LA MÚCURA ¿UNA UNA INNOVACIÓN SOCIAL?

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Escrito por: María Paola Herrera Valencia

Estudiante Maestría en Gerencia para la Innovación Social

“We love ‘disruptors’. But it’s regular people who keep the world afloat”  David Ferguson

En el momento en el que mi profesora de Innovación Social twitteó este artículo de David Ferguson http://bit.ly/1TXEOrG, supe sobre qué haría mi primera entrada de blog. De inmediato recordé lo difícil que ha sido que las personas comprendan la importancia, la seriedad y la rigurosidad del trabajo desarrollado con La Múcura, del cual participe durante dos años, y aún lo sigo haciendo en condiciones diferentes. Y es que cuando dices que este trabajo implicó un viaje por Suramérica durante este tiempo, ganan los estereotipos sobre hippies y mochilers, y tengo qué decir que a ests últims les admiro, porque en su cotidianidad en condición de viaje, rompen más paradigmas y asumen más retos que muchas de las personas que tienen un trabajo estable y “serio”. Entrando en el tema que quiero abordar, mi intención a continuación es dar a conocer el trabajo del colectivo colombiano La Múcura y su proyecto de investigación Rais Arte en Suramérica, y dejar la reflexión sobre si podemos caracterizar este proceso como una innovación, pues tal como menciona David Ferguson en su artículo, no creo que solo sean los grandes héroes y las grandes heroínas son quienes están generando un impacto y cambiando paradigmas en esta sociedad, que cada vez necesita más gente común que piense diferente.

La Múcura, constituida como una ONG en el año 2013 está comprometida con la relación que existe entre el arte y los procesos de transformación social. Con este propósito en la mira, nace RAIS[1] Arte en Sur América, un proyecto de investigación que tiene como principal objetivo sistematizar la experiencia de 20 organizaciones culturales a lo largo de los 10 países suramericanos, a excepción de las Guayanas. Los criterios para la gestión de las organizaciones han sido amplios, estas deben liderar procesos que estén generando impacto social en sus comunidades y su contexto y que lo hagan a partir de procesos que involucren el arte y las expresiones culturales. Para empezar a adentrarnos en los temas propios de la innovación es preciso profundizar en la metodología de investigación, pues es en gran parte la razón por la que me atrevo a caracterizar este proyecto como una innovación social.

La sistematización de experiencias es una metodología de investigación cualitativa que comienza a abordarse desde los años sesenta, ya en los años ochenta es ampliamente aceptada entre las diferentes iniciativas de base trabajando desde la educación popular. Surge por varias razones, entre las que se encuentra la preocupación de los profesionales que trabajan directamente con grupos populares en la implementación de proyectos y acciones que buscan contribuir a mejorar sus condiciones de vida, a partir de una metodología profundamente contextualizada, como alternativa a la implementación de metodologías extranjeras, principalmente provenientes de Europa y Norteamérica, esta metodología nace a partir de la inquietud por generar conocimiento con un enfoque práctico.

Con esta metodología como fundamento del proyecto ¿Será posible quedarse en casa e investigar a partir de herramientas digitales? La respuesta es no, y las personas que integran este colectivo lo tuvieron claro. Es así como comienza una larga historia de viaje por Suramérica que aún está lejos de su final.

