{"id":276,"date":"2011-01-18T12:21:27","date_gmt":"2011-01-18T17:21:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/?p=276"},"modified":"2012-03-08T17:30:20","modified_gmt":"2012-03-08T22:30:20","slug":"las-aventuras-inconclusas-de-los-swinger-o-nuestro-modo-de-pasarla-bueno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/2011\/01\/18\/las-aventuras-inconclusas-de-los-swinger-o-nuestro-modo-de-pasarla-bueno\/","title":{"rendered":"Las aventuras inconclusas de los swinger: o nuestro modo de pasarla bueno"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/files\/2011\/01\/swingers.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-197\" src=\"http:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/files\/2011\/01\/swingers.jpg\" alt=\"\" width=\"118\" height=\"127\" \/><\/a><em><\/em><strong>Autora:<\/strong> Paula Arias<strong>* \/ <\/strong><strong>Coautor:<\/strong> Andr\u00e9s Pab\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Antes de entrar a un bar swinger uno le teme a dos cosas: a no gustarle a nadie y a gustarle a alguien. En el primer caso corre uno el riesgo de regresar a casa con el ego aplastado. Pero por fortuna no se regresa sola. En el mundo swinger no se va sola a citas a ciegas y no se enfrenta sola la molestia de la ma\u00f1ana siguiente <em>despu\u00e9s de<\/em>\u2026 Lo sabroso de la vida swinger es que uno pasa por \u00e9sas con el otro, en una suerte de destino compartido que resuelve parte de la angustia. <em>\u201cPor lo menos voy con alguien a quien le gusto\u201d<\/em>, me dije cancelando el tema. Pero entonces estaba el otro problema: qu\u00e9 pasaba si le gustaba, le gust\u00e1bamos, a alguien. Nos imagin\u00e1bamos que en cuanto entr\u00e1ramos todas las parejas se girar\u00edan a mirarnos, nos examinar\u00edan, y, luego, una morena sensual nos invitar\u00eda a su mesa o una pareja ardiente nos sacar\u00eda a bailar o recibir\u00edamos insinuaciones abiertas a trav\u00e9s de servilletas y miradas. Entonces, no sabr\u00edamos qu\u00e9 hacer.<!--more--> O sea, s\u00ed sab\u00edamos: <em>\u201cnada que nos haga sentir inc\u00f3modos o que genere celos al otro\u201d<\/em>, me hab\u00eda dicho el Andr\u00e9s antes de salir de casa. Pero lo cierto es que ingres\u00e1bamos a un mundo desconocido, nunca enfrentado y ninguno de los dos pod\u00eda predecir qu\u00e9 iba a resultar realmente inc\u00f3modo, qu\u00e9 despertar\u00eda celos. Las parejas suelen ser lugares c\u00f3modos, despojados de novedad, provistos por lo general de deliciosas y aburridas certezas. Nuestra primera noche en un bar swinger nos arrojaba &#8211; juntos, por fortuna &#8211; a un terreno de total incertidumbre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Incertidumbre, \u00a1mierda!, incertidumbre.\u00a0<img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/papeldecolgadura.wordpress.com\/wp-includes\/js\/tinymce\/plugins\/wordpress\/img\/trans.gif\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 Si algo no te gusta me dec\u00eds, \u00bfno?, no vamos a jugarnos la relaci\u00f3n por esto \u2013 le digo al Andr\u00e9s en la puerta -. No vaya a ser que la aventurita nos salga cara\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00c9l me sonr\u00ede con su sonrisa de nervios (se le tensan las mejillas, las comisuras de los labios se dirigen torpemente hacia los extremos de su cara).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 No, no\u2026 C\u00f3mo se te ocurre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y entramos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sab\u00edamos del lugar por Internet, porque una pareja nos cont\u00f3 y porque ya hab\u00edamos pasado por ah\u00ed tres veces sin decidirnos. Pero hoy no. Hoy era definitivo. $70.000 por pareja. <em>\u201cTienen quemantener siempre los dos. Juntos. Si uno de los dos se emborracha deben irse ambos. Pueden entrar todo el licor que quieran. La discoteca funciona hasta las 12, despu\u00e9s pueden bajar a la zona h\u00fameda\u201d<\/em>. (\u00bfZona h\u00fameda?) El hombre de la recepci\u00f3n es seco pero cordial. <em>\u201cCuando puedan bajar a la zona h\u00fameda se les dar\u00e1n toallas. Pueden desnudarse <\/em>(\u00bfdesnudarse?) <em>o usar ropa interior.Se les asigna un casillero para que guarden sus cosas y se les dan chanclas para que no anden descalzos, \u00bfAlguna pregunta?