Fusionando la química del siglo XIX con la expresión artística contemporánea

¿Puede un tubo de ensayo convertirse en un pincel y una reacción de transferencia de electrones en una obra de arte? En el departamento de Humanidades, Tecnología y Ciencias (HTC), los estudiantes de la Universidad Icesi cambiaron las pantallas por los reactivos químicos en una práctica de laboratorio dedicada a la cianotipia en conjunto a los profesores Roberto y Julieth. Este histórico proceso fotográfico produce imágenes monocromas en tonos azules profundos mediante reacciones con hierro, con el objetivo de unir la química inorgánica del siglo XIX con la expresión artística contemporánea.

Profesor Roberto en didáctica inmersiva de cianotipia

La Ciencia detrás del Azul: Entendiendo la Reacción Redox

El valor central de esta didáctica inmersiva radica en que la estética no está separada del rigor científico; en la práctica se refleja no solo la imagen final, sino el entendimiento profundo de la reacción redox (óxido-reducción) que la hace posible.

Durante la sesión, los estudiantes experimentaron cómo los fotones de luz ultravioleta reducen los compuestos de hierro, transformando los iones férricos en ferrosos. Al entrar en contacto con los reactivos en el soporte, esta alteración química da origen al famoso pigmento insoluble conocido como Azul de Prusia. Así, cada silueta y matiz azul revelado en el papel dejó de ser un accidente fortuito para convertirse en la evidencia tangible de un fenómeno químico comprendido y dominado en el laboratorio.

La experiencia guio a los estudiantes a través de una ruta precisa que desafió tanto su técnica científica como su sensibilidad artística:

  • Preparación en la Oscuridad: En un entorno de luz controlada, los estudiantes prepararon meticulosamente la solución fotosensible mezclando los compuestos de hierro y aplicando la emulsión de manera uniforme sobre el soporte.
  • Exposición y Diálogo con la Luz: Los participantes seleccionaron objetos y siluetas de la cotidianidad contemporánea para crear sus composiciones. Al exponer los soportes a la luz solar (radiación UV), iniciaron conscientemente la reacción redox, viendo cómo el material cambiaba de tono bajo el sol.
  • Lavado y Revelación: El agua actuó como agente de fijación, eliminando los reactivos sobrantes y dejando grabado el Azul de Prusia. En esta fase final, los estudiantes sustentaron el proceso científico subyacente, demostrando cómo la química del siglo XIX sigue siendo una herramienta vigente para la narrativa visual actual.

Esta práctica encarna el espíritu del departamento HTC: un espacio donde las ciencias exactas y la sensibilidad artística se potencian mutuamente. Al conectar una reacción redox con la creación de imágenes contemporáneas, los estudiantes demostraron que el conocimiento es más significativo cuando se experimenta y se comprende a través de la creatividad.

¿Puede una IA “sentipensar”? Un viaje del código al territorio

En un mundo que parece obsesionado con la capacidad de cómputo, donde medimos la inteligencia por la velocidad de los algoritmos, surge una pregunta incómoda: ¿Puede una mente pensar de verdad sin un cuerpo que sienta y un territorio que la sostenga?

Ese fue el punto de partida de nuestra Semana 9, una sesión conjunta entre los cursos de Máquinas, Pensamiento Mágico e IA y Guerras del Agua. Decidimos apagar las pantallas, salir al aire libre con 70 estudiantes y permitir que el cuerpo tomara la palabra a través de un Taller Sensorial de Cuerpo, Territorio y Sentipensar.

La sesión inició con una provocación directa: venimos de estudiar casos donde los chatbots parecen pensar, pero hoy probamos la tesis de Arturo Escobar. El pensamiento no es un decorado de la mente; es una condición biográfica y contextual. Como bien se planteó en la apertura: “En Guerras del Agua el territorio es lucha; en mi curso es la pregunta por lo humano que imagina la IA. Hoy, ambos mundos se tocan en el campus”.

La Experiencia: Cuatro Estaciones para Habitar el Pluriverso

El corazón del taller fue un recorrido a ciegas. Divididos en grupos, los estudiantes (vendados y guiados por un compañero) transitaron por cuatro estaciones habitadas por músicos, donde el sonido y el tacto reemplazaron a la vista para explorar conceptos de la ontología política.

1. El Suelo y las Raíces: Más allá del GPS

En la primera estación, los pies descalzos buscaron la temperatura y textura del barro. Escuchamos la historia de una niña de La Toma que le recordaba a un técnico con GPS que el olor de la lluvia de agosto no cabe en una pantalla.

  • Concepto clave: La colonialidad del saber frente al territorio como espacio de vida.

2. Agua y Flujos: El río con nombre propio

Entre sonidos de fricción y humedad, sentimos el movimiento interno de nuestra propia agua. Recordamos que para un pescador del Pacífico, un río sin nombre es solo una cifra de “potencial hídrico” en la tabla de un ingeniero, y el agua sin nombre es agua que se puede quitar.

