{"id":265,"date":"2011-01-23T20:51:21","date_gmt":"2011-01-24T01:51:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/?p=265"},"modified":"2011-03-13T20:59:40","modified_gmt":"2011-03-14T01:59:40","slug":"lila-cuellar-la-amante-inmortal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/2011\/01\/23\/lila-cuellar-la-amante-inmortal\/","title":{"rendered":"Lila Cuellar, la amante inmortal"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/files\/2011\/01\/lila-cuellar.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-210\" src=\"http:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/files\/2011\/01\/lila-cuellar.jpg\" alt=\"\" width=\"118\" height=\"127\" \/><\/a>Jorge Vallejo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El marido celestial de Lila Cuellar Cifuentes fue enterrado a la entrada del cementerio de <a href=\"http:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/W%C3%A4hring\">Wahring<\/a>,  en Viena, a las tres de la tarde del 29 de marzo de l824. El se\u00f1or  Beethoven fue acompa\u00f1ado a su tumba por veinte mil adoloridas personas,  entre ellas, los m\u00e1s grandes m\u00fasicos europeos de ese siglo, Schubert a  la cabeza. Ese hombre, seg\u00fan <a href=\"http:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Yehudi_Menuhin\">Menuhin<\/a>,  tan parecido a un intermediario entre la voluntad divina y el  empecinamiento de los hombres, vivi\u00f3 en la tierra 57 a\u00f1os. Hoy, es  eterno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><!--more--> En la tumba No. 670 del jard\u00edn \u00d1 del Cementerio Metropolitano del Sur, mirando a los majestuosos <a href=\"http:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Farallones_de_Cali_National_Natural_Park\">Farallones de Cali<\/a>,  reposan los restos de la viuda de Beethoven. Lila sobrevivi\u00f3 a su  marido eterno algo m\u00e1s de siglo y medio. En su entierro, decenas de  personas humildes batieron pa\u00f1uelos blancos para despedirla y en una  peque\u00f1a grabadora de cassette se escucharon los acordes del Himno de la  Alegr\u00eda.<img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/papeldecolgadura.wordpress.com\/wp-includes\/js\/tinymce\/plugins\/wordpress\/img\/trans.gif\" alt=\"\" \/>Lila  fue la propietaria de la Casa de Beethoven, una cantina con cerca de  veinte mil discos de larga duraci\u00f3n en lo que es hoy una de las ollas  urbanas m\u00e1s peligrosas de Colombia, la de la calle doce en el barrio  Sucre de Cali. Lila apareci\u00f3 en ese lugar con la venerabilidad de una  anciana viuda dispuesta a mantener vivo el mensaje de su marido, como  una antorcha encendida en mitad de la noche, cual Atenea, hija de Zeus,  para iluminar el pensamiento y purificar los sentidos. Lila, la que  fuera dignificada por la Orquesta Sinf\u00f3nica del Valle en el Teatro  Municipal por invitaci\u00f3n de la Alcald\u00eda, la que ense\u00f1\u00f3 apreciaci\u00f3n  musical en vivo y en caliente a buena parte de los cale\u00f1os cultos y  sensibles que habitaron esta ciudad a lo largo de m\u00e1s de medio siglo,  permanece a\u00fan en el olvido de la memoria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Su padre, un mel\u00f3mano, la llev\u00f3 a conocer el <a href=\"http:\/\/www.cali.gov.co\/teatromunicipal\/\">Teatro Municipal<\/a> cuando la m\u00e1s importante sala de la ciudad apenas era unos a\u00f1os mayor  que ella. La vida la meti\u00f3 en uno de esos turbiones sin memoria y,  adolescente, se encontr\u00f3 en la calle, sola como un n\u00e1ufrago y donde le  toc\u00f3 aprender a vivir en ella y de ella, all\u00ed hizo su escuela. Fue  cantinera y en alg\u00fan bar, en una esquina desierta de una calle  cualquiera, conoci\u00f3 a un tipo que le hizo un presente, un disco con un  mensaje. El mensaje era una convocatoria, una cita, una invitaci\u00f3n, una  orden a llevar una vida marcada por la m\u00fasica, donde todos los sentidos  