{"id":813,"date":"2018-12-04T15:10:24","date_gmt":"2018-12-04T20:10:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/cultura\/?p=813"},"modified":"2018-12-04T15:10:40","modified_gmt":"2018-12-04T20:10:40","slug":"primer-dia-del-eneaa-2018","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/cultura\/2018\/12\/04\/primer-dia-del-eneaa-2018\/","title":{"rendered":"Primer d\u00eda del ENEAA 2018"},"content":{"rendered":"<p>Una vez listos, salimos hacia el lugar donde procederemos a hacer nuestra inscripci\u00f3n al evento. La calle ya se encuentra con mayor actividad, el sol se posa fuertemente sobre nuestros cuerpos y la humedad reina en el ambiente. La brisa, otras veces tan caracter\u00edsticas de esta ciudad, esta vez brilla por su ausencia. Caminamos tres cuadras antes de llegar a un lugar conocido como \u201cEl Claustro\u201d, una de las tres casas coloniales m\u00e1s antiguas de la ciudad. Con pasillos frescos y amplios, balcones con barandillas de Roble, imponentes arcos semicirculares sostenidos de grandes columnas que enmarcan el centro del recinto donde un frondoso \u00e1rbol le regala su sombra al lugar. Este edificio configura el Museo del Arte de la Universidad del Magdalena, la Instituci\u00f3n que est\u00e1 presidiendo el encuentro este a\u00f1o. Es aqu\u00ed donde se dar\u00e1 mi primera interacci\u00f3n con estudiantes de Antropolog\u00eda de otras universidades. Estoy rodeada de gente joven, muy joven; miro a mi alrededor y los adultos parecieran haberse escondido en sus madrigueras. Percibo algunas miradas curiosas sobre m\u00ed que me llevan inevitablemente a sentir que no soy del todo bienvenida en ese lugar; puede ser una percepci\u00f3n subjetiva, nada m\u00e1s, pero no por eso deja de sentirse como algo real. Mi presencia sigue siendo extra\u00f1a y comienzo a sentirme tan a\u00f1eja como las gruesas paredes de aquel recinto.<\/p>\n<p>Cuando termino de dar mis datos para la inscripci\u00f3n, uno de los organizadores me entrega una peque\u00f1a bolsa que contiene un poster, un cronograma y una vistosa libreta cuya portada tiene el dibujo en blanco y negro\u2026 y rojo, de tres mujeres can\u00edbales c\u00f3mo imagen principal. Sonr\u00edo al pensar en Elvia, la nana de mis hijos, quien es una devota cristiana y no sabe leer, pero \u00bfQu\u00e9 lectura har\u00eda ella de esta imagen? \u00bfQu\u00e9 se le pasar\u00e1 por la cabeza cuando se tope con este peque\u00f1o cuadernillo entre mi desorden? \u00bfQu\u00e9 pensar\u00eda ella si yo decidiera colgar el poster? No puedo evitar sentir que su formaci\u00f3n profundamente religiosa podr\u00eda darme respuestas bastante interesantes al respecto.<\/p>\n<p>Una vez terminamos el tr\u00e1mite, me uno a un grupo de chicas que se encuentran buscando un lugar para encargar los almuerzos de aquel d\u00eda, pues la tarea de cocinar decidimos abordarla a partir del d\u00eda siguiente. Caminamos por varias cuadras del Centro hist\u00f3rico y encontramos un peque\u00f1o restaurante donde encargaremos veinti\u00fan platos para el medio d\u00eda. Luego, haciendo algo de tiempo, nos dirigimos hacia la Bah\u00eda de Santa Marta que se encuentra bastante cerca del lugar. All\u00ed, algunos vendedores se nos acercan para ofrecernos pulseras, collares, gafas, refrescos y helados. Uno de los comerciantes, de origen venezolano, se acerca directamente a m\u00ed y me pregunta si soy la profesora del grupo de \u201cchamas\u201d que me acompa\u00f1a. Con mi mejor sonrisa le respondo que no, que yo tambi\u00e9n soy estudiante y con un gesto cordial rechazo las pulseritas de coral que insistentemente, me est\u00e1 mostrando. Nuevamente me siento un elemento a parte del