Vale la pena leer la entrevista que hoy le hicieron a Petro en El Tiempo, titulada “Agredir al presidente Álvaro Uribe es agredir a Colombia“. Vale la pena hacerlo, sobre todo, con Max Weber en la otra mano. Hago referencia, específicamente, a “El político y el científico” y más concretamente a la parte sobre la ética de la responsabilidad y la ética de convicción.
Definiciones:
- Ética de la convicción (Gesinnungsethik): únicamente animada por la obligación moral y la intransigencia al servicio de los propios principios.
- Ética de la responsabilidad (Verantwortungsethik): valora el resultado de sus actos confrontándolo con los medios utilizados para alcanzar el fin y las diversas opciones o posibilidades de frente a una determinada coyuntura. Es la expresión de la racionalidad instrumental.
Partiendo de este punto, muy esquemáticamente, se puede decir que responsabilidad y convicción son los polos opuestos de un continium en el que se mueve la acción política. La particularidad de esto es que ambas son necesarias para actuar pero se repelen mutuamente. Un político sin convicciones no es más que un oportunista y un manipulador, pero uno que proceda solo por ellas es un personaje irresponsable que actúa a través de una actitud evangélica de doctrinarismo dogmático, independientemente de su signo político.
Como la mayor parte de los planteos teóricos de Weber, esos extremos son tipos ideales y la virtud del “hombre de acción” es encontrar un equilibrio entre ambos (cabe remarcar que para el pensador alemán en ese equilibrio debía predominar la responsabilidad por sobre la convicción). Dentro de ese contexto, sería un error fatal de la acción política plantearse exclusivamente la “racionalidad de los valores” prescindiendo de lo fundamental, es decir, las herramientas que han de conducir a la realización de los mismos.
Existe una premisa que muestra que la cercanía al poder tiende a aumentar la responsabilidad (aunque últimamente los líderes sudamericanos se esfuercen por demostrarnos lo contrario), este “nuevo” Petro en campaña electoral es un ejemplo de ello. Su aspiración presidencial no le permitía seguir jugando sus cartas como un político de “nicho”, estrategia rentable para llegar a la Cámara o el Senado pero no para ir más allá.
Sin embargo ¿No es demasiado grande el riesgo que implica ese cambio de estrategia? Depende. Efectivamente podría perder su nicho y no ganar la cuota de electorado que lo dejaría en condiciones de aspirar a la presidencia (sobre todo en un escenario donde las posibilidades de de alcanzarla que poseen los candidatos provenientes de las izquierdas son bastante remotas). Entonces ¿Vale la pena correrlo? La respuesta proviene del atletismo, si Petro es un velocista que solo piensa en el corto plazo es muy probable que se materialice la pesadilla de la pérdida del nicho sin ganancias ulteriores, si es un fondista con vocación de poder, que piensa en elecciones posteriores y en la presidencia, creo que la estrategia es la adecuada, más allá de los costos que se vea obligado a pagar.
Y vos ¿qué pensás?
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