son o\u00eddos y los escritos, pentagramas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lila lleg\u00f3 a Cali en tren en 1947. Cay\u00f3 con su marido terrenal al barrio  Sucre. Ven\u00edan de Bogot\u00e1 y ya ten\u00edan una incipiente discoteca de m\u00fasica  cl\u00e1sica y un beb\u00e9 de brazos. El beb\u00e9 era un exp\u00f3sito, un ni\u00f1o abandonado  en la puerta de su casa por alguna mujer de la calle, hab\u00eda sido  adoptado m\u00e1s por el peso de la conciencia solidaria de deambulantes y  callejeros que por el sentido maternal. La pareja se estableci\u00f3 en la  calle doce, entre carreras doce y trece. Al principio se hab\u00edan  financiado con un dep\u00f3sito de maderas, luego pasar\u00edan al negocio de la  discoteca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lila Cuellar mont\u00f3 su centro musical y le puso su apellido: Casa de  Beethoven. Era una cantina con mesas, sillas, un equipito de sonido, un  orinal, algunos cuadros de su Pante\u00f3n, una nevera para enfriar cerveza y  una repisa para las canecas de aguardiente. Nada m\u00e1s. Bajo la l\u00f3gica de  la subsistencia vend\u00eda bloques de hielo, cigarrillos menudeados,  galletas y gaseosas. Le gustaba ense\u00f1ar y compartir, sobre todo a los  ni\u00f1os, halagaba t\u00edmpanos y enso\u00f1aciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los  amantes y conocedores de la m\u00fasica cl\u00e1sica acud\u00edan a la Casa de  Beethoven a deleitarse pero sobre todo a aprender. Lila era una  apasionada pedagoga y su sala llegar\u00eda a convertirse en el foro musical  por excelencia. All\u00e1 terminaban los principales conciertos sinf\u00f3nicos o  las m\u00e1s bellas presentaciones de \u00f3pera. All\u00e1 se iban a beber los m\u00fasicos  de la desaparecida orquesta Sinf\u00f3nica del Valle; los m\u00fasicos, los  directores, los solistas y los m\u00e1s entusiastas mel\u00f3manos de Cali, del  Valle y de muchas partes del mundo iban a casa de Lila a embriagarse por  completo de vino, de virtud, de m\u00fasica y de poes\u00eda. En alguna ocasi\u00f3n  fue visitada por un ciudadano finland\u00e9s. Le hizo llorar, le trajo a su  soledad el Poema sinf\u00f3nico <a href=\"http:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Kalevala\">Kalevala<\/a> de <a href=\"http:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Sibelius\">Sibellius<\/a>,  su compatriota. En otra, un ministro de educaci\u00f3n esforz\u00f3 su memoria  para pedir algo que ensalzara su vanidad y sus propios conocimientos,  algo exquisito y escasamente conocido, un secreto entre conocedores; la  due\u00f1a le hab\u00eda pedido escoger de su infinita carta. El ministro busc\u00f3 en  lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de su memoria y termin\u00f3 pidiendo un vals, el <a href=\"http:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Blue_Danube_Waltz\">Danubio Azul<\/a>. Ella sonri\u00f3, en la calle hab\u00eda aprendido a ser m\u00e1s que tolerante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hacia finales del medio siglo, el barrio Sucre y sus alrededores estaban  habitados por trabajadores y artesanos. Un cura ingeniero, el padre  Marco Tulio Collazos, construy\u00f3 la iglesia de Santa Rosa. Otros cl\u00e9rigos  montaron el colegio de Fray Dami\u00e1n y otros, el de San Luis. Las  iglesias y los colegios eran el centro de una vida apacible y digna. Los  cines, Tr\u00edpoli, Sucre, Aristi y Col\u00f3n asombraron a los que se pod\u00edan  asombrar. Vino la Plaza de Mercado y lleg\u00f3 la transformaci\u00f3n de la  pac\u00edfica zona. La solidez del cemento trajo los primeros veh\u00edculos, el  comercio se agit\u00f3 con sus naturales consecuencias: tiendas de abarrotes,  cantinas, hoteles, malandrines y bandidas hicieron su aparici\u00f3n. Lila,  firme como las guerreras de la calle, se encerr\u00f3 con sus delirios  