Después de haberme dado un pequeño viaje por algunas partes de Alemania y República Checa a finales de febrero, finalmente llegué a Magdeburgo, Alemania, en donde estoy llevando a cabo mi intercambio académico. Los primeros días fueron un poco retadores, dado que había muchas dinámicas que no entendía muy bien, pero con el paso del tiempo me fui adaptando y acomodando debidamente en mi nuevo hogar. En las primeras semanas alcancé a ir un par de veces al gimnasio y a entrenar voleibol a través de las actividades que brinda la Universidad Otto Von Guericke, sin embargo, a mediados de marzo todo esto se canceló por la agudización de la pandemia. El inicio de clases estaba planeado para el 6 de abril y fue pospuesto para el 20 en modalidad virtual, por lo que no alcancé a socializar ni con otros alumnos de intercambio, ni con mis compañeros de clase. Esto último supuso un reto mayor a afrontar, pero me obligó a ser más autodidacta, proactivo y aprovechar el tiempo libre ilimitado, que antes me hacía tanta falta. Actualmente me dedico todos los días a hacerme las comidas, llevar a cabo las clases de la universidad, entrenar, hacer cursos en línea y editar vídeos, en búsqueda de ser lo más productivo posible. Hasta ahora las clases virtuales han sido fáciles de llevar, dado que son pregrabadas y las puedo manejar a mi ritmo, por lo que decidí ver más de las planeadas, en búsqueda de aprovechar el tiempo y adelantar un poco. Lamentablemente la mayoría de los cursos son en inglés, por lo que no he podido mejorar significativamente mi alemán, pero trato de ver series y películas alemanas para practicar un poco. Por otro lado, fue muy llamativo ver como los árboles y las flores recobraban sus colores con el llegar de la primavera y, aunque no paso mucho tiempo por fuera debido a la situación, los días soleados y el cielo azul dan una sensación nostálgica de felicidad, que disfruto desde mi ventana.


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