El informe analiza el mototaxismo no solo como un problema de movilidad, sino como una respuesta estructural a la falta de empleo digno y a las deficiencias del transporte público en Cartagena. Para muchos hombres jóvenes y adultos, la motocicleta es su principal herramienta de trabajo y el único medio para generar ingresos diarios en una ciudad con altos índices de pobreza.
Los moto-trabajadores en Cartagena suelen ser hombres que ven en esta actividad una autonomía que el mercado laboral formal no les ofrece. Muchos de ellos llegaron a este oficio tras perder empleos anteriores o debido a la facilidad de adquirir una motocicleta mediante créditos, convirtiéndose en el sustento de hogares con múltiples dependientes.
Este grupo enfrenta riesgos muy específicos comparados con los vendedores ambulantes:
Seguridad vial: están expuestos constantemente a accidentes de tránsito, lo que representa una amenaza directa a su integridad física y a su único medio de producción.
Salud física: el estudio señala afecciones por la exposición prolongada al sol, al ruido, a la contaminación del aire y a posturas ergonómicas inadecuadas que generan dolores lumbares crónicos.
Estigmatización: existe una tensión constante con las autoridades debido a las restricciones de movilidad (como el "día sin moto" o prohibiciones en ciertas zonas), lo que genera una percepción de persecución en lugar de acompañamiento.
El informe revela que los moto-trabajadores operan en una economía del "día a día":
Gestión precaria: rara vez llevan un registro de gastos (combustible, mantenimiento, cuotas de la moto), lo que dificulta saber su ganancia real.
Créditos informales: para cubrir reparaciones urgentes o el mantenimiento del vehículo, muchos recurren a préstamos informales con intereses muy altos, lo que los mantiene en un círculo de deuda.
El estudio concluye que las medidas prohibitivas no han sido efectivas para solucionar el problema. En su lugar, propone:
Reconocimiento y caracterización: integrar a los moto-trabajadores en los diálogos de movilidad urbana.
Programas de seguridad vial: capacitación técnica para reducir la accidentalidad.
Inclusión financiera y seguridad social: crear mecanismos para que puedan aportar a salud y pensiones de manera flexible, protegiéndolos ante la invalidez o la vejez.
En resumen, el documento invita a ver al mototaxista como un trabajador que presta un servicio demandado por la ciudadanía y que requiere garantías mínimas de seguridad y dignidad, más allá de la regulación del tráfico.