Ni siquiera el diablo lo comprende
Iowa, New Hampshire, van dos, quedan muchos más. El proceso de nominación presidencial de los dos grandes partidos de Estados Unidos está abierto y se desarrollará a lo largo de los próximos meses. Sin embargo, es probable que el 5 de febrero se conozca, por lo menos, uno de los candidatos. El próximo martes 24 estados (el “equivalente” a lo que en Colombia conocemos como departamentos) realizarán sus elecciones y, dada la cantidad de delegados en juego en cada uno, será complicado modificar las tendencias que se establezcan.
Pero en este caso no me importa tanto el resultado, sino el procedimiento de designación de candidatos. Procedimiento que implica un largo, desgastante y minucioso proceso de elección indirecta de los candidatos. ¿Cuáles son los pasos a seguir?
1. Realización de las elecciones primarias y caucus.
2. Realización de la Convención
Los electores de un partido (en las primarias) o los militantes de los mismos (en los caucus) elegirán en cada estado los delegados que participarán en la Convención. El método para elegirlo no es único sino que depende de cada estado y partido, y experimenta grandes variaciones. Por una cuestión de orden y espacio se hará referencia solo a las dos elecciones celebradas con anterioridad que nos mostrarán la fuerte heterogeneidad de los procedimientos.
Caso N°1 demócratas en Iowa.
Se realizan 1.993 caucus (suerte de asamblea, en muchos casos bastante rudimentaria), tantos como distritos electorales hay en el estado, de donde saldrán 13.490 delegados locales que, a su vez, elegirán a 45 representantes que posteriormente formarán parte de la Convención.
¿Quienes participan en ellos? Todos aquellos personajes que tienen la suficiente fe en la democracia como para movilizarse de su casa una noche de invierno con las gélidas temperaturas del invierno de Iowa (las discusiones de cada uno de los caucus se realizan de noche para que durante el día siguiente los delegados de cada circunscripción elijan a los delegados del Estado). ¿Se entiende? Si la respuesta es ¡no!, no lo culpo.
Caso N°2 republicanos en New Hampshire.
La primaria distribuirá 22 puestos para delegados que se repartirán proporcionalmente (con un pequeño premio a la mayoría) entre todos aquellos que superen el umbral del 10% de los votos.
Un umbral del 10% descarta a todos los candidatos de baja votación, premiando a las minorías más grandes. Un poco más fácil de entender que el anterior.
Una vez elegidos los delegados en cada estado se procede a la realización de ambas convenciones (demócrata y republicana) que elegirán los candidatos de cada partido a la presidencia y vicepresidencia (el ticket como lo llaman los americanos). En la Convención se presentan los delegados de cada estado que deben respetar el mandato imperativo, es decir, votar por el candidato al que apoyaron en el momento de la primaria o el caucus, cosa que implica que el resultado de Convención se conoce de antemano.
Muchos críticos han calificado al sistema de anacrónico, incluso de insensato. Yo también lo veo así, sobre todo si lo comparamos con las consultas internas de los partidos locales que son mucho más simples y prácticas (elecciones realizadas un solo día, voto directo, circunscripciones, únicas, etc.). Sin embargo, reconozcamos (sobre todo politólogos) que este sistema nos desafía, ya que es mucho más complejo para entender (eso lo hace más interesante) pues son muchas más las variables que hay que tener en cuenta.
Si todos los sistemas electorales fueran como estos los politólogos seríamos más prósperos, aunque, en realidad, entre Chávez, Uribe y compañía tenemos bastante de que hablar.
Pues los franceses tienen un lema: “por qué hacerlo fácil, si lo podemos hacer difícil”. El asunto está en que es sencillo o difícil, si la gente entiende lo suficiente para actuar en el sistema, si se siente cómoda con él y si tiene una ignorancia ilustrada tal que la participación alta sea posible, tal como pasó en New Hampshire. Sencillo o fácil no es un dato de la realidad, son tus prejuicios pragmatistas, che!!
Acaso el hecho de que sea complejo no lo convierte en un sistema menos “poroso”?… (si me equivoco hagamelo saber por favor. Será que es demasiado complejo, o somos nosotros muy facilistas? huhmmm
Lenin Evaristo: Evidentemente lo de la “comodidad” con el sistema es lo fundamental porque la aceptación (manifestada por lo menos en el desinterés por cambiarlo) es lo que le da legitimidad. Ahí estamos de acuerdo.
Respecto del caso de New Hampshire es justamente el sistema más simple, lo único que se le pone es un umbral (10%), a los que considero “primitivos” es a los cuacus que terminan transformando la elección en algo muy indirecto bajo el argumento de la participación directa en esta especie de “asamblea”.
Está bien que habría que analizar otras variables, ahora tengo no a mano datos suficientes, pero jugando un poco a especular, creo que un motivo de la alta participación en New Hampshire se debe a que se entiende más que es lo que están votando.
Ale: ¿a qué te referís con “menos poroso”?
Intento decir algo asi como dificil de filtrar, de pasar, de escabullirse en el, lo cual, se pensaria, evita la llegada de candidatos indeseables o no “aptos” al cargo. Si me equivoco me corrigen.
Ale, el problema con los candidatos indeseables es una cuestión subjetiva. Probablemente hoy la mayor parte de los habitantes del planeta califique a Bush así (independientemente que lo sea o no) y no solo pasó los filtros de las primarias, sino que además ganó las generales ¡dos veces!
Sí creo que el criterio para que el sistema funcione de esa manera se basa en evitar la “tiranía de las mayorías” (se parte de la lógica misma del federalismo “la representación territorial como freno de impulso popular”).
Sobre el tema de un personaje indeseable es una de las la tensiones más fuerte con la que convive la democracia. La gran virtud de ésta es que cualquiera, incluso un indeseable, puede llegar a gobernar, el desafío está en que se previamente se construyan instituciones tales que un sistema político pueda funcionar bien aun gobernado por un incompetente.