El documento “Cali da miedo” analiza la problemática de la seguridad ciudadana en Santiago de Cali, una ciudad históricamente marcada por altos niveles de violencia, desigualdad y vulnerabilidad social. Desde la década de 1980, los homicidios con armas de fuego se consolidaron como una de las principales causas de muerte, fenómeno asociado inicialmente al narcotráfico y que continúa siendo uno de los retos más importantes de la política pública local. En 2021, Cali fue catalogada como una de las ciudades más violentas del mundo, lo que evidencia la persistencia del problema pese a los esfuerzos institucionales.
El informe examina el estado de la seguridad en el marco del Plan Integral de Seguridad y Convivencia Ciudadana (PISCC) 2020–2023, el cual orienta la acción del gobierno local a través de dimensiones como la protección de la vida, el patrimonio, la convivencia, la cultura de la legalidad y la gobernanza de la seguridad. A pesar de estas estrategias, los resultados han sido limitados: después de varios años de reducción, los homicidios aumentaron nuevamente en 2021, afectando principalmente a hombres jóvenes entre los 15 y 30 años, y concentrándose en horarios nocturnos.
Además del homicidio, el hurto se presenta como un delito en constante crecimiento, siendo el atraco la modalidad más frecuente. Este aumento coincide con tendencias observadas en otras grandes ciudades del país, aunque contrasta con el caso de Medellín, donde se registraron reducciones. El documento señala que, si bien tradicionalmente la violencia en Cali se ha explicado por factores como el narcotráfico y el conflicto armado, estudios recientes muestran que una proporción significativa de los homicidios responde a dinámicas de violencia social, como conflictos interpersonales, intolerancia, riñas y violencia intrafamiliar, lo que resalta la importancia de los factores culturales y de convivencia.
El análisis también evidencia una fuerte concentración territorial de la violencia, especialmente en comunas del oriente y la ladera de la ciudad, zonas caracterizadas por altos niveles de pobreza, densidad poblacional y vulnerabilidad socioeconómica. Estas dinámicas territoriales explican por qué la inseguridad no se distribuye de manera homogénea en la ciudad.
Un eje central del informe es la relación entre percepción y realidad de la seguridad. Los datos del estudio Calibrando 2021 muestran que la mayoría de los caleños considera que la seguridad ha empeorado desde la pandemia y expresa bajos niveles de satisfacción con la gestión gubernamental en esta materia. La percepción de inseguridad está estrechamente relacionada con la presencia de delitos de alto impacto: en comunas donde el homicidio es frecuente, este delito tiene un peso determinante en la sensación de miedo; mientras que, en otras zonas, el alto número de hurtos explica la percepción negativa, incluso cuando los homicidios son menos comunes.
Finalmente, el documento concluye que la inseguridad y la percepción de inseguridad afectan directamente la calidad de vida, la confianza institucional, la gobernabilidad y la dinámica económica de la ciudad. Por ello, se recomienda que las políticas públicas de seguridad adopten un enfoque territorial, ajustado a las realidades específicas de cada comuna, y fortalezcan las estrategias de cultura ciudadana y convivencia, dado que una parte importante de la violencia en Cali tiene origen en conflictos sociales y problemas de interacción cotidiana. La recuperación y activación de los espacios públicos, junto con intervenciones preventivas integrales, se plantean como elementos clave para enfrentar el problema de la seguridad en la ciudad.