Durante la plenaria de clausura de la Conferencia Anual de la International Association for Feminist Economics (IAFFE), expertas de Brasil, Estados Unidos e India coincidieron en que comprender el crecimiento de los movimientos contrarios a la igualdad de género exige mirar más allá de los discursos y analizar las transformaciones económicas que están redefiniendo la política contemporánea.
¿Por qué están creciendo los movimientos que buscan revertir los avances en igualdad de género? Aunque en los últimos años la investigación ha profundizado en sus discursos, estrategias, organizaciones y redes internacionales, aún existe un aspecto poco explorado: las condiciones económicas que favorecen su expansión.
Esa fue la pregunta que orientó la plenaria de clausura de la Conferencia Anual de la International Association for Feminist Economics (IAFFE), realizada en la Universidad Icesi, donde investigadoras de Estados Unidos, Brasil e India analizaron cómo la desigualdad económica, la precarización del trabajo y las nuevas formas del capitalismo contemporáneo están transformando la política de género en distintas regiones del mundo.
La sesión, presidida por Sakiko Fukuda-Parr, presidenta de IAFFE, propuso ampliar el análisis de la llamada «reacción antigénero», un fenómeno que ha sido ampliamente estudiado desde sus dimensiones políticas y culturales, pero cuya base económica aún requiere mayor investigación.

La desigualdad también reorganiza la política
La economista Nancy Folbre, profesora emérita de la Universidad de Massachusetts Amherst, sostuvo que el crecimiento de estos movimientos no puede entenderse sin analizar el aumento de la desigualdad y la concentración de la riqueza.
Según explicó, las reacciones conservadoras reorganizan las alianzas políticas aprovechando las divisiones sociales y la inseguridad económica, con lo que logran desplazar el debate desde las causas estructurales de la desigualdad hacia conflictos relacionados con el género, la raza o la identidad.
Durante su intervención recordó que el 1% más rico concentra cerca de la mitad de los activos del mundo, mientras amplios sectores de la población enfrentan una creciente incertidumbre económica, un escenario que facilita la aparición de narrativas polarizantes.
Para Folbre, comprender estas dinámicas resulta fundamental para fortalecer las solidaridades sociales y construir respuestas democráticas frente al avance de los movimientos antigénero.

Cuando el género se convierte en el centro del conflicto político
Desde América Latina, la politóloga Flavia Biroli, profesora de la Universidad de Brasilia, explicó que la expansión de la extrema derecha en la región también está relacionada con las profundas transformaciones sociales ocurridas durante las últimas décadas.
El aumento de la participación política de las mujeres, las políticas de inclusión, el acceso de poblaciones históricamente excluidas a la educación superior y el reconocimiento de nuevos derechos modificaron las relaciones sociales, pero también despertaron resistencias que hoy son aprovechadas políticamente.
La investigadora señaló que estos movimientos canalizan malestares económicos y sociales a través de discursos sobre la familia, la seguridad y los valores tradicionales, y convierten el género en el principal escenario de disputa.
En lugar de cuestionar las estructuras que producen desigualdad, explicó, estas narrativas desplazan la discusión hacia conflictos culturales que enfrentan a distintos sectores de la sociedad y fortalecen proyectos políticos autoritarios.

El empoderamiento también puede convertirse en una estrategia política
La economista Sheba Tejani, del King’s College London, presentó el caso de India para mostrar que las respuestas conservadoras no siempre consisten en oponerse abiertamente a los derechos de las mujeres.
En algunos contextos, explicó, los gobiernos incorporan el lenguaje del empoderamiento femenino mientras mantienen políticas que refuerzan los roles tradicionales de género y evitan transformar las desigualdades estructurales.
Programas de apoyo económico dirigidos a mujeres pueden coexistir con reformas que limitan derechos, fortalecen mecanismos de vigilancia sobre la vida privada y reproducen relaciones desiguales de poder.
Para la investigadora, este tipo de estrategias demuestra que el concepto de empoderamiento puede ser utilizado políticamente sin traducirse necesariamente en mayor autonomía, redistribución del poder o igualdad de derechos.

Un nuevo campo de investigación para la economía feminista
Las tres panelistas coincidieron en que comprender el auge de los movimientos antigénero exige incorporar con mayor fuerza el análisis económico al debate. La desigualdad, la precarización laboral, la concentración de la riqueza y las transformaciones del capitalismo contemporáneo no solo afectan las condiciones de vida de millones de personas, sino que también moldean las narrativas políticas y las formas de movilización social.
En ese sentido, la economía feminista plantea ampliar la investigación sobre estas dinámicas para entender cómo interactúan los factores económicos con los discursos conservadores y, a partir de ello, fortalecer alianzas entre los movimientos feministas, las organizaciones por la justicia social, los derechos humanos y la democracia.
La plenaria de clausura invitó a mirar más allá de los discursos de los movimientos antigénero para comprender las condiciones económicas que están favoreciendo su expansión y los desafíos que esto plantea para quienes trabajan por sociedades más igualitarias.

