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	<title>SEMIOSIS &#187; retórica</title>
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	<description>acerca de la producción del sentido</description>
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		<title>MIGRAMOS</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Jan 2010 05:20:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Enrique Perez Orozco</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hola a todos migramos los contenidos  de este blog a: http://semiosiske.wordpress.com/ Espero que desde el enlace de la ICESI pueda mantener el contacto. Carlos E.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola a todos</p>
<p>migramos los contenidos  de este blog a:</p>
<p><a title="semiosis" href="http://semiosiske.wordpress.com/">http://semiosiske.wordpress.com/</a></p>
<p>Espero que desde el enlace de la ICESI pueda mantener el contacto.</p>
<p>Carlos E.</p>
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		<title>Inga &#8211; Español.  La memoria del conflicto interétnico en la transformación de una lengua indígena</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jun 2009 23:03:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Enrique Perez Orozco</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El artículo retoma la investigación del autor acerca del bilingüismo del pueblo inga de Yunguillo, Putumayo. Sostiene que, por la competencia bilingüe de los hablantes, en la coexistencia de inga y castellano, se produce el fenómeno de la interpolación, esto es: si formas de la L2 se consideran retóricamente eficaces y diferenciables en la producción [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El artículo retoma la investigación del autor acerca del bilingüismo del pueblo inga de Yunguillo, Putumayo. Sostiene que, por la competencia bilingüe de los hablantes, en la coexistencia de inga y castellano, se produce el fenómeno de la interpolación, esto es: si formas de la L2 se consideran retóricamente eficaces y diferenciables en la producción de sentido con respecto a las formas ‘equivalentes’ de la L1 en el habla cotidiana de la L1, éstas interpolaciones se introducen en la L1 con nuevas reglas fonomorfosintácticas que dinamizarían su transformación, sin sacrificar con ello que L1 siga siendo la lengua por defecto para la socialización y el marcador fundamental de la identidad étnica.</p>
<p><span style="color: #ff0000">Descargar Archivo: </span><a href="https://dspace.icesi.edu.co/academico/handle/item/2898"></a><a title="inga-span" href="https://dspace.icesi.edu.co/academico/handle/item/2898">inga-espanol-bog-09</a></p>
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		<title>Acerca del Resumen de un texto 2</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Apr 2009 03:07:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Enrique Perez Orozco</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(La siguiente reflexión ha surgido de las charlas con los colegas del departamento de Español de la Universidad ICESI, con quienes hemos debatido algunos de estos asuntos. Sin embargo, la responsabilidad de lo dicho aquí, es sólo mía.  Carlos E.) ¿Qué significa que un texto sea resumen de otro? Hay una característica que salta a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><em>(La siguiente reflexión ha surgido de las charlas con los colegas del departamento de Español de la Universidad ICESI, con quienes hemos debatido algunos de estos asuntos. Sin embargo, la responsabilidad de lo dicho aquí, es sólo mía.  Carlos E.)</em></p>
<p style="text-align: left">¿Qué significa que un texto sea resumen de otro? Hay una característica que salta a la vista: la cantidad de material significante; la extensión del texto resumen es menor que la del texto resumido. Sin embargo, ello no pareciera ser suficiente para explicar la capacidad que tiene uno para sustituir al otro.  La brevedad del resumen, con respecto al texto que representa, pareciera derivar su sentido de que permite agilizar algún proceso de significación en el que debería estar involucrado el texto original.  Este uso del resumen ayuda a descubrir su carácter.<br />
Suponga que está buscando bibliografía acerca de un tema X; en esa circunstancia, encontrar un título como “La incidencia de X en el deterioro de Y” será orientador, y, sin necesidad de leer el artículo, usted sabrá que se trata de algo que podría servirle; compra el libro, o la revista, y se lo lleva a su lugar de estudio.  Las dos líneas del título lo orientaron acerca del contenido del texto, le han ahorrado tiempo y le sirvieron para tomar una decisión. ¿No es el título una especie de resumen? ¿No debería serlo?  Cumple con la función de presentar un contenido, orientar acerca del tema y la perspectiva desde la cual se aborda en el texto, todo de una manera breve, resumida. Los títulos de el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha son muy ilustrativos: “<em>CAPÍTULO OCTAVO  Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, etc</em>.”<br />
