemelas&#8221; lo que se busca explicar es que, lo que permite la significación, debería ser un algo descriptible en tercera persona, un estado de cosas por fuera del lenguaje, objetivo para cualquier observador, y no depender de un estado cerebral inaccesible.  Pero esto es seguir buscando el significado como un algo de primeridad o de segundidad.<br />
Aún más, vale la pena anotar que, como buena parte de la reflexión ha tomado como caso ejemplar el de la nominalización de referentes en el mundo, los modelos del significado como &#8220;cosa&#8221; se refuerzan aún más.  Centrar el análisis de la significación en el caso de la nominalización, también ha pecado de hacer una identificación a la ligera entre la categoría sintáctica superficial de sustantivo, los objetos en el mundo y los semas.  Las metáforas espaciales con las que se grafican las clases sémicas como conjuntos, también refuerzan este tipo de malentendido del significado como una primeridad.  Es más, en estos planos básicos de reflexión acerca de la semiosis, habría que prescindir del recurso a categorías de sintaxis superficial como los tipos de palabras (nombres, verbos etc.).  Asumir, en cambio, los componentes de los núcleos de significación del plano ideativo &#8211; actitudinal, podría dar luces acerca de cómo el lenguaje produce sentido y significado de modo sincrético.<br />
En cierta semántica formal se ha tendido a describir el proceso de la signi-ficación como la relación diádica entre un signo y un referente, como si el proceso de semiosis consistiese en establecer relaciones deícticas o de codificación como correspondencia; en ella se ubicarían las teorías de Russell y Wittgenstein.  También se ha argumentado mucho acerca de la íntima relación entre el significado de una proposición y las condiciones de verdad (o de satisfacción) de la misma (por ejemplo, el emblemático texto de Tarski, 1944).  En esta perspectiva los signos adquieren significado sólo cuando se satisfacen las condiciones para su verificación.<br />
Segal (2004, 23) presenta la tesis de Davidson en los siguientes términos informales: &#8220;Una oración s en un lenguaje L significa p, si y sólo si, un teorema legaliforme y máximamente simple de la teoría de la verdad para L, dice que s es verdadera si y sólo si p&#8221;.  La &#8220;teoría de la verdad&#8221; a la que se refiere es la conocida &#8220;convención T&#8221; (o V) de Tarski, esto es: &#8220;p&#8221; es verdadera si y sólo si P. Donde &#8220;p&#8221; es un signo del lenguaje L y P el estado de cosas al que, convencionalmente, &#8220;p&#8221; designa en L.<br />
En cierto sentido, la significación estaría supeditada a las condiciones de verdad.  Más aun, en la defensa del realismo, y contra cierta metafísica predominante en la reflexión de la semántica formal, se ha insistido en que serían las condiciones empíricas, es decir, las cualidades de los referentes, las que determinarían tanto la verdad como el significado de una proposición (El realismo de Davison y el externalismo de Putnam coincidirían en ello).  Aquí se toma distancia de estas miradas, por cuanto: 1) con la relación diádica que subyace a esta explicación, se olvida la perspectiva del sujeto de significación, quien es, en últimas, el locus de la producción del sentido, y no cabría una comprensión triádica de la semiosis,  2) entender la significación sólo como derivada de las condiciones de verificación que dan las cualidades de lo referido, mantiene la confusión de referente &#8211; sema,  3) se confunde la especie (la semiosis de la verdad) con el género (la semiosis en general), 4) no se podría explicar porqué tiene pleno sentido una representación ideativa sin referencia en el mundo que está por fuera del lenguaje, como &#8220;los unicornios alados del ejército&#8221; etc.  La  insistencia, aquí, está más en que el núcleo de la semiosis se da en la construcción misma de los semas y sememas, en la que son sincréticos significado y sentido, no por correspondencias biunívocas, realidad &#8211; sema, sino por la orientación pragmática que le facilitan al sujeto de significación.  El asunto de la verdad, o la verificación, es posterior, de segundo orden, supone la semiosis y no viceversa. Traer el engañoso concepto de verdad a la descripción del proceso de la semiosis confunde las cosas.<br />