grupo, no termino de encajar. Trato de disipar esta inc\u00f3moda sensaci\u00f3n mirando por en\u00e9sima vez el lugar que me rodea. No es la primera vez que vengo a Santa Marta. El ambiente c\u00e1lido y costero de esta hermosa ciudad, vivido ahora como estudiante de Antropolog\u00eda, comienza a tomar otro significado: me encuentro atenta a observarlo todo, a ser consciente de cada minucia, racionalizo cada sensaci\u00f3n con cuidado\u2026 no llevo cuatro horas de haber llegado y ya me siento exhausta. Comienzo a ver la ciudad de manera diferente, pero no estoy muy segura de estarlo disfrutando\u2026<\/p>\n<p>Llegado el medio d\u00eda, nos dirigimos nuevamente al peque\u00f1o restaurante donde encargamos los almuerzos. Por un momento, pareciera que haber despejado el hambre hubiera a su vez disipado la inc\u00f3moda sensaci\u00f3n que cargaba desde la llegada al hostal. Los estudiantes comienzan a llegar por grupos y el estrecho antro se llena. Mi mesa est\u00e1 conformada por seis hermosas ni\u00f1as con las que entablo una animada conversaci\u00f3n variopinta. Hablar con mis compa\u00f1eros de Antropolog\u00eda me resulta sorprendentemente f\u00e1cil; desde mi primera interacci\u00f3n con ellos, en Cali, me he sentido muy bien recibida en un grupo que me asombra por su unidad. Estoy yo, que soy de primero y podr\u00eda seguir enumer\u00e1ndolos, uno por uno, sin lograr distinguir entre ellos, en que semestre de su carrera se encuentran. Aqu\u00ed el grado que est\u00e9s cursando, se desdibuja en una interacci\u00f3n afable y cercana entre todos los integrantes icesistas de Antropolog\u00eda, algo que no hab\u00eda experimentado previamente en mi formaci\u00f3n acad\u00e9mica.<\/p>\n<p>Cuando terminamos la hora del almuerzo, me dirijo de nuevo hacia el hostal. Quiero descansar un rato, pues desde nuestra llegada no hemos parado. All\u00ed, me encuentro con mis compa\u00f1eros de cuarto, los cuales hab\u00edan decidido almorzar en otro lugar. Una vez recobramos fuerzas, a una de las chicas le entran unas ganas irrefrenables de ba\u00f1arse en el mar. De nada sirven mis advertencias. Mis venidas previas a la ciudad me han hecho \u201ccomprender\u201d que la playa de la Bah\u00eda no es un sitio apto para ba\u00f1arse. Este litoral queda bastante cerca al puerto de una de las empresas carbon\u00edferas m\u00e1s importantes del pa\u00eds y esto se nota en la superficie tiznada del agua y en el aire cargado de un fino tufillo a Diesel. Esta parte de la costa samaria no es realmente tur\u00edstica, son los lugare\u00f1os, de estratos m\u00e1s humildes, los que se recrean en estas aguas. Lo s\u00e9, pues parte de la familia de mi esposo vive aqu\u00ed y los problemas de contaminaci\u00f3n que existen alrededor de este sitio hermoso de Santa Marta son un tema de conversaci\u00f3n recurrente. Derrotada en mis esfuerzos, mis compa\u00f1eros entran al mar. Parecen ni\u00f1os peque\u00f1os divirti\u00e9ndose por primera vez en el oc\u00e9ano. Una gran sonrisa surca sus rostros. Juegan, chapalean, se toman fotos; parecieran amigos de toda la vida. Se que algunos no lo son, nuevamente la congenialidad me sorprende. Decido contemplar el cuadro desde la playa. A mi lado se encuentra otra de mis compa\u00f1eras de habitaci\u00f3n, que ha decidido, por una peque\u00f1a herida que tiene en uno de sus pies, seguir mi consejo y mantenerse fuera del agua. No recuerdo haberla visto antes de que nos adjudicaran el cuarto, comenzamos a conocernos y la conversaci\u00f3n va fluyendo naturalmente. Como la mayor\u00eda de la gente, ella est\u00e1 interesada en saber por qu\u00e9 una m\u00e9dica decidi\u00f3 estudiar Antropolog\u00eda. No tengo