{"id":278,"date":"2010-01-21T11:52:34","date_gmt":"2010-01-21T16:52:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/?p=278"},"modified":"2012-03-28T10:50:21","modified_gmt":"2012-03-28T15:50:21","slug":"a-su-manera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/2010\/01\/21\/a-su-manera\/","title":{"rendered":"A su manera"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/files\/2011\/01\/a-su-manera.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-201\" src=\"http:\/\/www.icesi.edu.co\/blogs\/papeldecolgadura\/files\/2011\/01\/a-su-manera.jpg\" alt=\"\" width=\"118\" height=\"127\" \/><\/a><\/p>\n<p><em>Juan David Correa<\/em><\/p>\n<p>Rosa vino a decirme lo que ya sab\u00eda: que nuestro corto noviazgo hab\u00eda terminado. Lo supe desde la noche en que le dije que la odiaba. Lo supe al amanecer cuando empac\u00f3 sus cosas en la maleta negra que usaba cada vez que dorm\u00eda en mi casa. No quise que me diera explicaciones. Mir\u00e9 el aro del bombillo y vi a una polilla revoloteando. Le dije lo\u00a0que quer\u00eda o\u00edr. A las mujeres siempre les gusta que uno se compadezca. Es una manera de afirmarse en el mundo. De sentir que tienen el control. Fumamos un cigarrillo sobre el sof\u00e1 rojo. Ninguno de los dos llor\u00f3 ni se quej\u00f3. El silencio se instal\u00f3 entre los dos. Pasaron dos minutos. Me levant\u00e9, le di un beso en la frente y fui hasta mi cuarto en donde me estir\u00e9 sobre la cama. Unos segundos despu\u00e9s o\u00ed la puerta cerrarse. Todo termin\u00f3, me dije, expirando, como si quisiera contener el dolor en una bocanada. No era posible, as\u00ed que para no caer en el patetismo de llorar por alguien a quien apenas present\u00eda, encend\u00ed el televisor y me distraje con la <a href=\"http:\/\/www.bbc.co.uk\/mundo\/\">BBC <\/a>que transmit\u00eda un debate sobre la muerte de una estudiante de bachillerato en Sheffield.<\/p>\n<p><!--more-->Amanec\u00ed con el sonido del televisor tron\u00e1ndome en la cabeza. Esta es la nueva vida, pens\u00e9 tras comprobar que una vez m\u00e1s estaba solo. El tel\u00e9fono son\u00f3. Su voz proven\u00eda de alg\u00fan pozo profundo. La escuch\u00e9 decirme te odio. Colgu\u00e9. Fui hasta la nevera y abr\u00ed un yogurt de melocot\u00f3n. La baba lechosa me produjo un buen efecto. Algo comenzaba a conciliarse dentro de m\u00ed. Como si despu\u00e9s de haber dejado a Nidia y de emprender el corto noviazgo con Rosa y de acabarlo, como ahora estaba sucediendo, mi mundo comenzara a encontrar un orden ansiado. Se me ocurri\u00f3 pensar que Alberto ten\u00eda raz\u00f3n: al caos hay que sumarle m\u00e1s caos, cuando ya la esfera est\u00e1 llena de desorden todo explota y vuelve a encontrar su lugar.<\/p>\n<p>Rosa estuvo seis meses a mi lado. Fueron seis meses ca\u00f3ticos. Rosa era bella aunque inestable. Ten\u00eda las pesta\u00f1as largas y los ojos negros. Los entornaba y en ese movimiento me hac\u00eda ver que ella ten\u00eda una fuerza que me superaba por mucho. A su lado siempre me sent\u00ed pusil\u00e1nime. Por eso, ese domingo, tomando yogur y viendo a las palomas cagar sobre el alero de mi ventana, comenzaba a sentir bienestar. Un bienestar que dur\u00f3 poco. El lunes llegu\u00e9 al trabajo y Clara me entreg\u00f3 un sobre que conten\u00eda las siguientes palabras: \u201cno sabes con qui\u00e9n te metiste, ahora vas a sufrir\u201d. De inmediato baj\u00e9 los cuatro pisos y le pregunt\u00e9 a Clara qui\u00e9n diablos hab\u00eda dejado el sobre. Un muchacho, me respondi\u00f3. Un muchacho \u00bfc\u00f3mo? Le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>Un mensajero, ten\u00eda casco y chaleco amarillo y no se quit\u00f3 el casco. Me sud\u00f3 la sien.