Uno de los pilares de la sistematización de experiencias es la cercanía con la comunidad, es por esto que este colectivo en circulación ha recorrido hasta hoy más de 20 ciudades a lo largo de Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil, Uruguay, Chile y Argentina, viviendo la cotidianidad de diversas organizaciones culturales, y generando fuertes lazos que le han permitido acompañar los procesos de estas organizaciones desde adentro, con el firme propósito de generar conocimiento a partir de la experiencia, conocimiento que surge de las mismas organizaciones y que es implementado para mejorar en sus propios procesos. ¿Quién conoce mejor sus formas de hacer, pensar y actuar que las mismas personas al interior de la organización? Es por esto que la metodología de investigación de la Múcura, que como mencionamos antes nace de la sistematización de experiencias, pero hay que aclarar que en su implementación, se ha nutrido de muchas otras fuentes y disciplinas, ha sido claro que los saberes de la comunidad son igual de importantes que los conocimientos teóricos que dan base al marco conceptual del proyecto. Es fácil darse cuenta como conviven estas ideas, pues la voz de la comunidad está siempre presente y en dialogo constante con la teoría, de manera que se problematizan las situaciones de la cotidianidad con el fin de generar espacio para la auto-reflexión. Este proceso ha dado origen a una serie de documentos que relatan la experiencia del colectivo en las diferentes organizaciones que se han acompañado. Estos macro-relatos construidos con la comunidad se presentan en documentos ilustrados que hablan desde la gente y para la gente, con un lenguaje común e inclusivo y no podrían tener otro nombre que “Las Voces de (_______)” De Clave de Sur, en Guayaquil, Ecuador; de NYI Escuela de Arte, en la Amazonía peruana; de Yanapay en Cusco, Perú; de Martadero y Arterias Urbanas en Bolivia, de Bochín en Paraguay, de Fora do Eixo en Brasil, de Lengue Lengue y Pintando en Uruguay, de LoF en Argentina y de Balmaceda en Chile. Este recorrido ha permitido construir una metodología flexible y de fácil adaptación a los diferentes contextos y las diferentes comunidades. Para conocer los documentos de investigación, visita http://lamucura.org/rais.

Haciendo referencia a la definición que propone el Centro para la Innovación Social de Toronto en la que enuncian que la Innovación Social se da por ideas nuevas que resuelven desafíos sociales, culturales, económicos y ambientales para el beneficio de las personas y del planeta surge la duda de la dimensión de las organizaciones, empresas, iniciativas o emprendimientos que pueden ser considerados como innovaciones. Es claro que la Múcura es social tanto en sus medios como en sus fines, pero en su accionar ¿estará alterando los sistemas existentes, las percepciones, los comportamientos y las estructuras, tal como propone esta definición.?

Cada vez es más evidente la gran importancia que tiene el arte y la cultura como vehículos de desarrollo social, en esto estamos de acuerdo. Obviamente cada persona que lea esta entrada podrá mencionar al menos un ejemplo; sin embargo, ¿quiénes se están preocupado por generar bibliografía y sobre todo por la sistematización de estos procesos que cada vez son más? ¿Qué está pasando en Suramérica cuando hablamos de arte y transformación social? Bueno, pues la Múcura está trabajando en responder estas inquietudes, con el objetivo de generar un mapeo de experiencias suramericanas que estén generando impacto y más allá de un mapeo, poder generar un diálogo académico sobre el papel del arte en los procesos de transformación social. Material que dé cuenta de la transformación que genera el arte, no solo como un rompe hielos a la hora de trabajar con las comunidades, sino en la transformación profunda que genera a nivel individual, colectivo y contextual (Múcura, 2013). Ahora, cómo se benefician las organizaciones de esta intervención. Esto lo viví en carne propia, y tal vez por esto mismo saltan en mi cabeza un montón de ejemplos, que para muchos podrán ser insulsos, pero para mí evidencian esos pequeñísimos cambios que ayudan a que construyamos juntos ese mundo que queremos. La Múcura, a partir de su metodología en el acompañamiento y la participación en los procesos de las organizaciones, abre espacios, que en la cotidianidad y el trabajo diario, muchas veces se pierden o se ponen en un segundo lugar, estos espacios de auto-reflexión permiten enfocarse en el momento presente y dar una mirada proyectiva hacia los propósitos reales. A partir de un proceso participativo de recolección de información cualitativa, en el que se desarrollan diferentes tipos y talleres creados por el equipo Múcura, entrevistas en profundidad, historias de vida, líneas de tiempo, entre otros, es posible tejer, en conjunto con la comunidad un macro-relato, en su propia voz.