El malentendido que se quiere evitar aquí, acerca de &#8216;el significado&#8217; como fruto de una relación diádica, también lo comparten aquellas teorías y descripciones del lenguaje que lo ven como un sistema que codifica y decodifica, que asigna correspondencias entre elementos de dos conjuntos, o que transforma una entrada en una salida pre-determinada;  las ideas de pertenencia a conjuntos e inyectividad, que subyacen a estas descripciones, no superan la concepción diádica y se hacen inapropiadas para describir la semiosis del lenguaje; mucho menos permiten explicarla.  Tampoco la idea de conjuntos difusos de la lógica fuzzy es una corrección de la diada, más bien, es sólo un refinamiento de esa perspectiva.<br />
Lo que entraña la teoría de la extensión y la intensión, en semántica formal, es justamente esta idea de lenguaje-código.  Para el caso de los lenguajes formales, matemáticos, de la teoría de conjuntos o en sistemas de inteligencia artificial que clasifiquen entradas de acuerdo a cualidades distintivas de las mismas, podría ser una teoría funcional, pero éste no es el modo de operar la significación en el lenguaje humano.  Así, el significado de las expresiones &#8220;criatura con corazón&#8221; (C(x)) y &#8220;criatura con riñones&#8221; (R(x)) no se resuelve con la delimitación de los objetos que son miembros posibles de los conjuntos para los que cabe la descripción C o R.  En este caso, los objetos de uno y otro conjunto, ceteribus paribus, coincidirían, pero el recurso a la &#8220;extensión&#8221; de un signo, o su &#8220;intensión&#8221; no ayuda en mucho a explicar porqué de un tirano genocida puede decirse que se trata de una &#8220;criatura sin corazón&#8221; ¬(C(x)) y que esto se haga con un sentido que podemos llegar a compartir los hablantes del español.<br />
Si es compartida socialmente la aceptabilidad del sentido de que &#8220;un genocida no tiene corazón pero si riñones&#8221;, esto no se explica por el artificio de los mundos posibles ni por el de un especialista que define los signos y las cualidades de sus referentes; hay que llevar el asunto al campo estrictamente semántico en lengua, a los mundos semánticos de referencia, sin pensar en que ella es imagen isomórfica de lo que está por fuera del lenguaje.<br />
Entender &#8216;lo signi-ficado&#8217; como aquello que ha adquirido sentido para un sujeto de significación, facilita la comprensión de la semiosis.  Insistir  en hablar de &#8216;el significado de X&#8217; conduce al equívoco de las correspondencias.<br />
No conviene dar un estatuto ontológico de primeridad al significado; se desconocería que, en la significación, se teje la perspectiva del sujeto en su relación con el entorno, pues es en aquél en quien se realiza la semiosis.  Por fuera de ello sí sería absurdo describir sentido y significado.  La apuesta en este texto es considerar la significación como proceso (semiosis), como terceridad genuina, como un modo de generar una la representación ideativa del entorno (o de un mundo semántico de referencia) y un sentido para ella.  Ambos serían indesligables.<br />
+++<br />
<strong>Referencias</strong></p>
<p><strong>PUTNAM, Hilary  (1973)</strong> ‘Meaning and Reference’; en: The Journal of Philosophy, Vol. 70, No. 19, Seventieth Annual Meeting of the American Philosophical Association Eastern Division, (Nov. 8, 1973), pp. 699-711<br />
&#8212;&#8212;-                       <strong> (1974) </strong> ‘The Meaning of meaning’; en: Mind, language and reality. Philosophical papers vol 2. Cambridge: University press.<br />
<strong>SEGAL, Gabriel (2004)</strong> &#8220;Verdad y significado&#8221;; en Ideas y Valores No. 125, agosto 2004; p. 7-37; Bogotá: Universidad Nacional de Colombia</p>
<p><strong>TARSKI, Alfred</strong> <strong>[1944] </strong> ‘The Semantic Conception of Truth and the Foundations of Semantics’; en: Philosophy and Phenomenological Research, 4, 341-76; Versión en español: <strong>BUNGE, Mario Augusto </strong>(Traductor, editor); (1960); Antología semántica; Buenos Aires: Ediciones nueva visión</p>
<p><strong>WITTGENSTEIN, Ludwing</strong> <strong>(1984) [1918] </strong> Tractatus Logico-philosophicus. (TLP) Traducción de Enrique Tierno Galván. Madrid: Alianza Universidad.</p>