todav\u00eda una clara raz\u00f3n para esto, lo \u00fanico que puedo responder, con absoluta sinceridad, es que frente al crisol de opciones la Antropolog\u00eda era la opci\u00f3n que m\u00e1s mov\u00eda mis entra\u00f1as, la que m\u00e1s excitaci\u00f3n me causaba. Un reto completamente nuevo, una posibilidad de cambiar y conocer nuevos universos, la necesidad de usar la cabeza para algo m\u00e1s que formulas y tecnicismos propios de las ciencias exactas o biol\u00f3gicas; una necesidad de intimar a\u00fan m\u00e1s con el ser humano, conocerlo, comprenderlo; algo que ya deber\u00eda haberme brindado la ciencia m\u00e9dica, pero que, parad\u00f3gicamente, me lo ha quitado\u2026 \u00a0Hablamos durante aproximadamente dos horas, la charla se fue direccionando hacia an\u00e9cdotas que yo consideraba de tipo \u201cantropol\u00f3gico\u201d dentro de mi pr\u00e1ctica m\u00e9dica; mi compa\u00f1era tambi\u00e9n se anim\u00f3 a contarme sus experiencias con la carrera y los esfuerzos que hace para terminarla, ya que ella es quien costea sus estudios. Veo que tiene un inter\u00e9s genuino por conocer c\u00f3mo se mueve la gente en la gran diversidad cultural que nos rodea. Ante todo, veo una mujer bastante sensible ante la naturaleza diversa, ca\u00f3tica e imperfecta del ser humano. Por la forma en que me interpela frente a los temas de salud que abordamos, veo que se identifica plena y profundamente con el papel de paciente. Esto es algo que he llegado a notar solamente en personas que han tenido que enfrentar al Sistema con experiencias verdaderamente particulares y retadoras en el \u00e1mbito cl\u00ednico; y aunque no hablemos sobre ello, veo que cuenta con ese sello inconfundible en su discurso.<\/p>\n<p>Antes de irnos, miro mis pies descalzos que han estado jugando, durante casi dos horas, despreocupadamente en la c\u00e1lida arena. El tiempo ha pasado volando y al finalizar la tarde me he encontrado con que tengo una nueva amiga, una con la que he disfrutado mucho el di\u00e1logo, con la cual no hay que forzar las palabras o, por el contrario, contenerlas. Esta facilidad para entablar relaciones, leg\u00edtimamente c\u00f3modas, es algo completamente nuevo para m\u00ed y no estoy muy segura de c\u00f3mo sentirme al respecto, la diferencia de edad con estas personas es algo que no puedo sacar de mi mente. Tengo bastante arena en mis piernas, as\u00ed que, sin pensarlo demasiado, remango mi vestido y sumerjo la mitad de mi cuerpo en las c\u00e1lidas aguas de la Bah\u00eda de Santa Marta. De repente, la playa ya no se ve tan sucia, el mar est\u00e1 menos oscuro y el agua se torna m\u00e1s cristalina de lo habitual; noto que no se siente el olor a combustible y la gente \u201cpopular\u201d ya no encaja de manera justa en este odioso calificativo. Mientras tanto, un oc\u00e9ano naranja crepuscular recibe las vivas y celebraciones que mis compa\u00f1eros hacen por haberme metido. Ahora es tiempo de alistarnos pues debemos dirigirnos a San Pedro Alejandrino, lugar donde se realizar\u00e1 la inauguraci\u00f3n del evento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>San Pedro Alejandrino<\/p>\n<p>Tomamos un taxi que nos llevar\u00e1 r\u00e1pidamente al otro extremo de la ciudad, donde se encuentra la Quinta de San Pedro Alejandrino. Esta imponente hacienda, que en principio perteneci\u00f3 a la iglesia cat\u00f3lica, data de los a\u00f1os 1600, cuyo nombre hace homenaje al sacerdote espa\u00f1ol Pedro Godoy. Notables familias de la hidalgu\u00eda espa\u00f1ola fueron propietarias de este lugar, pero lo que la hace realmente emblem\u00e1tica hoy en d\u00eda y lo que la convierte en el lugar hist\u00f3rico, tal vez, m\u00e1s preponderante de Santa Marta, es que aqu\u00ed nuestro Libertador se exiliar\u00eda para pasar sus \u00faltimos d\u00edas. La Quinta a\u00fan conserva la estrecha cama de madera, tendida con nada m\u00e1s que una bandera tricolor que funge de cubrelecho. All\u00ed, Sim\u00f3n Bol\u00edvar exhalar\u00eda su \u00faltimo y esforzado suspiro, v\u00edctima de una presunta tuberculosis que le impedir\u00eda llegar a su destino final: Cartagena de Indias.