\u201d<\/em>. Tengo muchas, claro, pero no es cosa de hacerlas aqu\u00ed, en la recepci\u00f3n, haciendo fila como quien espera a que le asignen un cuarto de motel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Reviso con disimulo a las parejas de atr\u00e1s. Son tres. Adultas y serias. Se\u00f1ores que ve uno mercando los domingos con medias y pantalones cortos. Se\u00f1oras. M\u00e1s bonitas que sus maridos, como siempre. Nadie conocido, gracias a dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Andr\u00e9s y yo subimos a la discoteca. De repente el miedo se ha disipado. Me siento sexy y audaz. Atrevida. Rompiendo la historia. La de mis padres y mis abuelos. La de sus matrimonios y sus fracasos. Bebo dos sorbos de la caneca de aguardiente y me aliso el cabello. Entramos y nos ubicamos r\u00e1pidamente en la barra, sin mirar a nadie, m\u00e1s bien para evitar que alguien nos mire y se nos lance con propuestas para las que no estamos preparados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Parece una discoteca cualquiera. Pista de baile, barra, mesas, luces convencionales. Ni un detalle er\u00f3tico que desnude su intenci\u00f3n. Nadie nos mira. Nadie nos env\u00eda servilletas con propuestas, ninguna morena sensual parece interesarse en nosotros. Ya sentada recorro el lugar. Las parejas parecen normales. Hay de todo: j\u00f3venes y viejos, mucha clase media que se endeuda para pagar el carro, una que otra silicona y esposos con barriguita. Empiezo a sentirme c\u00f3moda. Fumo un cigarro, bebo un trago. Veo a las parejas bailar: me descubro desenvuelta, dispuesta a juguetear un poco. Liberada. Los miedos siempre me vienen vestidos de gigantes. Ya en situaci\u00f3n se minimizan, se hacen chiquitos, puedo atajarlos en la mano y enviarlos a la papelera de reciclaje. Bien por m\u00ed. Anuncian el striptease. Sexo en vivo. No me entusiasma mucho. Los striptease masculinos fueron hechos para hombres gays, no para mujeres. No conozco la primera que se emocione viendo un tipo en seda dental\u2026 Si salieran bien vestidos y te miraran a los ojos y se desnudaran sin tanto aspaviento de caderas, tal vez\u2026 Por fortuna sale primero la chica. Una trigue\u00f1a diminuta y perfecta que se contonea sobre las piernas de hombres y mujeres. Muy pocos la tocan, pero la gente corea y bromea como en las despedidas de solteros. Lentamente se acerca hacia nosotros. Andr\u00e9s baja la cabeza y yo me hundo en mi puesto (no dejo de pensar que los gestos de la chica son fingidos, que le est\u00e1n pagando por parecer sexy, que es mentira que nos desee tanto como demuestra). La chica se marcha sin intentar seducirnos. As\u00ed funciona el mundo swinger. Como la comunidad LGBT, los swinger aprenden r\u00e1pidamente, y sin propon\u00e9rselo, un lenguaje sutil hecho de gestos sin palabras. Se dice que no o que s\u00ed con la mirada, con un roce de mano, con una postura del cuerpo. Lejos de la chica puedo ver a mi esposo esta vez con curiosidad. Tan absorta estaba en la observaci\u00f3n del lugar que no hab\u00eda ca\u00eddo en cuenta del pobre Andr\u00e9s. Est\u00e1 aqu\u00ed, a mi lado, con las manos sudando y la cabeza entre los hombros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 \u00bfQu\u00e9 te pasa?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 No s\u00e9\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 Ay, Andr\u00e9s, estamos ac\u00e1, es una cosa de los dos: nos la gozamos o nos la pasamos asustados y perdemos los 70.000 pesitos&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al Andr\u00e9s, en cambio, los sustos lo agarran desprevenido. Se lanza con excesos de confianza y en escena se paraliza. Lo conozco. Hay que sacarlo de ese estado sin suavidad, sin consideraciones, con voz de mando. Ya m\u00e1s tranquilo por fin me pide que bailemos.