<\/p>\n<p>Todo el d\u00eda no hice otra cosa que mirar por la ventana hacia el parqueadero.<\/p>\n<p>El director me llam\u00f3 como a las cinco para preguntarme sobre las fechas de cierre. Hablamos un rato. Est\u00e1 raro, me dijo. Si, termin\u00e9 con Rosa. El director conoc\u00eda a Rosa pues hab\u00eda trabajado para \u00e9l antes que yo. \u00bfY esa vaina? Lo de siempre. H\u00e1gale \u00c1ngel, arranque y ma\u00f1ana hablamos del cierre. Sal\u00ed de la oficina. Hubiera querido decirle que ten\u00eda miedo y que el problema no era haber acabado con Rosa sino una maldita amenaza dejada por un hombre an\u00f3nimo en la porter\u00eda. Camin\u00e9 un buen rato por el parque El Virrey. En la autopista me sent\u00e9 en un banco. Anochec\u00eda. Bogot\u00e1 siempre me ha parecido una ciudad o muy bonita o muy fea. Me pareci\u00f3 m\u00e1s fea que de costumbre. Quise pensar en los d\u00edas en que a\u00fan mam\u00e1 estaba viva. Hubiera podido ir a contarle lo que me ocurr\u00eda. Una mujer me amenaza, le dir\u00eda. Ella se sentar\u00eda tratando de parecer imperturbable, pero en el fondo de sus consejos yo adivinar\u00eda lo que siempre hab\u00eda pensado: me cre\u00eda un incapaz. No incapaz para trabajar: un incapaz para vivir sin p\u00e1nico. Ella sab\u00eda que cada tanto yo estar\u00eda all\u00ed, sentado a su lado, para pedir consuelo por alg\u00fan desequilibrio emocional. En el fondo los dos sab\u00edamos que cuando muriera, una parte de m\u00ed no podr\u00eda flotar con naturalidad. Ten\u00eda un fallo en uno de los remos y el bote siempre estar\u00eda a punto de naufragar. Anocheci\u00f3.<\/p>\n<p>Me levant\u00e9 del banco y ech\u00e9 a andar hacia la casa de mam\u00e1. Quer\u00eda llamar a Rosa y pedirle una explicaci\u00f3n. Me sent\u00eda amenazado por su carta. No dudaba ni un segundo que era su manera de hacerme sentir inerme. Ella hab\u00eda aprendido a conocerme en las noches en que yo sal\u00eda corriendo por calles para evitar verla en la felicidad de las fiestas. No s\u00e9 por qu\u00e9 me atacaban los celos. Tampoco porque echaba a correr como un poseso. Terminaba al otro d\u00eda destrozado, con el coraz\u00f3n lati\u00e9ndome despacio, como un bal\u00f3n gastado lleno de agua. Era lunes y las calles comenzaban a estar vac\u00edas a eso de las ocho. No sab\u00eda ad\u00f3nde ir ni qu\u00e9 hacer. Era un moscard\u00f3n encerrado en un frasco vac\u00edo. Me daba contra las paredes al recordar la nota.<\/p>\n<p>Rosa no dej\u00f3 la nota. Eso fue lo que me dijo al no soportar el zumbido e ir hasta su casa a eso de las diez de la noche. Estaba acostada leyendo <em>El coraz\u00f3n es un cazador solitario <\/em>de <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Carson_McCullers\">Carson McCullers.<\/a> Intent\u00e9 recordar algo de la trama.<\/p>\n<p>S\u00f3lo aparec\u00edan unos caballos. Un bar. Un tono decididamente escueto. Me sent\u00e9 a su lado y le ped\u00ed una explicaci\u00f3n. \u00c1ngel, est\u00e1s chiflado. Ser\u00eda incapaz. No seas tonto, dame un abrazo. Volv\u00ed a sentirme parte del mundo del que hab\u00eda sido expulsado con una nota. Sent\u00ed calor y me recost\u00e9 a su lado. Quise creer que todo volver\u00eda a la normalidad. Y as\u00ed fue. Despertamos e hicimos el amor y nos miramos con ojos de no querernos separar nunca m\u00e1s. Cuando ella se encerr\u00f3 