Ahora bien, suponga que llega a su casa y, después de leer las 30 páginas del artículo, usted descubre que el concepto de X en él no es el mismo acerca del cual usted estaba investigando.  En ese momento usted habría querido haber sabido algo más acerca del artículo, algo que el sólo título no le dio. Usted necesitaba un resumen. Para satisfacer su necesidad ¿Qué debería haber tenido ese resumen que no se lo dio el título?  No le pediría exhaustividad en la argumentación, ni la totalidad del contenido del documento, sino haber leído, en corto tiempo, un texto que le dijese cuáles son los conceptos que se desarrollan en el artículo, cuáles las tesis o proposiciones que presenta o defiende el autor, cómo lo hace, y qué lugar en el estado de la cuestión X podría llegar a ocupar el documento.  En la actualidad, las revistas académicas suelen pedir a los autores, o a quien remite un artículo, escribir un abstract que satisfaga las necesidades que se anotaban arriba; dependiendo de las exigencias del editor, este texto tendría una extensión no mayor a la de 50, 100 o 300 palabras.  Si usted hubiese leído un resumen como ese, hubiese tenido un insumo importante para, mejor informado, tomar la decisión de comprar o leer el artículo o el libro en cuestión.<br />
Suponga ahora que usted hace parte de la junta directiva de una organización, y se encuentran en una reunión en la que se estudiará el balance anual de las actividades de la misma, incluyendo su ejercicio contable; lo más probable es que no lleguen a sus manos copias completas de los libros de contabilidad, ni de las actas de todas y cada una de las decisiones y tareas ejecutadas durante el año, sino una hoja simple con el balance general de ingresos, egresos, activos, pasivos etc. al igual que otro breve documento con un listado de metas alcanzadas, en contraste quizás con las propuestas el año anterior, y una enunciación de las actividades corporativas que resultaron más relevantes en el ciclo pasado. Usted tendrá en sus manos una especie de informe ejecutivo, que le dará la información relevante para tomar las decisiones que orientarán el trabajo de la organización. No sobra resaltar el presupuesto de que se confía en el buen criterio del presidente y el contador para ese trabajo de síntesis  o resumen. Es un acto de fe en que coincidan las verdades derivables del informe, de las que derivarían del examen de toda la documentación del archivo. Usted supone que, con sólo leer estos breves textos, tendrá idea de lo que realmente se ha hecho. Podría confrontarlo con los libros contables, con los de actas, o con los archivos… pero no tiene tiempo para eso ahora, su junta durará, si acaso 3 horas.  Si en el abstract se resaltó su capacidad de permitir reconocer en él las tesis y los actos de significación realizados en el texto resumido, aquí se resalta un criterio que tampoco le sería ajeno al él: la fidelidad del texto resumen al texto resumido. Sin ello, las decisiones que pudiese tomar (comprar la revista o reelegir al presidente de la organización) podrían ser erradas.  ¿Pero, qué quiere decir qué haya esa fidelidad?<br />
Llegados a este punto, se puede atrever una descripción analítica: El resumen es un texto que es signo de otro texto.  Que un texto sea resumen del otro implica, por una parte, que es posible reconocer los significados del texto resumido en el texto-resumen; por otra parte, implica de debe operar de tal modo que produzca en el lector un sentido equivalente al que produciría aquel texto que significa, todo, de un modo más breve que en la posible operación del texto original. Se trata de alguna suerte de identificación o de equivalencia.<br />
¿Cómo opera tal producción de referencialidad y sentido cercana a la identidad? Los conceptos de iconicidad e isotopía parecen pertinentes para explorar el proceso semiótico por el cual un texto-resumen puede identificarse con el texto que resume.</p>
<p><strong>La iconicidad del resumen</strong><br />
La iconicidad es un modo elemental de semiosis en el cual un representamen  toma de su objeto, y transfiere al interpretante, la posibilidad de una determinada forma, que existe tanto en el objeto como en su representamen ;  en virtud de tal semejanza formal, uno puede estar en lugar del otro.  Los diagramas, las representaciones pictóricas, las metáforas, todos ellos son signos icónicos en distintos modos, pero operan bajo el mismo principio semiótico.  La hipótesis es que los “resúmenes” son icónicos, y de que lo sean depende su eficacia semiótica. El objeto sería el texto original, su representamen icónico, el resumen mismo.<br />
La iconicidad se funda en que algunas condiciones formales de la percepción de un objeto sean compartidas con las de su representamen, lo cual quiere decir que es realmente para el sujeto de significación para quien debe existir la posible analogía entre los dos, no porque las semejanzas se den entre objeto y representamen.  ¿Qué es lo que un texto resumen debe tomar de la percepción del texto resumido, y transmitir al interpretante, para que lo sustituya en su producción de sentido? El resumen, en tanto icónico, tomaría del texto referido sólo algunas de sus cualidades y relaciones constitutivas; pueden ser internas, propias de su material significante, o de su significado; podrían ser externas, de las que establece con su entorno (igualmente en la doble posibilidad de retomar lo propio del significante y del significado). Si las tomara todas, se trataría de una copia icónica. Al tomar sólo algunas, se desechan las que se consideran, por algún tipo de convención, innecesarias para reconocer las características particulares de la forma del texto-objeto que resultan significantes. En cambio, se conservarán aquellas que se consideran necesarias. Pero ¿con qué criterio se hace esta selección? La idea de “lo que se considera necesario” merece ser aclarada.<br />