\u00a0 Salimos a la pista como si estuvi\u00e9ramos en <a href=\"http:\/\/www.tintindeo.com\/\">Tin Tin Deo<\/a> y movemos los pies mientras la cabeza nos da vueltas. Salsa de alcoba, <em>gu\u00e1cala<\/em>. Nos arriesgamos con un reguet\u00f3n y coqueteamos entre nosotros para que los dem\u00e1s vean que no somos los mojigatos de la barra. Que algo de sangre nos late por dentro. Y justo cuando estamos entrando en calor un narrador nos invita a seguir a la zona h\u00fameda. El momento ha llegado aunque intentamos dilatarlo. Seguimos bailando, bailando, todav\u00eda no, un ratito m\u00e1s ac\u00e1 arriba, por favor, hasta que la sala queda vac\u00eda y no nos queda m\u00e1s remedio que disimular el temblor de piernas, tomarnos de la mano, m\u00e1s fuerte, si es posible, y bajar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em><a href=\"http:\/\/www.caliclub.net\/\">Caliclub <\/a><\/em>funciona como sauna gay la mayor parte de la semana. S\u00f3lo los jueves y s\u00e1bados est\u00e1n destinados para parejas swinger o mujeres solas (los hombres solos no pueden ingresar, <em>\u201cson morbosos\u201d<\/em>, nos dice el encargado). En el primer piso se encuentra la zona h\u00fameda compuesta de piscina, barra de licores, sauna, ba\u00f1o turco y sala de casilleros. Tambi\u00e9n hay espacios peque\u00f1os con sillas playeras o colchonetas. El segundo piso es ocupado por la discoteca y en el tercero hay cuartos oscuros, peque\u00f1as habitaciones con una camilla de hospital, paredes oscuras y luz mortecina. Algunos cuartos no tienen puerta para mayor exposici\u00f3n y otros son tan oscuros que a duras penas logra observarse la sombra de los cuerpos, el blanco de los ojos. Por \u00faltimo, est\u00e1 la terraza, a cielo abierto, con sillas acolchadas. Por todas partes hay televisores que emiten pel\u00edculas porno. Logro olvidar los discursos feministas contra la pornograf\u00eda, pero no puedo evitar recordar que a las gritonas de tetas enormes alguien les est\u00e1 pagando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El procedimiento para ingresar a la sala h\u00fameda es m\u00e1s que violento. Uno esperar\u00eda una desnudada sensual en un sal\u00f3n de luces tenues y velas aromatizadas. Nada de eso. El casillero est\u00e1 bien iluminado, limpio y funcional. Las parejas se comportan como tales: las mujeres doblan los pantalones de sus maridos y se cubren con las toallas para cambiarse, como en un paseo de r\u00edo cualquiera. El Andr\u00e9s y yo nos quedamos en ropa interior. Algunas mujeres ense\u00f1an los pechos, pero la mayor\u00eda usa su mejor sost\u00e9n. Nadie parece avergonzado o inc\u00f3modo, pero evitamos todos mirarnos a los ojos. A veces se cruza una mirada simp\u00e1tica y uno sonr\u00ede m\u00e1s como gesto de reconocimiento y saludo que como invitaci\u00f3n sexual. Parecemos un conjunto de excursionistas, agrupados por una agencia de viajes, y no una tribu de cuerpos animados por el deseo. Tomo nota de los rostros y las edades y examino a las parejas pensando si alguna podr\u00eda gustarme. Acostumbrada a elegir a los hombres como objeto del deseo, y a las mujeres como objeto de admiraci\u00f3n, me cuesta pensar en que ahora debo expandir mis gustos hacia dos, como conjunto, como unidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Damos una vuelta por la zona h\u00fameda. La iluminaci\u00f3n es plana y carente de sensualidad. Me hace falta un poco de m\u00fasica, tal vez, y superficies acolchadas y sedosas y juegos er\u00f3ticos que estimulen el encuentro. Hemos visto fotograf\u00edas de los grandes clubes swinger del mundo. Algunos funcionan como restaurantes de intercambios sexuales en los que las parejas se buscan estimuladas por platos ex\u00f3ticos. Hay otros con piscinas llenas de espuma y esponjas finas que disponen el cuerpo para ba\u00f1os relajantes. Hay lugares oscuros, rojizos o azulados, que resaltan brillos y contornos de la piel. Hay salones swinger en que te vendan los ojos con pa\u00f1uelos y caminas a tientas en medio de alfombras y explosiones de olores. <em><a href=\"http:\/\/www.imdb.com\/title\/tt0367027\/\">Shortbus <\/a>(<\/em><a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/John_Cameron_Mitchell\">John Cameron Mitchell,<\/a> 2006) est\u00e1 lejos y en tierra de tr\u00f3pico y tambores a la comunidad swinger le basta una rumbeadita cualquiera de reguet\u00f3n y champeta. O por lo menos eso parece.