Imagínese a Jennifer Astudillo a los 15 años en una perfecta actitud de colegiala obediente, vestida con una larga jardinera a cuadros vinotinto en el colegio Santa María Stella Maris, institución de Religiosas Franciscanas. Ahora, imagínesela a los 30 años, de cabello corto – castaño medio, tenis converse, chaqueta y pantalón negro, hablando con un tono contundente y sentada en una oficina de la Corte Constitucional ocupando el cargo más alto para su edad en la Corte: profesional especializada grado treinta y tres. Allí es donde trabaja esta egresada del Programa de Derecho de la Universidad Icesi. Jennifer, quien empezó hace siete años como abogada ad honorem, es decir trabajando gratis para el Estado, es hoy un referente de orgullo en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.

Hablamos con ella y nos contó, además de su trayectoria en la Corte, lo mucho que extraña a su familia, a sus mascotas y a Cali.

Jennifer, la Corte Constitucional es el lugar soñado para el abogado que esté interesado en trabajar para el Estado ¿Cómo llegó allí?

En quinto semestre veía una clase con el profesor Aquiles Arrieta, él trabajaba como abogado sustanciador en la Corte Suprema de Justicia de Colombia. Era una de sus alumnas más aplicadas y compartíamos una visión muy parecida del Derecho, le pedí que me ayudara a entrar a la Corte y tiempo después me recomendó como practicante.

Inicialmente, empecé revisando expedientes, trabajaba para la magistrada María Victoria Calle Correa. En ese tiempo de práctica, se inició el referendo para votar por la segunda reelección de Álvaro Uribe, fue una época bonita y dura para mí, porque la Magistrada me dio un voto de fe y puso a mi cargo el análisis y la revisión de toda la información que llegaba de los ponentes del referendo, tanto de los que estaban a favor como en contra. El resultado de ese trabajo fue un fallo muy crítico de esa situación, el cual le gustó a mi jefe. Así que, apenas hubo la primera vacante, me nombró auxiliar judicial, y así empecé.

¿Se podría decir que usted se hizo camino en lo que muchos llamamos el “Olimpo Constitucional”?

(Risas…) sí. Hace siete años trabajo aquí y he ocupado todos los cargos desde Auxiliar Judicial, luego Profesional Universitario Grado Veintiuno, pasé por Abogada Sustanciadora, y finalmente Profesional Especializada Grado Treinta y Tres. Este último es un cargo de mucha responsabilidad y exigencia, sustanciamos casos, hago apoyo en investigaciones, conceptos, consultas, pero también, hago labor administrativa y capacitaciones, todo lo que la magistrada requiera para presentar los proyectos.

La mayor parte del trabajo de esta dependencia son las tutelas, donde la gente demanda porque las otras entidades no cumplen con sus obligaciones. Por ejemplo, las tutelas por falta de acceso a la salud o negativas a medicamentos que el POS no incluyen, a la educación, a una pensión, discriminación a comunidades LGTBI, desplazados, comunidades afro, etc. Mi trabajo y el de mis compañeros es acercar a las personas al Estado, y que este les ayude a la satisfacción plena de sus necesidades.

Su jefe le dio un voto de confianza, y ¿usted qué le devolvió?

La Dra. María Victoria tiene de mí una postura crítica, honesta y valiente, ella sabe que no le hago juego al poder, que cada vez que me da una orden, la cumplo, pero no sin antes analizarla.

En este espacio he mantenido en alto mi idea de justicia, es decir el sentido de la retribución colectiva e individual. María Victoria y mis demás compañeros saben que cuentan con una abogada y persona íntegra.

Y en estos ocho años ¿qué aprendizaje le ha dejado la Corte?

Trabajar aquí me ha convertido en una persona muy sensible a la gente, a sus necesidades. Mis expectativas de vida han cambiado, fíjese, entiendo que millones de colombianos tienen que luchar por sus derechos cuando deberían ser otorgados sin tropiezos. La Corte Constitucional tiene el poder de ayudar a esos ciudadanos, y eso no lo hace ninguna otra entidad del Estado. Entre otras cosas, la Corte decide sobre las demandas de inconstitucionalidad que presentan los ciudadanos contra las leyes, tanto por su contenido material como por vicios de procedimiento en su formación, y sobre las demandas de inconstitucionalidad que presenten los ciudadanos contra los decretos con fuerza de ley dictados por el Gobierno con fundamento.

A propósito de la premisa “al buen estudiante, buen profesional” cómo la formó Icesi?

La universidad me dio la capacidad de argumentar jurídicamente, se lo explico: a los estudiantes de Derecho de otras Facultades les enseñan a interesarse sobre la norma positiva. A nosotros, nos enseñan a identificar y analizar al intérprete de la norma, o sea, al juez, quien a su vez necesita de todas las herramientas para ejercer mejor el Derecho. Icesi me dio todas las herramientas para ejercer muy bien la función pública, además, nosotros los abogados de Icesi tenemos una buena formación en teoría del Derecho, filosofía del Derecho, en filosofía política, estas materias nos permiten ver los problemas tradicionales del Estado desde otra óptica. Tenemos una mejor estructura para presentar los argumentos, no nos apresuramos para responder, pensamos, nos tomamos el tiempo.

Y de esa buena formación, ¿qué profesores ‘tuvieron la culpa’?

(Risas…) Creo que todos, cada profesor hizo su aporte a través de sus conocimientos, recuerdo por supuesto al profesor Aquiles Arrieta gracias a él entré a la Corte; al profesor Enrique Rodríguez Caporalli, me encantaba la clase de sociología jurídica que me daba, y en general a todos los profesores que me entregaron mucho de su conocimiento.

¿Qué extraña de la Universidad?

Extraño el Samán, era el lugar para sentarse a hablar, para compartir con los amigos de otras carreras diferentes a la mía. Hablamos de muchos temas, porque éramos estudiantes con muchas inquietudes.

Y de Cali, ¿qué le hace falta?

Si, extraño muchas cosas de Cali, lo pequeña que es la cuidad, la gente, mi familia, mis perros, y las tardes en que salía a caminar, la piscina. Cali es una ciudad que uno no olvida fácilmente.

Jennifer, y para los estudiantes y egresados que vienen atrás de usted, ¿cuál es su consejo?

Hay que ser responsable con las oportunidades que se reciben. Esto quiere decir que, si ya tienen la oportunidad de estar en la Universidad, o en una empresa pública o privada, entonces hay que aprovechar cada clase, cada espacio de discusión, cada reto, cada tarea asignada y hacerlo con la mayor dedicación y profesionalismo posibles
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