Las necesidades de la forma icónica del resumen, son impuestas para cada caso particular, según los usos que se le de al resumen o los que se le daría a su texto objeto.  Puede exigírsele que comparta con él:<br />
a)    sólo la mención del tema general, la macroestructura tópica, en términos de Van Dijk<br />
b)    los campos semánticos a los que hace referencia, como cuando de un texto se piden las palabras descriptoras o tags de modo que se tenga una idea de los temas que se abordan, las disciplinas desde que se lo hace etc.<br />
c)    las proposiciones nucleares que se desarrollan en el texto y su jerarquía, como cuando se da cuenta del orden de temas y subtemas, la secuencia de una argumentación o la jerarquía de los títulos de la obra. En el caso de un texto narrativo, se podría exigir la presentación de los eventos o de la transformación de las relaciones entre los personajes y de los entornos que resulten más relevantes para el desarrollo de la historia.<br />
d)    la identificación de los actos de texturización, de significación o de habla, más relevantes que realiza el autor en el texto. No se quiere decir con esto que el resumen, necesariamente, realice los mismos actos de su texto objeto; bien podría, simplemente, enunciar los que se realizan en él, como cuando se dice que “el autor compara A con B”, o “fulano se distancia de la postura de sutano y de sus escritos anteriores” o “el autor emplea el método Y para hacer su investigación” etc.</p>
<p><strong>La isotopía del resumen</strong><br />
Cuando en física se habla de un isótopo, (de las voces griegas ἰσο, &#8220;igual&#8221; y τόπος, &#8220;lugar&#8221;) se refiere el átomo de un elemento particular cuyo peso atómico es diferente al estándar. A pesar de ello, el isótopo es capaz de interactuar con otros átomos de la misma manera que el átomo de peso atómico estándar. Le debemos al semiólogo lituano Algirdas J. Greimas el haber hecho una transposición del concepto al campo de la semántica del texto.  Su hipótesis es que la cohesión de un texto se garantiza cuando, en la secuencia de oraciones que conforman un texto, se encuentran repetidos algunos componentes sémicos en distintas cadenas sintácticas. La unidad de sentido estaría garantizada por la presencia de esos elementos sémicos cohesionadores, lo cual constituye la isotopía de un texto.  Un resumen sería isotópico con respecto a su texto objeto en la medida en que sus unidades sémicas cohesionadoras sean las mismas en ambos textos.  De ese modo, ambos operarían en el ámbito de la interpretación global del texto, de una manera semejante y podría sustituir uno al otro.</p>
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		<title>Describir, nombrar y argumentar</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Oct 2008 16:36:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Enrique Perez Orozco</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>No creo que haya un acto de habla descriptivo en el que, quien habla, no exprese también algún tipo de relación con aquello que describe. Dar nombres o atributos, el acto de clasificar, es ya construir un signo (signi-ficar) no para el objeto, sino para el tipo de interacción que se espera, de manera habitual, tener con él o para la relación que se interpreta existe entre un objeto y otro. Si digo de algo “&#8221;X es amargo&#8221;” se condicionan los juicios, las acciones en relación con ese ‘algo’ nombrado, lo haya probado o no, lo diga en sentido metafórico o no, lo diga para mentir o decir la verdad. En cierto modo, los sentidos posibles de la interacción con aquello nombrado &#8211; descrito han quedado limitados a los sentidos que nombra convencionalmente la categoría &#8220;amargo&#8221;. Si, además, el nombre es un signo que un interlocutor posible reconoce como orientador de sus relaciones con los objetos, entonces decirle a alguien que ‘&#8221;X es amargo&#8221;’ pone en circulación, en el acto comunicativo, un signo que puede producir relaciones probables (no solo las posibles) en el interlocutor que re-conoce ese signo. Así, al nombrar &#8211; describir, se ha influido en las posibles relaciones que un interlocutor puede tener con lo nombrado.<br />
Así las cosas, nombrar y describir serían también actos de argumentación. En muchas oportunidades, una disputa se centra precisamente en la lucha de dos contrarios por lograr el reconocimiento del nombre que éste propone para un objeto o fenómeno: si optamos por llamar al grupo ‘Y &#8220;subversivo&#8221;’ o &#8220;‘narco-terrorista&#8221; o &#8220;beligerante&#8221;’ es mucho más que optar entre nombres equivalentes e intercambiables; se trata de ubicar, en cierta lógica de relaciones sociales y políticas, al grupo en cuestión. En el nombrar y describir se condensan, con formas simbólicas, verdaderos programas ideológicos de inter-acción social.<br />