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Andr\u00e9s y yo caminamos tomados de la mano rumbo a la piscina. Nos sentamos en la barra y fumamos un cigarrillo mientras observamos a las primeras parejas teniendo sexo. En vivo. Ante nuestros ojos. No s\u00f3lo los hombres son mal educados por la pornograf\u00eda, pienso: ellas tambi\u00e9n. Las chicas se encuentran estrat\u00e9gicamente situadas para los espectadores. Repiten gestos y gemidos de actrices porno e intentan mostrarse sexys ante cualquier torpe gesto de acrobacia masculina. Conscientes de la mirada de los otros, no se permiten poses que dejen al descubierto los rollos de la barriga ni la celulitis ind\u00f3mita de los muslos. Se ven bellas pero carentes de deseo y se ven ellos, tambi\u00e9n, m\u00e1s preocupados por la exhibici\u00f3n de su virilidad que por su propio placer. Sin embargo, hacia el fondo, una pareja se besa con ganas aut\u00e9nticas. Me concentro en ellos, los observo sumergirse bajo el agua y volver a salir y los veo a ambos deslizarse sobre el otro con hambre y decisi\u00f3n. Veo la torpeza de la vida real, sin cortes de c\u00e1mara, sin \u00e1ngulos perfectos. Con genuina fealdad. Nuestras barreras se van al piso y el Andr\u00e9s me sugiere entonces que visitemos el ba\u00f1o turco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al segundo siguiente de ingresar al ba\u00f1o turco estamos sudando. Todos sudan. A trav\u00e9s del vapor vemos pieles sin sexo, manos de hombre, manos de mujer. Muchas piernas entrelazadas. Una mujer le practica sexo oral a un hombre acostado sobre los muros. Las otras parejas est\u00e1n en lo suyo y alcanzamos a escuchar gemidos agonizantes, gritos ahogados con besos y gru\u00f1idos que en otro momento nos dar\u00edan risa. Encontramos un lugar en medio de todos y el Andr\u00e9s y yo iniciamos nuestro momento. Como en casa. Como si estuvi\u00e9ramos solos, aunque conscientemente animados por la compa\u00f1\u00eda cercana de los otros. En alg\u00fan momento la mano de una mujer se desliza por mis pechos. La observo. Es la <em>striptisera <\/em>perfecta con su muchacho perfecto. Andr\u00e9s toma su mano y la devuelve dulcemente a su lugar. Hemos decidido no hacer intercambios por hoy pero agradecemos su avance que abre puertas y nos deja con preguntas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El resto de la noche fue de desparpajo total. Hicimos el amor en la piscina, ante los ojos de un negro silencioso, ante los ojos de una pareja agotada, ante los ojos de un chico gay que luego reconoci\u00f3 habernos mirado con complacencia y ternura. Hicimos el amor en los cuartos oscuros, aunque cuid\u00e1ndonos de cerrar la puerta ante los avances de alg\u00fan marido <em>desparchado<\/em>. Hicimos el amor de nuevo en la terraza, donde terminamos conversando con una esposa cincuentona, asustada pero aventurera, y una chica bisexual\u00a0que comparti\u00f3 con nosotros un par de cigarrillos y proezas. Hicimos el amor en medio de otros, cerca de otros, frente a otros, a pesar de los otros, gracias a los otros. Hicimos el amor en casa, donde regresamos chispeantes y felices de haber pasado la prueba y contentos de haber empezado con cautela a cumplir la promesa que nos hab\u00edamos hecho un a\u00f1o atr\u00e1s, cuando decidimos casarnos:<em>\u201cYo me caso con vos, Andr\u00e9s, pero te prometo que no voy a ser la \u00fanica persona con la que teng\u00e1s que tirar mientras estemos juntos\u201d<\/em>. <em>\u201cAcepto\u201d<\/em>, dijo entonces el Andr\u00e9s casi en silencio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Lo bueno, lo malo y lo peor<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong> <\/strong>Hemos conocido de todo. Mujeres j\u00f3venes, musas de intelectuales viejos. Mujeres complacientes, compa\u00f1eras de tipos tir\u00e1nicos. Matrimonios de 20 a\u00f1os con hijos adolescentes. Parejas que llegan a la vida swinger tras una crisis matrimonial o una infidelidad. Varias mujeres bisexuales. Un hombre bisexual. Hombres que quieren ver a su esposa tir\u00e1ndose a la esposa del otro. Hombres solos que se ofrecen para tr\u00edos. Mujeres de ojos bajos que intentan aceptar la idea de que su esposo se vaya a la cama con otra. Hombres que negocian la posibilidad de un contacto masculino. Parejas