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		<title>Inga &#8211; Español.  La memoria del conflicto interétnico en la transformación de una lengua indígena</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jun 2009 23:03:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Enrique Perez Orozco</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El artículo retoma la investigación del autor acerca del bilingüismo del pueblo inga de Yunguillo, Putumayo. Sostiene que, por la competencia bilingüe de los hablantes, en la coexistencia de inga y castellano, se produce el fenómeno de la interpolación, esto es: si formas de la L2 se consideran retóricamente eficaces y diferenciables en la producción [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El artículo retoma la investigación del autor acerca del bilingüismo del pueblo inga de Yunguillo, Putumayo. Sostiene que, por la competencia bilingüe de los hablantes, en la coexistencia de inga y castellano, se produce el fenómeno de la interpolación, esto es: si formas de la L2 se consideran retóricamente eficaces y diferenciables en la producción de sentido con respecto a las formas ‘equivalentes’ de la L1 en el habla cotidiana de la L1, éstas interpolaciones se introducen en la L1 con nuevas reglas fonomorfosintácticas que dinamizarían su transformación, sin sacrificar con ello que L1 siga siendo la lengua por defecto para la socialización y el marcador fundamental de la identidad étnica.</p>
<p><span style="color: #ff0000">Descargar Archivo: </span><a href="https://dspace.icesi.edu.co/academico/handle/item/2898"></a><a title="inga-span" href="https://dspace.icesi.edu.co/academico/handle/item/2898">inga-espanol-bog-09</a></p>
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		<title>La lucha simbólica en la lengua (presentación para la Cátedra Marta traba de la Universidad Nacional)</title>
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		<pubDate>Sun, 03 May 2009 13:53:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Enrique Perez Orozco</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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		<description><![CDATA[La lucha simbólica Una vieja discusión semiótica nos invita a reflexionar acerca de qué son los signos, qué clases de signos hay.  Dar como respuesta un listado, una serie de categorías de clasificación como iconos, índices, señales, emblemas, símbolos etc., ejemplificándo a cada una, pareciera ser insuficiente para la curiosidad semiótica. Sería mejor explicar de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La lucha simbólica</strong></p>
<p>Una vieja discusión semiótica nos invita a reflexionar acerca de qué son los signos, qué clases de signos hay.  Dar como respuesta un listado, una serie de categorías de clasificación como iconos, índices, señales, emblemas, símbolos etc., ejemplificándo a cada una, pareciera ser insuficiente para la curiosidad semiótica. Sería mejor explicar de qué tipos de procesos de producción de sentido son mediadores y de qué manera lo hace cada uno. En el caso del símbolo, por ejemplo, no siempre hay un consenso en las respuestas, precisamente porque se trata de una clase de signo que preocupa a muchos y diversos enfoques disciplinares, tanto a la antropología simbólica como al análisis crítico del discurso, a la estética como a los estudios culturales y, por supuesto, a la semiótica.</p>
<p>Según el semiólogo de la cultura I. Lotman (2002), &#8220;el símbolo es texto tanto en su significante como en su significado. (&#8230;) posee un significado homogéneo encerrado en sí mismo y un límite preciso que permite diferenciarlo claramente de su contexto semiótico&#8221;, es decir, se delimita y se hace distinto de los textos en que pueda insertarse, y de los mundos semánticos que puedan construirse con aquellos. Posee una serie de características que lo diferencian de otros signos, por ejemplo, y siguiendo a Lotman, el símbolo es arcaico, es decir, se constituye por una serie de textos enrollados de argumentos que representan programas mnemónicos; el símbolo es memoria, viene del pasado y va al porvenir; el símbolo transporta textos, esquemas de argumentos y otras formas semióticas que van de estrato a estrato, de cultura a cultura a través del tiempo; es mutable e inmutable; en otras palabras, se transforma en los nuevos textos pero comunica su eterno, su información histórica, su información fundacional. Por otra parte, el símbolo puede presentarse en formas elementales, por fuera de textos complejos, como los del arte, por lo que se haría evidente que no deriva de ellos, directamente, su contenido semántico proposicional.  