
La jornada del BioTech Fest 2025-02 fue un recordatorio de todo lo que ocurre cuando la ciencia se abre paso fuera del laboratorio y se encuentra directamente con la curiosidad de la gente. Desde el primer momento, el pasillo del Edificio de Tecnoquímicas se llenó de visitantes atraídos por colores, aromas, texturas y preguntas: ¿Cómo hicieron esto? ¿En serio esto se fermenta? ¿Esto también es biotecnología?
Y allí estaban los estudiantes, preparados para explicar, para compartir y, sobre todo, para mostrar el fruto de varias semanas de trabajo técnico, reflexión y creatividad.
El curso Biotecnología y Emprendimiento no busca únicamente enseñar procesos de fermentación o biotransformación. Su propósito es que los estudiantes entiendan que la ciencia también es una forma de crear, de emprender y de solucionar problemas reales con los recursos que tenemos a la mano. El BioTech Fest es el momento en el que esas ideas dejan de estar en el papel y se vuelven productos tangibles, probados por personas reales.


La afluencia superó las expectativas y, en muchos casos, la mercancía se agotó apenas iniciada la feria. La respuesta del público fue entusiasta y, en algunos momentos, sorprendida por el nivel de creatividad y técnica demostrada. Y razones no faltaban:
Tinto Campesino sorprendió a buena parte del público al reinterpretar el café en formato de vino, mediante un proceso de fermentación controlada que rescata la complejidad aromática del grano tostado. Su sabor dulce y equilibrado, junto con el aroma intenso propio del café, generó una experiencia sensorial inesperada para muchos visitantes. La propuesta fue valorada como novedosa y arriesgada, y la reacción general del público destacó que este tipo de productos amplía creativamente las posibilidades de la biotecnología aplicada a ingredientes tradicionales y regionales como el café.
BeeTint llevó la biotecnología más allá de los alimentos, mostrando cómo los pigmentos naturales pueden estabilizarse y potenciarse mediante fermentación láctica para convertirse en un cosmético funcional. Su propuesta generó mucha curiosidad y abrió conversaciones sobre alternativas sostenibles a los productos convencionales de maquillaje. El público valoró la innovación, la naturalidad de la tinta y el enfoque ecológico, destacando lo llamativo del producto y el potencial que tiene dentro de la cosmética artesanal basada en bioprocesos.
Muu Bar ofreció una experiencia completa: un yogurt griego artesanal, cuidadosamente fermentado y filtrado, acompañado de una barra de toppings que permitía al visitante crear su propia combinación. La textura cremosa y el sabor fresco fueron ampliamente reconocidos, y la interacción directa con el producto fortaleció la percepción de calidad y transparencia en el proceso. La recepción del público reflejó una combinación de disfrute y sorpresa ante la posibilidad de personalizar un snack saludable elaborado íntegramente por los estudiantes.
Amaranta presentó un kéfir artesanal que destacó por su frescura, su identidad estética y su enfoque en el bienestar. Su stand transmitía una sensación de cuidado y naturalidad, lo que fortaleció la conexión entre el producto y su mensaje: “Florece en ti”. Los visitantes valoraron el sabor, la suavidad de los postres derivados y la claridad con la que el equipo explicó los beneficios probióticos del kéfir. La experiencia fue percibida como cálida y accesible, y muchos expresaron que era la primera vez que probaban un fermento de este tipo con tan buena aceptación.
Floré ofreció una soda fermentada refrescante, ligeramente ácida y naturalmente gasificada a partir de un ginger bug y jugos de frutas tropicales. Su carácter artesanal, su bajo contenido de azúcar y su perfil sensorial vibrante atrajeron rápidamente a quienes buscaban alternativas saludables a las bebidas comerciales. El público destacó el sabor equilibrado, la naturalidad del producto y la novedad de su proceso, lo que convirtió esta propuesta en una de las más comentadas dentro del enfoque de bebidas probióticas accesibles y refrescantes.

BioTech Fest fue todo un ejercicio de apropiación del conocimiento: los estudiantes no solo preparan un producto, también aprenden a explicarlo, defenderlo, mejorarlo y traducirlo para una audiencia diversa.
En esta edición, el entusiasmo del público fue evidente. Muchos visitantes se fueron sonriendo, probando por primera vez un kéfir, sorprendiéndose ante un vino de café, o preguntándose cómo la fermentación puede volver un pigmento vegetal más persistente en la piel. Los estudiantes, por su parte, vivieron el desafío de comunicar ciencia con claridad, de escuchar retroalimentación auténtica y de ver cómo sus ideas —que nacieron en una hoja de trabajo— se convirtieron en algo real y valorado por otros.

Esta práctica nos deja algo fundamental:
MOTIVACIÓN
Motivación para crear, para experimentar, para emprender, para usar la biotecnología como herramienta para transformar no solo alimentos o cosméticos, sino formas de pensar.
Y ese es el espíritu del curso: que cada estudiante reconozca que puede usar su creatividad, su criterio y sus habilidades para construir algo propio, útil y significativo.
En esta edición, se logró. Y se logró con creces.






