<\/p>\n<p>La Quinta es un sitio estrat\u00e9gico para el turismo hist\u00f3rico de la regi\u00f3n. La casa aun conserva muchos de los muebles y enseres que datan de aquella \u00e9poca independentista, y elegantes e imponentes esculturas de m\u00e1rmol recrean aquellos pr\u00f3ceres libertadores, los cuales se encuentran expuestos de tal manera que se debe levantar bastante la mirada para apreciarlos, casi en un inconsciente pero obligado gesto de veneraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La primera vez que vine, fue hace ya diez a\u00f1os, durante mi Luna de Miel. A\u00f1os m\u00e1s tarde volver\u00eda con toda la familia. Esta vez, que ser\u00eda la tercera, no hice ya el recorrido por la Hacienda, llegamos directamente al anfiteatro donde dar\u00eda lugar el evento de apertura. Eran aproximadamente 600 j\u00f3venes de diferentes partes del pa\u00eds. Nuevamente, pocos adultos se observaban en el lugar: algunos t\u00e9cnicos de video y sonido, otros profesores, personal de la Quinta; en general el panorama era homogenizado con estudiantes que no superaban los 24 a\u00f1os de edad. Me paseaba por el lugar mientras escuchaba algunas conversaciones que se entablaban esperando el inicio del acto: la mayor\u00eda hablaban de fiestas, lugares para ir a tomar una vez se terminara la inauguraci\u00f3n, la escapada al Rodadero, la \u201cpea\u201d de fulanito o sutanito tal o cual d\u00eda\u2026 yo solo pensaba en que era hora de llamar casa y averiguar c\u00f3mo mi prole hab\u00eda pasado sin su madre y sin su esposa este primer d\u00eda. No s\u00e9 porque, tal vez fue la cantidad abrumadora de estudiantes j\u00f3venes; o las conversaciones propias de personas que cronol\u00f3gicamente poco tienen que ver conmigo; tal vez fue el hecho de estar separada, por primera vez y por tanto tiempo, de mis hijos; pero nuevamente, y con m\u00e1s fuerza que en cualquier otro momento de esta jornada, me sent\u00ed profunda y desesperadamente fuera de lugar. En este instante, los miraba a todos como a unos ni\u00f1os y a m\u00ed como una completa irresponsable. En este momento deber\u00eda estar trabajando, aportando al hogar; o bien prepar\u00e1ndome para hacerlo, desde est\u00e1ndares acad\u00e9micamente m\u00e1s avanzados, sobre el mismo camino que a\u00f1os atr\u00e1s ya hab\u00eda escogido y ya hab\u00eda comenzado a andar. No era adecuado estar all\u00ed, dejar a mi familia sola para venir de aventuras con un grupo de \u201cpreescolar\u201d \u00bfa qu\u00e9 rayos estaba jugando? Este era un espacio al que yo ya no ten\u00eda derecho, mi momento hab\u00eda pasado y no era un acto de madurez volverlo a cruzar. Esta sensaci\u00f3n me ten\u00eda completamente abrumada, \u00bfc\u00f3mo una decisi\u00f3n que se tom\u00f3 de manera tan consciente, de repente se pon\u00eda en duda de manera tan dram\u00e1tica?