Colombia-Venezuela, detrás de las palabras
Durante lo que va de esta semana se ha gastado mucha tinta alrededor de la crisis bilateral (“bipresidencial” –inventando palabras- pues no parece involucrar muchos más actores) entre Colombia y Venezuela. Pero ¿es nueva esta crisis? Desde mi punto de vista no, es simplemente una manifestación coyuntural (hoy movilizada por el intercambio humanitario) de una crisis estructural. Es decir es un nuevo capítulo de una permanente pero cíclica, que explota con cierta periodicidad en algunos casos específicos, ayer Granda, hoy el intercambio, mañana…
En estas líneas no me voy a ocupar de los acontecimiento recientes, que rompieron cualquier espacio de racionalidad, sobre todo diplomática, sino del problema que reside detrás de los micrófonos: la debilidad institucional no solo al interior cada uno de sistemas los políticos mencionados sino, además, de la relación bilateral.
Antes que nada, me interesa dar una definición, minimalista pero útil, de que son las instituciones: “patrón regularizado de interacción que es conocido, practicado y aceptado por actores que tienen la expectativa de seguir interactuando bajo reglas sancionadas y sometidas por ese patrón” (O’Donnell, 1997). En este contexto las instituciones son tales sólo si son aceptadas por los actores sociales, si esto no ocurre son simplemente “letra muerta”.
Pero ¿Por qué son importantes las instituciones? Por la certidumbre que genera un orden basado en reglas frente a: expectativas inciertas, preferencias variables y ambiguas, identidades confusas e inestables, recursos escasos y distribuidos de manera desigual e intereses múltiples y contrastantes (Lanzara, 1999).
Todo sistema político tiene instituciones, incluso la arena internacional (a pesar de ser un sistema anárquico por la inexistencia de un Laviatán). Muchas de las reglas de juego de este sistema no están escritas en ninguna parte, sin embargo, son razonablemente respetadas. La diplomacia tiene instituciones propias, habitualmente desconocidas por la mayor parte de la gente, y romperlas implica un alto costo pues aumenta la incertidumbre. Reconstruirlas es también muy dispendioso ya que a los costos de la eventual restauración hay que sumarle los costos hundidos del pasado.
Volviendo al caso de Colombia y Venezuela, en ambos países nos encontramos Jefes de Estado con una fuerte tendencia a la desinstitucionalización (propia de la figura de outsiders que ambos representan) que se manifiesta, entre otras cosas, en tentativas de abuso del poder presidencial y un incesante intento por reforzarlo (que convive con permanentes intentos por debilitar a los poderes moderadores como el Congreso, las cortes, etc.). Además, los dos mandatarios cuentan con un discurso combativo y polarizante, “antiterrorista” en el caso de Uribe, “antiliberal” en la caso de Chávez.
Pero la desinstitucionalización no se limita al plano doméstico, también se manifiesta con fuerza en la relación bilateral. Los dos gobiernos han destruido por completo la racionalidad de la diplomacia. Ambos presidentes evadieron cualquier tipo de canal formal, desarrollando un espectáculo televisivo y llevando la crisis al extremo. El personalismo se hizo más evidente que nunca, mostrando irrebatiblemente la capacidad (y probablemente el gusto) de Chávez y Uribe de devastar la institucionalidad. Esto generó un enfriamiento de la relación entre los dos personajes e implicó un fuerte alejamiento de tipo gubernamental que implica un potencial peligro para dos mercados con un importante nivel de interdependencia.
La pregunta que surge frente a esto es ¿Qué pasará en el futuro? Dado que para realizar predicciones los politólogos somos menos efectivos que los astrólogos, les dejo esta parte a ellos. Sin embargo, si me atrevo a decir que reconstruir las instituciones de la diplomacia “tradicional” será extraordinariamente difícil. No obstante ello, es la única alternativa con que ambos países cuentan para construir una relación seria y estable, y no una amarrada a la cólera y los arrebatos de presidentes con un excesivo afán de protagonismo.
los dos actores mas importantes en esta crisis binacional fueron sin duda los presidentes de ambas republicas, Colombia y Venezuela, que apesar de su “alto” nivel educativo ninguno pudo mantener siquiera la cortesia al referirse uno al otro, sin embargo detras de estos “shows” esta el desprestigio publico de cada uno de los gobiernos, al presidente Uribe, por ejemplo, siendo segun el “el mayor” aliado de USA en la region, no seria muy bien aceptado por sus “amigos” que el principal enemigo de USA: Chaves mediara en un proceso que en mas de 40 años ningun gobierno hubiese logrado los resultados que hoy arroja este proceso, la liberacion de algunos de los 750 secuestrados: Clara Rojas y Consuelo Gonsalez.
Apesar de las grandes diferencias entre los gobiernos de Colombia y Venezuela las relaciones han estado relativamente bien, el comercio es grande entre los dos paises y es imposible pensar que en medio de tan grandes diferencias no ocurran este tipo de comflictos.
Es cierto ambos presidentes tienden a desinstitucionar las entidades estatales y gubernamentales y a revisar formas para mantenerse en el poder, sin embargo desde mi punto de vista preferiria un “dictador” Chaves a uno Uribe.