musicales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lila era la esposa leg\u00edtima de Beethoven en el mundo de la ebriedad  est\u00e9tica pero, como los esquizofr\u00e9nicos, llevaba una doble vida: la vida  eterna de la noche y la condena, tambi\u00e9n eterna, de los d\u00edas y d\u00edas sin  sentido con el marido de carne y hueso, un tranquilo se\u00f1or bueno para  nada y ese hijo adoptado que hab\u00eda recogido sin quererlo y que con los  d\u00edas y los a\u00f1os resultar\u00eda epil\u00e9ptico, drogadicto, feo y tan sucio que  espantaba. Viv\u00eda entre un claro de luna con su esposo Beethoven pero se  iba de francachela por los andurriales y fracasos de Gardel. Las tardes  de los s\u00e1bados eran para los amantes de la daga y el coraje, de los  tragos duros, de soledades y abandonos. El resto de la semana era fiel y  m\u00e1s que fiel a su marido.<br \/>\nLa maestr\u00eda de Lila sedujo a varias generaciones de cale\u00f1os que acud\u00edan a  su santuario a aprender a distinguir compositores, directores de  orquesta, solistas, corales, registros y decibeles. Amaba la \u00f3pera y  sobre ella sab\u00eda m\u00e1s que nadie y la explicaba con pasi\u00f3n. Organizaba sus  conciertos con todo el rigor de las programaciones bien medidas y  tasadas, alternaba el derecho de petici\u00f3n entre sus escogidos  habituales. A su sala se entraba por recomendaci\u00f3n y era exigente.  Abdul, el hijo abandonado, el exp\u00f3sito, su asesino, la chantajeaba, la  amenazaba y agred\u00eda moral y f\u00edsicamente para comprar pepas y marihuana.  Lila Cedi\u00f3 cuanto pudo y al final el hijo la rindi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La  cultura y la sensibilidad de los cale\u00f1os est\u00e1n en deuda con el recuerdo  de Lila. \u00bfQu\u00e9 se hizo la formidable colecci\u00f3n? Muchos ciudadanos le  deben su entusiasmo musical a Lila. Algo se podr\u00e1 hacer para que los  j\u00f3venes y ni\u00f1os, hijos o nietos de aquellos que disfrutaron a morir con  Bach, Mozart, Vivaldi, Paganini, Tchaikovski, las grandes corales y los  mejores solistas contin\u00faen con la saga de esa mujer bajita y gorda, de  insondables ojos protegidos por unas gafas de carey y lentes como lupas;  vestida como una Geisha en noche de gala que vend\u00eda hielo para cholados  y que le ense\u00f1aba a los ni\u00f1os con galletas y gaseosas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El marido celestial de Lila Cuellar Cifuentes fue enterrado a la entrada del cementerio de Wahring, en Viena, a las tres de la tarde del 29 de marzo de l824. El se\u00f1or Beethoven fue acompa\u00f1ado a su tumba por veinte mil adoloridas personas, entre ellas, los m\u00e1s grandes m\u00fasicos europeos de ese siglo, Schubert a la cabeza. Ese hombre, seg\u00fan Menuhin, tan parecido a un intermediario entre la voluntad divina y el empecinamiento de los hombres, vivi\u00f3 en la tierra 57 a\u00f1os. Hoy, es eterno.<br \/>\nEn la tumba No. 670 del jard\u00edn \u00d1 del Cementerio Metropolitano del Sur, mirando a los majestuosos Farallones de Cali, reposan los restos de la viuda de Beethoven. Lila sobrevivi\u00f3 a su marido eterno algo m\u00e1s de siglo y medio. En su entierro, decenas de personas humildes batieron pa\u00f1uelos blancos para despedirla y en una peque\u00f1a grabadora de cassette se escucharon los acordes del Himno de la Alegr\u00eda.Lila fue la propietaria de la Casa de Beethoven, una cantina con cerca de veinte mil discos de larga duraci\u00f3n en lo que es hoy una de las ollas urbanas m\u00e1s peligrosas de Colombia, la de la calle doce en el barrio Sucre de Cali. Lila apareci\u00f3 en ese lugar con la venerabilidad de una anciana viuda dispuesta a mantener vivo el mensaje de su marido, como una antorcha encendida en mitad de la noche, cual Atenea, hija de Zeus, para iluminar el pensamiento y purificar los sentidos. 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