\u00a0 Lo cierto es que lo \u00fanico que quer\u00eda era salir de all\u00ed. Ya hab\u00eda pensado en cambiarme a un hotel m\u00e1s c\u00f3modo, comprar mi propia comida y devolverme en avi\u00f3n\u2026 definitivamente no me estaba adaptando. La edad y el ego me estaban pasando factura\u2026<\/p>\n<p>Fue dif\u00edcil concentrarse en la ceremonia inaugural. Los j\u00f3venes recitaban sus discursos agradeciendo a los organizadores del evento, se pasaron algunos videos donde reconocidos antrop\u00f3logos nacionales le daban su espaldarazo a aquel acto, hablaron algunas personas influyentes de la Universidad del Magdalena; pero lo que me conect\u00f3 nuevamente con ese momento, y en general con el porqu\u00e9 de mi presencia en aquel lugar, fueron unas cuantas palabras del director del programa de Antropolog\u00eda de aquella Universidad. En alguna parte de su alocuci\u00f3n, el docente afirma que la gente del promedio se encuentra en un estado de confort no solo f\u00edsico sino tambi\u00e9n mental, y que son los antrop\u00f3logos los llamados a romper con dicho estado. Aquellas palabras me tranquilizan: si lo que quiero es romper con dicho bienestar, con el <em>status quo<\/em> que la sociedad busca hacernos mantener, no tiene por qu\u00e9 ser extra\u00f1o comenzar con incomodarme a m\u00ed misma, \u00bfno es precisamente eso lo que estoy haciendo? \u00bfComenzar de cero solo por la firme convicci\u00f3n de querer ser una persona y una profesional diferente?\u00a0 Despu\u00e9s de todo, tal vez no est\u00e9 en el lugar equivocado si de romper estados de confort se trata\u2026<\/p>\n<p>Una vez terminada esta intervenci\u00f3n, comienzan el acto cultural. Siento que nuevamente se me ha recordado el sentido de estar all\u00ed. Si bien no hay una respuesta concreta, las emociones comienzan de nuevo a sintonizar con el prop\u00f3sito de querer ser antrop\u00f3loga y los \u201csacrificios\u201d que esto va a acarrear. Deconstruirnos es un proceso doloroso, pero reconstruirnos, con base en lo que plenamente nos identifica, llega a ser verdaderamente satisfactorio. Me doy cuenta que romper con los prejuicios sociales, ha resultado tal vez m\u00e1s dif\u00edcil para m\u00ed que para los que me rodean. Volver a empezar no ha sido tan f\u00e1cil como lo presupuestaba, aunque nadie en mi entorno haya dicho una sola palabra. Entre la exposici\u00f3n de m\u00fasica y las danzas propias de la zona Caribe, con la que los anfitriones han querido darnos la bienvenida, decido que es hora de comenzar a escribir; al fin y al cabo, esta ser\u00e1 la nueva tarea que tendr\u00e9 durante los pr\u00f3ximos a\u00f1os, \u00bfQu\u00e9 mejor que comenzar registrando toda esta evoluci\u00f3n desde el comienzo? El curioso cuadernillo que se me entreg\u00f3 en el momento de la inscripci\u00f3n ser\u00e1 mi primer diario de campo. Todav\u00eda no s\u00e9 lo que esto del diario significa, as\u00ed que por esta noche tomar\u00e9 el manuscrito como una fuente de desahogo existencial y ma\u00f1ana, con la gu\u00eda de Eduardo Restrepo y su libro sobre etnograf\u00eda, me pondr\u00e9 a trabajar m\u00e1s conscientemente en lo que ser\u00e1 mi trabajo de campo.<\/p>\n<p>Cuando llegamos de nuevo al cuarto, me doy cuenta que el aire acondicionado no funciona. A mis compa\u00f1eros esto pareciera no preocuparles, yo solo pienso en el Marriot de Santa Marta. No s\u00e9 si re\u00edrme o sentirme avergonzada. Aquella noche me acuesto pregunt\u00e1ndome sobre c\u00f3mo lograr una adecuada etnograf\u00eda cuando la situaci\u00f3n te sobrepasa. Siento que es algo completamente imposible. Escribir de manera objetiva sobre algo cuando est\u00e1 siendo atravesada de manera significativa tu forma de sentir o de pensar, cuando t\u00fa misma te estas cuestionando por la manera en c\u00f3mo percibes el mundo, \u00bfc\u00f3mo mantener la objetividad?&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una vez listos, salimos hacia el lugar donde procederemos a hacer nuestra inscripci\u00f3n al evento. 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