El estudio revela que en Medellín la venta informal es una actividad ejercida mayoritariamente por personas de mediana edad y adultos mayores. Se destaca una presencia significativa de mujeres, muchas de ellas jefas de hogar, que encuentran en la informalidad la flexibilidad necesaria para combinar el trabajo con las labores de cuidado familiar. Al igual que en otras ciudades, la motivación principal no es la preferencia, sino la necesidad ante las barreras de entrada al mercado laboral formal.
Un hallazgo preocupante es el deterioro físico de estos trabajadores. Tras años de exposición a la contaminación, el ruido, los cambios de clima y largas jornadas de pie, los vendedores reportan problemas crónicos de salud. La situación se vuelve crítica al analizar la seguridad social: aunque la mayoría accede a salud a través del régimen subsidiado, la cobertura en pensiones y riesgos profesionales es casi inexistente, lo que condena a esta población a una vejez sin ingresos estables.
El informe describe una operación económica muy precaria y de baja escala. Los vendedores en Medellín suelen:
carecer de registros: a mayoría no lleva una contabilidad formal; el éxito del día se mide simplemente por tener dinero suficiente para reponer mercancía y cubrir los gastos básicos del hogar.
Enfrentar la exclusión financiera: al no tener soportes de ingresos, quedan fuera del sistema bancario, lo que los empuja a créditos informales con tasas de interés abusivas para poder surtir sus puestos.
Vivir en la incertidumbre: su estabilidad depende totalmente del clima, la seguridad en el sector y las políticas de control del espacio público.
El documento concluye que Medellín necesita ir más allá del control del espacio público y enfocarse en la protección social y el fortalecimiento productivo. Las recomendaciones sugieren que el gobierno local debe facilitar el acceso a microcréditos para eliminar el "gota a gota", ofrecer programas de capacitación técnica y, sobre todo, diseñar esquemas de ahorro para la vejez adaptados a los ingresos variables de los trabajadores informales.
En resumen, el informe hace un llamado a dejar de ver al vendedor informal como un obstáculo urbano y empezar a verlo como un trabajador vulnerable que requiere puentes reales hacia la formalidad y la dignidad.