Podría decirse que el plano retórico de la significación-comunicación no puede ser despreciado ni siquiera en los actos comunicativos más elementales, pero ni siquiera en las funciones básicas de producción del sentido de un sujeto frente a su entorno. Aun cuando no haya mediación de palabra alguna, siempre se produce la semiosis imbuida en lo socio-cultural, en la disputa por el control de la orientación del sentido.</p>
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		<title>EL LENGUAJE ARTIFICIAL DE LA ACADEMIA</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Oct 2008 16:15:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Enrique Perez Orozco</dc:creator>
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		<description><![CDATA[CONFUNDE Y REINARÁS La retórica del discurso académico tiene sus contradicciones. Si, por una parte pretende que lo que enuncia sea claro, comprensible para cualquier lector adulto, racional y competente, por otro lado, construye sus textos usando un lenguaje artificial, cuyos significados y sentidos solamente pueden ser comprendidos por quienes se hayan iniciado en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3> <a href="http://kilkay.blogspot.com/2008/02/el-lenguaje-artificial-de-la-academia.html"><br />
</a></h3>
<p><a href="http://bp3.blogger.com/_Sw0sY3erklM/R6cyzyrXbNI/AAAAAAAAACI/bVQzC67V0Nk/s1600-h/Brueghel-tower-of-babel.jpg"><img src="http://bp3.blogger.com/_Sw0sY3erklM/R6cyzyrXbNI/AAAAAAAAACI/bVQzC67V0Nk/s320/Brueghel-tower-of-babel.jpg" border="0" /></a><br />
CONFUNDE Y REINARÁS</p>
<p>La retórica del discurso académico tiene sus contradicciones. Si, por una parte pretende que lo que enuncia sea claro, comprensible para cualquier lector adulto, racional y competente, por otro lado, construye sus textos usando un lenguaje artificial, cuyos significados y sentidos solamente pueden ser comprendidos por quienes se hayan iniciado en el mundo académico. Es decir, hay que pertenecer a una comunidad de hablantes que se excluye de las mayorías para ser competente en esa retórica al tiempo que se priva  a los no iniciados de la posibilidad de comprender lo que los académicos dicen. La precisión de aquello a lo que se refieren los vocablos usados en este lenguaje, se logra dando a cada signo un único referente (un objeto o fenómeno debería ser nombrable en este lenguaje con un sólo e inequívoco signo). Ello parece estar en función de evitar los malos entendidos, de erradicar la posibilidad de que una misma expresión cree en la mente del lector una referencia diferente a la que el escritor quiera remitirlo. En otras palabras, pretende que haya una comunidad de usos homogéneos del lenguaje. Pero esta homogeneidad se da a costa de privarse del tipo de uso polisémico que el lenguaje tiene en la comunicación ordinaria; los usuarios del lenguaje académico juzgan los dobles sentidos como un problema para la comprensibilidad de sus discursos y no como una ventaja. Cuando cotidianamente usamos la metáfora, el doble sentido, el humor, o un sentido impreciso, con ello cargamos de sentidos nuestras comunicaciones. Al dejar nuestros enunciados abiertos a la interpretación, vinculamos al interlocutor, activa y concientemente, a la producción del sentido de la comunicación en curso; la polisemia le imprime valor estético al lenguaje, y ello, muchas veces, lo hace aceptable por el auditorio, la valoración del ingenio literario se transfiere al contenido de las expresiones y se gana adhesión al mismo. Los oradores lo saben muy bien. En cambio, los exclusivos usuarios  del lenguaje académico, creyendo ser más elevados que  los poetas al liberarse del pantano engañoso de las evocaciones, pretenden que su lenguaje sea un simple código biyectivo de correspondencias (para cada X un único Y; para cada signo un único referente y un sólo sentido) lo cual, a todas luces, es renunciar a la naturaleza dinámica, y siempre abierta, de la producción social del sentido. Para la muestra, un botón de un colega antropólogo:<br />
“la teoría poscolonial es una intervención que, mediante la historización del locus de enunciación, desestabiliza esa estrategia de otrerización, implosionando la dicotomía de la alteridad propia del pensamiento metafísico colonial” (Restrepo 2004, 25)*<br />
Si estos textos  se escriben para ayudarnos a entender mejor los fenómenos, pero es imprescindible, primero, comprender las convenciones del lenguaje académico para hacernos una idea clara de los estados de cosas en el mundo que éste expresa, estamos ante una forma de significar contradictoria, pues, en realidad, nos distancia de la comprensión de los hechos;  estamos ante una escritura  que obliga a tener por objeto de comprensión el texto mismo, no sus referentes.</p>
<p>&#8212;</p>
<p>*RESTREPO Eduardo, 2004, &#8220;<em>Teorías contemporáneas de la etnicidad; Stuart Hall y Michel Foucault</em>&#8220;, Editorial Universidad del Cauca, Popayán</p>
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