que quieren intercambios estrictamente heterosexuales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Parejas que quieren ser vistas teniendo sexo, parejas que quieren ver a otros teniendo sexo. Parejas que no quieren ser vistas por su esposo(a) teniendo sexo con otro(a). Gente que ha hecho de todo: tr\u00edos y cuartetos, turismo swinger por todo el pa\u00eds, fiestas de cuatro d\u00edas en el Lago Calima. Parejas que buscan soft swinger (besos y caricias) o full swap (intercambio con coito) y gente que asume la vida swinger como una suerte de secta religiosa, con mandamientos y ritos de iniciaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo bueno: la mayor parte de las parejas son matrimonios de a\u00f1os, que pretendieron vivir toda la vida como una pareja convencional y que empezaron a percibir a tiempo la emergencia de las primeras crisis. La vida swinger apareci\u00f3 entonces como un modo de resolver el estancamiento sexual. La mayor parte de ellos asegura que la terapia funciona y que, aunque a veces se presentan celos y diferencias, en general est\u00e1n contentos con el experimento. En este sentido, a pesar de nuestras cr\u00edticas, no podemos dejar de reconocer que en el mundo swinger se agita una peque\u00f1a, capilar si se quiere, pero no por ello menos importante, transformaci\u00f3n de sus trayectorias vitales y de las trayectorias de los que los antecedieron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo malo: el mundo swinger no implica en s\u00ed mismo una transformaci\u00f3n de las l\u00f3gicas machistas que han regido socialmente los modos en que nos amamos. En una reuni\u00f3n reciente nos encontramos unas 10 parejas. El ambiente era c\u00e1lido pero formal, sin luces de discoteca, sin anonimato y con un ligero aire de fiesta de casa. Supongo que inspirados por la atm\u00f3sfera, la mayor parte de la gente se dedic\u00f3 m\u00e1s a conversar que a coquetearse. El Andr\u00e9s y yo ya ten\u00edamos en la cabeza la tarea de este art\u00edculo, por lo que asistimos excitados por nuestro nuevo papel de reporteros y el miedito que todav\u00eda no nos abandona. Todo result\u00f3 francamente decepcionante. Por lo general, los encuentros m\u00faltiples se producen en bares o fiestas, donde el contacto se establece a trav\u00e9s del baile, el licor y la disposici\u00f3n fluida que caracteriza a los cuerpos en la noche cale\u00f1a. Es dif\u00edcil reconocer entonces a los sujetos y las ideas que los animan. Uno se gu\u00eda por otros atractivos, uno no habla tanto, uno no pregunta mucho. Sin embargo, ya en otras ocasiones, hab\u00edamos distinguido algunos signos que nos resultaban inc\u00f3modos. En primer lugar, las chicas luc\u00edan siliconas y lipos bien realizadas, mientras los tipos parec\u00edan no preocuparse por el problema de la est\u00e9tica. Mal signo. No la despreocupaci\u00f3n de ellos, claro, que nos parece sabrosa y necesaria, sino el \u00e9nfasis tan fuerte en la est\u00e9tica de las mujeres. Ya sospech\u00e1bamos en ese momento, como hemos podido comprobar despu\u00e9s, que buena parte del mundo swinger opera como un intercambio de esposas m\u00e1s que como un asunto de pieles y parejas. As\u00ed, la esposa debe preocuparse por adquirir atributos que la dejen bien situada en el mercado. Para las que nos resistimos a envejecer en la sala de un esteticista o atiborradas de cremas y ung\u00fcentos, el mundo swinger puede parecernos una ins\u00edpida reproducci\u00f3n de lo que viene pasando en esta ciudad desde que ponerse tetas se convirti\u00f3 en s\u00edmbolo de estatus (o en la historia, desde que casarse con una bonita o con un rico ha sido se\u00f1al de prestigio). Un punto a favor: hay muchas como nosotras. Buena parte de las mujeres swinger son cuarentonas bonitas, naturales, con esa sensualidad tan expl\u00edcita de las mujeres maduras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tal vez nuestra mayor incomodidad ten\u00eda que ver con la comunidad swinger que se reconoce como tal. Se ubican juntos en las discotecas y lucen botones que los distinguen. Hacen fiestas solo para ellos y se jactan de ser un grupo numeros\u00edsimo que no acude a las gu\u00edas ni a las p\u00e1ginas Web para encontrarse. Al