Para el equipo mucureño, la empatía es siempre la clave para generar una buena, bonita y sustanciosa experiencia. De hecho hace parte de la metodología, pues en la primera semana del mes en el que se convive con la comunidad la consigna es conocerse, prácticamente hacer amigas y amigos. Viniendo de un país lejano, lleno de particularidades como Colombia, con el corazón y la mente abiertos (porque no hay otra forma de viajar) no es difícil cumplir este propósito. La Múcura va tejiendo por Suramérica una red de personas que creen que la cultura está cambiando el mundo y que viven en su cotidianidad la relación entre arte y transformación. Es una red de amigos, de personas comunes con grandes sueños y que en sus contextos están generando pequeños cambios y lo están haciendo colectivamente, pues el poder de lo colectivo es imparable.

Asumir este proceso que implica un viaje que inicialmente estaba contemplado para un periodo de dos años y que se ha extendido, ya lleva casi 3 años y 11 organizaciones sistematizadas. No ha sido fácil, de las 6 personas que iniciaron el viaje ahora quedan 2. Todo ha cambiado en este tiempo y los aprendizajes han sido innumerables. ¿Para volver al punto, qué paradigmas estarán cambiando estas personas? Yo considero que son muchos, de ahí el riesgo que asumo por presentar este proyecto como una innovación. El primero es un desafío personal que rompe el paradigma de lo “Profesional”. Estos jóvenes que para el 2013 eran recién egresados de sus universidades, ya algunos ubicados en empresas, decidieron hacer un quiebre en su cotidianidad, haciendo frente a los estereotipos de la sociedad. En general fue difícil comunicar a familiares, amigos y colegas, la rigurosidad y la seriedad que caracterizaba a este proyecto. Una de las principales dudas fue la sostenibilidad económica y de acá se desprende un tema importante, con el que quiero ir cerrando y que desde mi punto de vista rompe otro paradigma, y es que siempre me he preguntado. ¿Cómo generar procesos innovadores sin innovar en la forma como entendemos el dinero, sin bajarlo del pedestal que ocupa como motor imprescindible de la materialización de nuestras ideas y sueños? Pues la Múcura sabía que esa era una de las principales metas del viaje, lo interesante fue el aprendizaje que se dio en conjunto con cada organización que hizo parte del proyecto, pues es claro que este tema es uno de los aspectos más complejos para las organizaciones del sector cultural. Para lograr la autofinanciación del viaje, este colectivo creó una figura llamada Guaccca: Conciencia, Confianza y Creatividad económica. Conciencia de nuestras necesidades reales, ¿Necesitamos dinero? ¿Necesitamos dinero para comprar comida? o ¿necesitamos comida? Confianza en que una mente abierta y positiva manda un mensaje claro al Universo y este siempre le responde en abundancia, es decir, cuando viajas, ten por seguro que nunca te va a faltar nada. Confianza en las personas que no te conocen y que te abren su casa para acogerte y además su corazón para conocerte. Sip, cuando estés de viaje, no tengas miedo, lo más seguro es que aparezca algún ángel con pinta de mochilero y te salve de pasar una noche en un parque, y creatividad, ¿qué sabemos hacer, será que nuestras habilidades, capacidades y nuestra creatividad son recursos que tienen un valor? Si lo tienen, para Lala Dehenzelin, que lleva muchos años investigando en temas de economía colaborativa, estos son recursos culturales, que para una comunidad de práctica tienen un valor equivalente al dinero. Ojo que esto no ha sido fácil, por ejemplo la gasolina de la Tractomúcura (El land Rover Defender modelo 95 que ha facilitado toda esta experiencia) nunca la pudimos truequear por ninguna habilidad. Es decir, debemos encontrar formas creativas de poner en diálogo estos mecanismos de sostenibilidad y las formas tradicionales del sistema en el que estamos inmersos. Pero es posible, dos años de viaje por Suramérica (que para alguns no han finalizado), innumerables paisajes, miles de amigas y amigos, diferentes sabores y climas, dan cuenta de esto.

Fuentes

[1] RAIS (Realidades Alternativas de Intervención Social) (Múcura, 2013)

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