Gina en el país de las maravillas (la atomización partidaria no es un cuento de hadas)
Cansado del gobierno, Venezuela y las FARC, desde hace varios días estaba pensando en escribir sobre alguna otra cosa. Sin embargo, la intensa coyuntura de las últimas semanas me devolvía siempre al mismo tema. Hasta que por casualidad un estudiante me salvó al pasarme “El umbral del dolor”, artículo escrito por la senadora Gina Parody difundido en varios medios de comunicación. En él hace fuertes críticas al proyecto de reforma política que circula hoy en el Congreso que, entre paréntesis, leyó bastante mal. Que mejor, para mí, que discutir sobre cuestiones instituciones, probablemente el terreno donde me encuentro más cómodo y donde me siento más libre de criticar las interpretaciones de terceros.
Justamente en las próximas líneas me concentraré en señalar lo que considero son los puntos más débiles de la columna frente a los cuales contrapondré mi posición.
1. Parody hace referencia de forma crítica al proyecto de reforma política diciendo que: “[…] se plantean reformas políticas «para fortalecer los partidos y la democracia», como si esto fuera una receta de unos cuántos artículos que tiene efectos mágicos sobre cómo las personas se ven representadas.”
Como fiel exponente de una lógica personalista la senadora desprecia y subestima las instituciones. Lo que ella llama “fórmulas mágicas” es un esfuerzo de ingeniería institucional que si bien está lejos de ser infalible puede tener grandes efectos sobre los procesos sociales. Respeto su escepticismo respecto de las instituciones pero claramente no lo comparto.
Citando a Sartori quien toma como referencia a Bentham podemos decir que las dos maquinarias de la realidad son el castigo y la recompensa. Estos se materializan en instituciones, entendidas como reglas del juego, que se constituyen en incentivos positivos y/o negativos que condicionarán el modo de actuar. Si bien las reglas de juego no determinarán el comportamiento de los actores los inducirán a actuar de alguna manera específica.
Partiendo de esta premisa está claro que no alcanza el establecimiento de un conjunto de normas para garantizar la coherencia de los partidos, sin embargo, con las reglas de juego como las previas a la reforma de 2003, que inducen a la fragmentación y la atomización, estamos mucho más lejos de tener partidos coherentes, recordemos la lógica de las microempresas electorales.
Justamente esta atomización que se vivió en los años noventa generó un “coctel” peor que el que ella denuncia la mencionar que “En las últimas elecciones locales, los partidos políticos hicieron tal sancocho en todo el país, que eran notorios los acuerdos burocráticos y no programáticos”.
2. Haciendo referencia al actual umbral del 2% plantea que: “[…] los políticos se agruparan para poder sumar la cantidad necesaria de votos, y obtener el mayor número de curules posible. Así que la «reunión» se dio por conveniencia, pero no por la conciencia de las ideas.”
Coincido los partidos se unieron por la necesidad de superar el umbral y no necesariamente por coincidencias. Pero no creo que este sea un argumento lo suficientemente consistente como para criticarlo. Está claro, el umbral per se no va a generar coherencia interna y cohesión en los partidos pero, por lo menos, los obliga a agruparse que es el primer paso necesario para lograrlas; sino se ofrece una zanahoria difícilmente se irá en esa dirección. En relación con esto el gran problema que persiste, como desarrollaré en el próximo post, es la existencia paralela del voto preferente que licua cualquier intento de cohesionar a través del aumento de los umbrales. Es la misma competencia intrapartidaria la que contrarresta el efecto que el umbral puede tener.
Otra vez los instrumentos que Parody desprecia vuelven a incidir sobre la política.
3. Critica el intento por disminuir el número de partidos argumentando que: “Sin tener en cuenta los perjuicios que ha traído está fórmula, nuestros «politólogos» le llaman el fortalecimiento de los partidos. Porque de 78 pasamos a 10 partidos en el caso del Senado.”
Vuelvo a reafirmar lo planteado hace unas cuantas semanas cuando hacía referencia al número de partidos en el caso de Cali. Más partidos no significa más representación, de hecho una alta fragmentación del sistema de partido implica un representación de baja calidad pues dificulta el ejercicio del control político tanto de manera vertical como horizontal. Los noventa fueron el más claro ejemplo de esto, dado que surgió una cantidad extraordinaria de partidos (la mayoría de ellos de garaje) que no eran más que desprendimientos de los partidos tradicionales que aprovechaban esa estrategia para maximizar sus beneficios en un escenario de caos institucional.
Para finalizar, aclaro que no soy partidario de la reforma como está planteada, pero por los motivos opuestos a los manifestados por Parody. El proyecto no solo no me parece demasiado restrictivo, sino demasiado blando. La explicación de mi posición el próximo post.
Pablo pero no se, un argumento a favor de la senadora es que ella esta viviendo a diario a los lagartos de esos partidos políticos. Y por ejemplo uno movimientos buenos – en mi juicio de valor- como los Peñalosa – por el país que soñamos- y el del profe Antanas- visionarios - no alcanzaron llegar al congreso, justamente por las dinámicas que esta denunciando Gina, y si llega uno como “Colombia viva” que tiene a todos sus senadores en la cárcel por la para política.
Hassan
Hassan, estoy de acuerdo en parte, pero convengamos que si Peñaloza y Mockus se juntaban aumentaban sus posibilidades de superar el umbral. No lo pensemos solamente con una lógica aritmética de sumar votos sino en como podía potenciarse un partido con personajes de la talla de ellos, Kalmanovitz, etc.
Justamente, en ambos casos cometieron el error de pensar que solo con sus nombres alcanzaba para arrastrar una cantidad suficiente de votos para entrar (no está mal la apuesta, pero les falló). Desde mi punto de vista, ambos privilegiaron un proyecto personal a tratar de hacer el esfuerzo por compatibilizar ideas que en muchos casos eran muy cercanas y tenían un extraordinario potencial. Ahí cobra sentido el umbral que debería significar un incentivo para la cohesión en el futuro.
El gran drama, en ese sentido, es que una fuerza política estructurada alrededor de una persona está condenada a ser efímera sino se hace un esfuerzo por institucionalizarla.
También coincido con vos que entre cualquiera de ellos dos y “Colombia Viva” hay una distancia abismal (incluso, la hay con la mayor parte de los partidos que no tienen a sus senadores en la cárcel), sin embargo, creo que ambos desaprovecharon su atractivo personal que hubiese sido un activo interesantísimo para construir una nueva generación de partidos políticos. Ahora quien recibe la posta en ese sentido es Fajardo… veremos que pasa con él…