comienzo nos generaron curiosidad, pero una conversaci\u00f3n casual con un conocido, miembro de \u201cla comunidad\u201d, termin\u00f3 por espantarnos. No podr\u00eda explicar muy bien por qu\u00e9. Tal vez somos, el Andr\u00e9s y yo, reacios a cualquier tipo de comuni\u00f3n irracional o a cualquier tipo de causa irreflexiva. Tal vez nos parecieron miembros de una iglesia que alaban al dios swinger o militantes de una causa que desprecia a los que no se le suman. Nos parecieron en extremo convencidos, en extremo entusiasmados. Y bueno, tal vez sea, tambi\u00e9n, un extremo escepticismo nuestro, tal vez sea el ate\u00edsmo que nos hace tan desencantados, pero tanta <em>cinta <\/em>siempre nos ha resultado sospechosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No est\u00e1bamos equivocados. La noche de la reuni\u00f3n, rodeados de diez parejas de lo m\u00e1s extra\u00f1as (extra\u00f1as por su extrema \u201cnormalidad\u201d: abogados y oficinistas, muchachos j\u00f3venes, se\u00f1oras trajeadas con vestidos de oficina y parejas que hab\u00edan dejado a los ni\u00f1os con las abuelas), pudimos reconocer a \u201cla comunidad\u201d en el esplendor de su discurso y no en la ruidosa exhibici\u00f3n de sus sexualidades. En principio nos sorprendi\u00f3 el machismo. Ya hab\u00edamos antes establecido un c\u00f3digo b\u00e1sico para la selecci\u00f3n de citas: busc\u00e1bamos parejas en que ambos estuvieran convencidos de participar de experiencias swinger, pues no quer\u00edamos mujeres presionadas por esposos ind\u00f3mitos, ni machitos ansiosos de arrinconar a la esposa del otro. Tambi\u00e9n nos sent\u00edamos m\u00e1s atra\u00eddos por parejas en las que ambos se encontraran en igualdad de condiciones econ\u00f3micas, de edades y culturales. Por experiencia, son las mejores. A diferencia de otros swinger, no buscamos gente de \u201cbuen\u201d estrato y de \u201cbuena\u201d educaci\u00f3n, pero siempre nos terminaban tallando las relaciones en las que \u00e9l es el sujeto poderoso \u2013ya sea por su dinero o por su condici\u00f3n intelectual- y ella la pobre muchacha, por lo general menor, que obedece los deseos de su h\u00e9roe. Les hu\u00edamos. Ellas terminaban pareci\u00e9ndonos bobas y poco sexys y ellos pedantes y engre\u00eddos. O, al rev\u00e9s, ellos se comportaban como tontos adoradores y ellas como diosas mimadas. Adem\u00e1s, sospechamos que son malos amantes: hasta en la cama se nota este asunto del poder, hasta en la cama, ah\u00ed, en lo m\u00e1s privado, se hacen visibles las consecuencias de la iniquidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y, finalmente, lo peor: en la fiesta aparecieron nuevos signos de machismo que hasta el momento desconoc\u00edamos. El primero es el asunto de la resistencia. No es nuevo, claro, eso de que los hombres midan su hombr\u00eda por la duraci\u00f3n de su coito. No s\u00e9 qui\u00e9n les dijo que durar eternidades prolongaba el placer, pero buena parte de los hombres \u2013y de las mujeres, por supuesto- se comen ese cuento que termina abatiendo sus egos y convirtiendo el acto sexual en una sesi\u00f3n de gimnasia aer\u00f3bica. Los swinger tambi\u00e9n lo creen. Usan cremas retardantes y compiten sutil y expl\u00edcitamente por el trono del m\u00e1s resistente: <em>\u201chay una competencia entre nosotros\u201d<\/em>, dijo uno de los participantes que hasta el momento nos parec\u00eda de los m\u00e1s j\u00f3venes y de los m\u00e1s liberados. Al instante le di un apret\u00f3n en el muslo al Andr\u00e9s, que tomaba distra\u00eddo su cuarto mojito. \u00c9l me devolvi\u00f3 una mirada c\u00f3mplice. Mir\u00e9 a mi esposo con esas miradas nuevas que a veces, en medio de la cotidianidad y de las cuentas por pagar, nos regalamos los casados para volver a vernos como cuando reci\u00e9n nos conocimos. Me gusta este hombre que lucha contra su propio padre y los padres de sus padres. Me gusta su soltura y el modo en que evade cualquier escena de competencia masculina. Me gustaba su feminidad reci\u00e9n descubierta, su capacidad para olvidarse de las tontas lecciones sexuales que recibi\u00f3 con los amigos de la adolescencia. Me gusta mi esposo y no me gusta la idea de verlo participar de un duelo de penes y frecuencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El segundo signo alarmante de machismo fue el de la homofobia. Por casualidad, sin dejar entrever que se trataba de una pregunta period\u00edstica, dej\u00e9 salir un comentario ligero. Hablaba entonces una mujer fascinante, c\u00f3mica y f\u00e1cil de palabra, que nos contaba sus experiencias sin recato. <em>\u201cVe, pero sigue siendo esto de lo swinger muy un juego de presto mi esposa y me prest\u00e1s la tuya\u2026\u201d<\/em>, le dije.