Durante la plenaria de apertura de la Conferencia Anual de la International Association for Feminist Economics (IAFFE), expertas internacionales advirtieron sobre el crecimiento de las redes antigénero y coincidieron en que fortalecer las alianzas entre el feminismo, los movimientos por la justicia social y las instituciones democráticas será fundamental para enfrentar este escenario.
Los movimientos antigénero se han convertido en una de las principales amenazas para la igualdad de género y la democracia en distintos países del mundo. Esa fue una de las principales conclusiones de la plenaria de apertura de la Conferencia Anual de la International Association for Feminist Economics (IAFFE), que reúne en Cali a investigadoras, académicas, activistas y responsables de políticas públicas para debatir cómo la economía feminista puede aportar a la construcción de sociedades más justas, democráticas y sostenibles.

La alerta fue planteada por Constanza Tabbush, especialista de investigación de ONU Mujeres, quien explicó que estas organizaciones ya no corresponden a expresiones aisladas de rechazo a la igualdad de género, sino que conforman una red transnacional altamente coordinada.
Durante su intervención señaló que, solo en Europa, los movimientos antigénero recibieron más de 1.300 millones de dólares entre 2019 y 2023, provenientes de partidos políticos, organizaciones religiosas, fundaciones privadas y actores estatales que comparten estrategias, financiación y narrativas para frenar los avances en derechos de las mujeres y de las personas LGBTIQ+. Según advirtió, esta capacidad de articulación les ha permitido influir en políticas públicas, debilitar instituciones democráticas y disputar espacios de decisión en distintos niveles de gobierno.
La investigadora explicó que estos movimientos han logrado capitalizar las incertidumbres económicas y sociales mediante discursos que presentan a la familia tradicional como respuesta a problemas como la inseguridad económica, las migraciones o la crisis demográfica, mientras promueven políticas que reducen la inversión pública, debilitan los sistemas de cuidado y restringen derechos.

Frente a este panorama, las panelistas coincidieron en que la respuesta no puede limitarse a la defensa de los derechos de las mujeres de manera aislada. Jayati Ghosh, profesora de la Universidad de Massachusetts Amherst, sostuvo que la economía feminista debe fortalecer sus vínculos con los movimientos por la justicia social, climática, laboral y de derechos humanos, así como con las nuevas generaciones, para construir respuestas colectivas frente al aumento de las desigualdades y el debilitamiento democrático.
La economista señaló que el feminismo ha logrado transformar la manera en que el mundo comprende la economía al visibilizar el valor del trabajo de cuidado, cuestionar la desigualdad como una decisión política y demostrar que el bienestar de las personas debe ocupar un lugar central en las políticas económicas. Sin embargo, advirtió que el contexto actual exige ampliar las estrategias y construir alianzas más sólidas para proteger los avances alcanzados.
En la misma línea, Valeria Esquivel, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), destacó que América Latina ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de políticas públicas de cuidado, convirtiendo este tema en un asunto de justicia social y de responsabilidad compartida entre el Estado, el mercado, las familias y las comunidades. Según explicó, consolidar sistemas nacionales de cuidado constituye una de las transformaciones institucionales más importantes impulsadas por la economía feminista en la región.
La apertura de la conferencia estuvo a cargo de Natalia Escobar, directora del Observatorio para la Equidad de las Mujeres de la Universidad Icesi y la Fundación WWB Colombia, quien recordó que el encuentro se realiza en un contexto marcado por el fortalecimiento de discursos que cuestionan derechos, desacreditan el conocimiento científico y atacan los estudios de género.
«Producir conocimiento también es una forma de resistencia. Investigar también es defender la democracia. Hacer economía feminista sigue siendo una apuesta profundamente transformadora», afirmó.
Escobar destacó además que el trabajo desarrollado por el Observatorio en el Pacífico colombiano ha permitido aprender de organizaciones de mujeres negras, indígenas, campesinas y cuidadoras, cuyas experiencias demuestran que la economía feminista no es solamente un campo académico, sino una práctica cotidiana que pone en el centro el cuidado, la organización comunitaria, la defensa del territorio y la construcción de paz.

La plenaria inaugural, titulada «Economía feminista y cambio transformador: ideas, políticas y movimientos», abrió oficialmente la edición 2026 de la Conferencia Anual de la IAFFE, que se realiza del 9 al 11 de julio en la Universidad Icesi. Durante tres días, especialistas de más de 90 países compartirán investigaciones y experiencias sobre economía del cuidado, desigualdades, democracia, políticas públicas, trabajo, cambio climático y justicia económica, reafirmando el papel de la economía feminista como una herramienta para imaginar y construir alternativas frente a los desafíos contemporáneos.