en el ba\u00f1o a canturrear alguna canci\u00f3n pens\u00e9 en los dos d\u00edas anteriores. En el bienestar del domingo. En el malestar del lunes. Estaba buscando el equilibrio y cre\u00eda que pod\u00eda encontrarlo entre el calor de un abrazo y el dolor de un balazo. Pensaba que pod\u00eda vivir en la hendija: justo en el centro. Siempre estaba imagin\u00e1ndome como alguien que no era. Necesitaba mi cuota de dolor y de amor, siempre en las justas proporciones. Como en una receta, cuando alguna de las cantidades no era equilibrada, yo comenzaba a emprender la fuga.<\/p>\n<p>Rosa sali\u00f3 del ba\u00f1o y me dirigi\u00f3 una mirada. Parec\u00eda enamorada. Yo lo estaba, de alguna manera, a mi manera. Habr\u00eda querido ser como Frank Sinatra y cantar <em>A mi manera <\/em>y creer que el mundo podr\u00eda ajustarse como un guante a los deseos y sue\u00f1os. Me levant\u00e9 y me met\u00ed en el ba\u00f1o. El agua estaba hirviendo. Comenc\u00e9 a silbar <em>My Way<\/em>. Me sent\u00ed parte del mundo. Me sent\u00ed plet\u00f3rico. Me sent\u00ed amado y redimido y fuera del dolor. Me jabon\u00e9 como queriendo quitar de m\u00ed el sentimiento de soledad que me hab\u00eda embargado desde el domingo. Me quem\u00e9 con el agua y quise gritar: Rosa te amo. No lo hice. En cambio sal\u00ed, me sequ\u00e9 la piel frente al espejo, le di las gracias a mi madre que estar\u00eda mir\u00e1ndome desde alg\u00fan lugar y sal\u00ed dispuesto a prometer que pasar\u00eda el resto de mis d\u00edas con Rosa.<\/p>\n<p>No pude hacerlo. Rosa no estaba y en cambio hab\u00eda una nota, id\u00e9ntica a la del d\u00eda anterior, pero esta vez con las palabras: \u201cNo vuelvas m\u00e1s, era mi manera de decir adi\u00f3s\u201d.<\/p>\n<p><strong>Juan David Correa<\/strong> (Bogot\u00e1, 1976). Literato de la Universidad de los Andes. Ha sido\u00a0periodista cultural en medios como <em>El Espectador <\/em>y <em>Cromos<\/em>. Desde 2004 publica una\u00a0columna semanal sobre literatura en <em>El Espectador. <\/em>Desde 2005 es editor de\u00a0<em>Arcadia<\/em>,\u00a0el suplemento cultural de la revista <em>Semana<\/em>. Ha escrito en revistas como\u00a0<em>Semana <\/em>y\u00a0<em>Soho<\/em>. Ha publicado tres libros: <em>Las bibliotecas cuentan <\/em>(cr\u00f3nicas sobre bibliotecarios\u00a0colombianos) Fundalectura, MinCultura 2004; <em>Pedro Almod\u00f3var, alguien del mont\u00f3n <\/em>(ensayo biogr\u00e1fico) Panamericana 2005; <em>Todo pasa pronto <\/em>(novela) Alfaguara 2006.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rosa vino a decirme lo que ya sab\u00eda: que nuestro corto noviazgo hab\u00eda terminado. Lo supe desde la noche en que le dije que la odiaba. Lo supe al amanecer cuando empac\u00f3 sus cosas en la maleta negra que usaba cada vez que dorm\u00eda en mi casa. No quise que me diera explicaciones. Mir\u00e9 el aro del bombillo y vi a una polilla revoloteando. Le dije lo que quer\u00eda o\u00edr. A las mujeres siempre les gusta que uno se compadezca. Es una manera de afirmarse en el mundo. De sentir que tienen el control. Fumamos un cigarrillo sobre el sof\u00e1 rojo. Ninguno de los dos llor\u00f3 ni se quej\u00f3. El silencio se instal\u00f3 entre los dos. Pasaron dos minutos. Me levant\u00e9, le di un beso en la frente y fui hasta mi cuarto en donde me estir\u00e9 sobre la cama. Unos segundos despu\u00e9s o\u00ed la puerta cerrarse. Todo termin\u00f3, me dije, expirando, como si quisiera contener el dolor en una bocanada. 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