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 S\u00ed, pero entonces, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda ser? \u2013 me respondi\u00f3 ella y debo admitir que lanc\u00e9 un aplauso silencioso a su inteligencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 No s\u00e9, una cosa de cuerpos que se juntan, de gente que reta su propia heterosexualidad y se deja llevar por pieles\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La sala estall\u00f3 en un murmullo de creciente desaprobaci\u00f3n. Andr\u00e9s se hundi\u00f3 en su puesto con cara de que yo hab\u00eda ido muy lejos. Algunos hicieron chistes. <em>\u201cYo, \u00bfmarica?, nunca\u201d<\/em>. En la sala se proyectaba una preciosa pel\u00edcula pornogr\u00e1fica francesa. Dos chicas delgadas se besaban desnudas sobre un prado que deb\u00eda picarles en las nalgas. El esposo de la mujer que hablaba tom\u00f3 la palabra: <em>\u201cNo, nosotros evitamos la bisexualidad <\/em>(la masculina, debi\u00f3 decir, porque la femenina es alentada y perseguida), <em>claro, hay gente a la que le gusta hacer sus cosas raras, hay quien prefiere hacer cosas con gallinas\u2026 pero\u2026\u201d<\/em>. Guard\u00e9 silencio. Quise decirle que tirarse gallinas no era lo mismo que amar a alguien de su mismo sexo. Quise decirle que la literatura m\u00e9dica y antropol\u00f3gica cada vez reconoce que la heterosexualidad plena no existe y que las identidades sexuales son m\u00e1s flexibles de lo que creemos. Quise decirle que en Colombia las uniones homosexuales han conquistado importantes derechos y que en muchas partes del mundo hombres y mujeres se est\u00e1n casando y bes\u00e1ndose p\u00fablicamente en parques por los que transitan ni\u00f1os y ancianos. Pero no dije nada. Me call\u00e9 porque sin querer hab\u00eda metido al Andr\u00e9s en una situaci\u00f3n inc\u00f3moda. Todos lo miraban como el <em>marica <\/em>del grupo y los m\u00e1s condescendientes dec\u00edan que ellos respetaban cualquier inclinaci\u00f3n, salvo que el sexo entre hombres era un poco <em>\u201cbrusco\u201d<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 Pues no s\u00e9, yo he visto a mis amigos gays besarse y he visto a hombres amarse y me parece\u2026 bonito \u2013 dije con el \u00faltimo aliento de valent\u00eda que me quedaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 Bonito es una palabra marica \u2013 me dijo bromeando el hombre del frente, esperando que me riera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Andr\u00e9s y yo nos quedamos callados. El tipo nos mir\u00f3 de nuevo y solt\u00f3 una carcajada. Seguimos en silencio. Entonces le expliqu\u00e9:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 Lo siento, no nos re\u00edmos de chistes machistas, ni sexistas, ni racistas\u2026 Uno no sabe a qui\u00e9n puede herir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y acto seguido nos despedimos r\u00e1pidamente de todo el mundo y salimos ofuscados. Con la fiesta, con nosotros, con nuestras complicaciones que, tontas o no, nos marginaban de la comunidad y nos devolv\u00edan a la cacer\u00eda de citas solitarias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 \u00bfViste que hac\u00edan chistes de doble sentido?- me dijo el Andr\u00e9s antes de tomar el taxi.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 S\u00ed, \u00bfno?