La mayor potencia de estos símbolos elementales (por ejemplo, la paloma de la paz conocida por todos) viene de su densidad, de la capacidad de sincretizar esa memoria arcaica de la cultura, y de su flexibilidad para participar de procesos de comunicación cotidianos, en el lenguaje ordinario.</p>
<p>Con esta noción, descritas sus características, se puede avistar lo que implica una &#8220;lucha simbólica&#8221;. En la interacción cultural se presenta una disputa por el uso de los símbolos, por definir quiénes deben ser los representantes de una comunidad, es decir, qué signos habrían de condensarse como símbolos de la cultura, o cuáles habrían de ser los medios de comunicación para &#8216;decirla&#8217;; a través de qué lenguas, por ejemplo, habría que construir los relatos de la identidad. En el contexto colombiano la situación es fácilmente ejemplificable; basta con observar cuáles son las formas prestigiosas del español que se imponen como regla, no sólo para autorizar un discurso, sino para excluir los textos de quienes, sin usar esas formas canónicas, se atrevan a decir quiénes  somos los colombianos. Por otra parte, reconocidos dirigentes políticos se transan en una lucha por imponer un discurso o por deslegitimar otro o, como es común, por acaparar la mirada de las cámaras de televisión para convertirse en una presencia significativa para la vida del pueblo colombiano, con la pretensión de ser el significante por antonomasia de símbolos arquetípicos como la seguridad, la democracia, la unidad nacional o la colombianidad misma. Estas luchas simbólicas, como vemos, no se dan sólo en el nivel del discurso, sino en el de los símbolos elementales y en el uso mismo del lenguaje cotidiano.</p>
<p>Los ejemplos anteriores son muestras simples cercanas a nuestra cotidianidad que pueden conducir a preguntarnos por ellos mismos: ¿qué símbolos definen nuestra identidad en un contexto dado? ¿Podemos reconocer, en la interacción cultural, aquellos símbolos ajenos a nuestros sistemas simbólicos? ¿Podremos distinguir claramente cuáles símbolos hemos ido integrando a nuestra identidad simbólica?</p>
<p>Las respuestas no se dan acá, más bien, se dejan planteadas las dudas que, de acuerdo a los diálogos y exposiciones de la Cátedra Marta Traba, puedan contribuir a encontrar unas posibles respuestas. Lo que aquí se propone, en cambio, es ofrecer una pequeña muestra de eso que se ha llamado &#8220;Lucha Simbólica&#8221;.</p>
<p>Le corresponde el turno a Carlos Enrique Pérez Orozco presentar su pensamiento en torno a problemáticas latinoamericanas desde el lenguaje.  Él se ha dedicado, en los últimos años, a explorar y comprender las características del bilingüismo inga, en la comunidad del resguardo Yunguillo, población situada en el margen occidental de la cuenca alta del río Caquetá, en el piedemonte amazónico de los Andes del sur de Colombia. Como en el estudio de toda lengua, no sólo se trata de describir el sistema lingüístico en sí, sino las dinámicas sociales y culturales de la comunidad que lo usa. Implica comprender que la lengua no es simplemente un instrumento para comunicarse, sino un sistema dinámico para darle sentido a la experiencia, lo cual lo constituye, además, en un proceso que define la perspectiva misma de los sujetos sociales que lo usan. Se trata, en cierto sentido, de un marcador de identificación y, por tanto, un escenario fundamental en el que se libra esa &#8220;lucha simbólica&#8221; a la que se aludía anteriormente.</p>