&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Comprend\u00ed entonces a qu\u00e9 se refer\u00eda. Los swinger de la fiesta hablaban de sexo en el mismo tono, con el mismo recato disfrazado de morbo, que los de sexualidades menos liberadas. Que la gente del com\u00fan. Cosa extra\u00f1a, supongo, porque uno no esperar\u00eda que los swinger hablaran seriamente de sexo, como no espera uno que un tipo rumbero hable seriamente de la rumba (de esas cosas ser\u00eda preferible hablar en tono eminentemente festivo). Pero, en cambio, uno s\u00ed esperar\u00eda mayor arrojo, mayor desnudez de las palabras, mayor capacidad para decir las cosas por su nombre sin sonrojos. Menos fantas\u00eda prefabricada y m\u00e1s gente h\u00e1bil para narrar sus deseos, sin tener que recurrir a las carcajadas nerviosas de los t\u00edmidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Encontr\u00e1ndonos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hace diez meses nos encontramos con una pareja joven en un bar. Tomamos un par de cervezas y conversamos sobre m\u00fasica, sobre la experiencia swinger, sobre nuestros miedos compartidos. El tipo era un muchacho risue\u00f1o y dulce, que nos tocaba al hablarnos y no tem\u00eda decirnos que era su primera vez. La muchacha era contestona y alegre. Buena habladora. Como le gustan a Andr\u00e9s, como me gustan a m\u00ed. Terminamos desayunando la ma\u00f1ana siguiente, despu\u00e9s de una larga noche de conversaci\u00f3n, cervezas y m\u00fasica electr\u00f3nica. Tuvimos sexo, claro, cada una con su cada uno, aunque lo suficientemente cerca como para mirarnos a los ojos. Nos gustaron ellos. Nos gustaron sus temores y su amor hecho de razones y su verdad tan de la calle, tan de todos los d\u00edas. Nos despedimos dese\u00e1ndonos de coraz\u00f3n buena fortuna para el futuro que se viene y se despidieron ellos con total abrazo, con la ternura de los que regresan de viaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ya en el carro, despabilados por la ma\u00f1ana fr\u00eda del domingo, le dije al Andr\u00e9s en tono romantic\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 Ojal\u00e1 duren mucho\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y el Andr\u00e9s, siempre sabio, me respondi\u00f3 con una frase concluyente:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2013 O que la pasen bueno\u2026 mientras duren.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y entonces le di una despelucada de mano izquierda y nos fuimos los dos, en silencio, rumbo a casa, mirando esperanzados y cursis a cuanta pareja de viejitos pasara por la calle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em><strong>*Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de sus autores y sus protagonistas.<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antes de entrar a un bar swinger uno le teme a dos cosas: a no gustarle a nadie y a gustarle a alguien. En el primer caso corre uno el riesgo de regresar a casa con el ego aplastado. Pero por fortuna no se regresa sola. En el mundo swinger no se va sola a citas a ciegas y no se enfrenta sola la molestia de la ma\u00f1ana siguiente despu\u00e9s de\u2026 Lo sabroso de la vida swinger es que uno pasa por \u00e9sas con el otro, en una suerte de destino compartido que resuelve parte de la angustia. \u201cPor lo menos voy con alguien a quien le gusto\u201d, me dije cancelando el tema. <a href=\"https:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/2011\/01\/18\/las-aventuras-inconclusas-de-los-swinger-o-nuestro-modo-de-pasarla-bueno\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":898,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[1,5094],"tags":[239,32,35,5145,217],"class_list":["post-276","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general","category-rotativo-cali","tag-cali","tag-colombia","tag-icesi","tag-swinger","tag-universidad-icesi"],"aioseo_notices":[],"rttpg_featured_image_url":null,"rttpg_author":{"display_name":"Isabel Mancera Caldas","author_link":"https:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/author\/1112472388\/"},"rttpg_comment":0,"rttpg_category":"<a href=\"https:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/category\/general\/\" rel=\"category tag\">General<\/a> <a href=\"https:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/category\/rotativo-cali\/\" rel=\"category tag\">Rotativo Cali<\/a>","rttpg_excerpt":"Antes de entrar a un bar swinger uno le teme a dos cosas: a no gustarle a nadie y a gustarle a alguien. 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