<p>Esta lengua (el inga), en relación con el español, sufre la amenaza de un proceso de &#8216;glotofagia&#8217;, en términos de Calvet. En otras palabras, el español, impuesto como la lengua por defecto para la interacción social, podría llevar a la desaparición del inga.  Esta visión &#8216;apocalíptica&#8217; de algunos estudiosos de la situación de las lenguas indígenas en Colombia, contrasta con la que Pérez Orozco describe para el caso del inga. En su libro &#8216;Igamanda parlu: estrategias de resistencia bilingüe&#8217; (2007) revela que, en los usos y transformaciones de la lengua inga, se expresa una resistencia simbólica frente al español como sistema lingüístico hegemónico.  Es cierto que, en la interacción cultural, se verifica la imposición de la lengua de los dominantes, lo cual se ve reflejado en el mayor uso de ella en los discursos públicos y en la educación, por ejemplo.</p>
<p>Sin embargo, según Pérez Orozco, el hecho de que los ingas usen alternadamente tanto su lengua (inga) como el español, expresa una estrategia de resistencia simbólica, no sólo la escogencia pragmática del sistema de comunicación más eficaz para cada contexto particular. En los cabildos y asambleas comunitarias los documentos escritos se realizan en español pero las discusiones orales se llevan a cabo en inga. Aquí parece existir un equilibrio, es decir, no hay un desplazamiento pleno de una lengua por otra; más bien, se aprovecha la capacidad expresiva de cada lengua  y se usan tales recursos en diferentes contextos, no sin dejar claro que la matriz integradora de tal posible alternancia sea la lengua inga. Es cierto que el español ha permeado al inga tanto en su léxico como en su morfosintaxis y fonología, sin embargo, más que un proceso de dominación simbólica de una lengua sobre otra, se presenta una interpolación de sistemas en la cual la matriz ancestral del inga se mantiene y asimila formas y usos del español.</p>
<p>Pérez Orozco, sin embargo, no desestima el peligro de este contacto lingüístico-cultural. La lengua hegemónica podría abrirse nuevos espacios de uso en la comunidad aborigen, y dicha comunidad podría &#8216;devaluar&#8217; su lengua materna, socavando así los marcadores tradicionales de su propia identidad étnica. A pesar de este temor, el autor afirma que el inga, como lengua y como cultura, sigue resistiendo. Entre las evidencias de ello se encuentran casos en los modo en que la morfosintaxis inga, como matriz lingüística adoptante, moldea las formas interpoladas del español; por otra parte, en usos sociolinguísticos específicos de cada lengua, como en las formas bilingües de la toponimia (nombres de lugares) y en usos humorísticos de formas interpoladas del español en el inga. El autor revela un alto grado de conciencia en la comunidad de la importancia de esta resistencia simbólica en el espacio de la lengua cuando usa, con fines humorísticos, parodias de sus propios usos del español, o bien  ridiculizan al &#8216;hombre blanco&#8217;, quien, en su condición de monolingüe, resulta incompetente para usar la lengua aborigen y, por tanto, se significa como de menor poder simbólico que los indígenas bilingües.</p>
<p>La posición del autor es polémica porque como lo declaran otros estudiosos; el inga ha sido permeado por el español a tal punto que se aventura la  hipótesis de un ingañol, en oposición a una lengua inga como tal. Si bien esto es sólo una hipótesis, entra en oposición con el punto de vista de Pérez Orozco quien argumenta a favor no de una glotofagia inminente sino que apuesta por el reconocimiento de una resistencia simbólica que deja sus huellas en las lenguas mismas.  En ésta, el inga, como ser humano, reconoce su propia identidad. Que sea una cosa o que sea la otra es cuestión de seguir investigando, de seguir observando y de mantener un diálogo constante.  El interés que prima en este documento va en dos direcciones: dejar en claro la complejidad que implica la &#8220;Lucha Simbólica&#8221; y sembrar la duda acerca de qué símbolos moldean nuestra identidad como colombianos y como latinoamericanos.</p>
<p>Bibliografía</p>
<p>LOTMAN, I; (2002) &#8216;El símbolo en el sistema de la cultura&#8217;; Trad. Rubén Darío Flórez; en: Revista Forma y función 15 (2002), páginas 89-101; Universidad Nacional; Bogotá</p>
<p>FLÓREZ, Rubén Darío (2008) &#8216;Ingamanda parlu: estrategias de resistencia bilingüe&#8217;; Reseña; en  Revista Forma y Función 21 (2008), páginas 395-405; Universidad Nacional; Bogotá</p>
<p>PÉREZ,  Carlos Enrique (2007), Ingamandaparlu: estrategias de resistencia bilingüe; Colección experiencias No. 3; Universidad Icesi; Cali</p>
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