  • Concepto clave: Guerras contra los mundos relacionales.

3. Viento y Pluriverso: ¿Desde qué mundo piensas?

Respirando el aire del campus, enfrentamos el choque de dos mundos: el que ve un cerro como un “obstáculo cultural” y el que lo reconoce como un ser con derechos y voz.

  • Concepto clave: Ontología política y pluriverso.

4. Sonidos del Campus: La Dignidad como Condición

En la estación final, bajo el ruido real del campus y acordes musicales, lanzamos la pregunta definitiva sobre Niska (nuestra IA de referencia): Ella razona y recuerda, pero ¿tiene un río que defender? ¿Tiene un territorio sin el cual no puede ser ella misma?.

  • Concepto clave: Sentipensar y el sujeto situado.

Cartografía de la Experiencia

Al final, tras quitarse las vendas, los estudiantes no dibujaron planos arquitectónicos. Crearon mapas sensoriales. Integraron sus autorretratos realizados a ciegas al inicio de la clase con las texturas, emociones y palabras clave de los cuentos (niña/GPS, río sin nombre, dos mundos, Niska).

El cierre nos dejó una semilla para las próximas semanas: cuando lleguemos al juicio final de la IA, no preguntaremos solo cuánto procesa, sino: ¿Desde qué cuerpos y territorios fue pensada esa máquina? ¿Qué mundos hace visibles y cuáles vuelve imposibles?.

Para la reflexión individual: ¿Qué aprendió hoy tu cuerpo sobre este territorio que tu mente aún no sabía nombrar?

Innovar fermentando: Ciencia que se bebe

La segunda actividad inmersiva del curso Biotecnología y emprendimiento, en compañía del profesor Juan Carlos, nos llevó a explorar un universo lleno de burbujas, aromas y mucha vida: la elaboración de bebidas probióticas. En esta sesión, los estudiantes asumieron un rol mucho más activo, diseñando sus propios productos a partir de dos sistemas de fermentación: kombucha o kéfir de agua. Cada grupo definió qué quería lograr y construyó su propio paso a paso para alcanzarlo, poniendo en práctica los principios de biotransformación trabajados previamente.

Más que seguir una guía, esta experiencia los invitó a tomar decisiones: elegir ingredientes, pensar en combinaciones, anticipar resultados y ajustar condiciones. En el proceso, comprendieron que estos productos son sistemas vivos, donde los microorganismos requieren condiciones específicas para desarrollarse adecuadamente y generar bebidas funcionales de calidad. Así, conceptos como tiempo, temperatura, sustrato y manejo dejaron de ser variables abstractas para convertirse en herramientas de diseño.

El laboratorio también fue un espacio para experimentar y crear. Aparecieron kombuchas de frutos rojos, fresa, maracumango y kiwi, junto con un kéfir de agua que, además de delicioso, reflejó muy bien las propiedades de un probiótico bien desarrollado. Los sabores, colores y aromas se convirtieron en una forma tangible de entender la ciencia detrás de estos procesos.

Como resultado, cada grupo transformó su experiencia en una publicación de divulgación científica que hoy hace parte del Instagram del curso. Te invitamos a darte una vuelta por @biotech_fest_26 y descubrir, de la mano de los estudiantes, cómo la biotransformación cobra vida en el laboratorio.

Del laboratorio a Francia: la ciencia detrás de un Brie artesanal

La primera actividad inmersiva del semestre en el curso Biotecnología y emprendimiento de mano del profesor Juan Carlos, nos llevó directo al laboratorio… y también un poco a Francia. En esta sesión, los estudiantes se enfrentaron al reto de elaborar un queso tipo Brie, explorando de manera práctica los fundamentos de la fermentación láctica y la maduración fúngica superficial. Más allá de seguir una receta, el objetivo fue comprender el por qué detrás de cada paso, desde la transformación de la leche hasta la formación de la corteza característica.

Esta práctica es clave porque invita a reflexionar sobre el proceso completo de biotransformación: qué ocurre en cada etapa, qué variables influyen y cómo los microorganismos actúan como verdaderos aliados en la transformación de materias primas en productos de valor agregado. En este caso, bacterias lácticas y hongos como Penicillium no son solo nombres complejos, sino actores centrales en la construcción de textura, aroma y sabor.

A lo largo del laboratorio, los estudiantes comenzaron a desarrollar una sensibilidad muy importante: entender que los bioprocesos son sistemas vivos. Esto implica prestar atención a detalles como la temperatura, la higiene o la manipulación del producto. De hecho, uno de los aprendizajes más relevantes fue reconocer la importancia de las buenas prácticas de higiene, fundamentales para evitar contaminaciones y asegurar el éxito del proceso.

Además, esta experiencia marcó un primer acercamiento al trabajo práctico con microorganismos. No desde la teoría, sino desde la acción: medir, observar, ajustar y, sobre todo, interpretar lo que está ocurriendo. Poco a poco, los estudiantes comienzan a ganar confianza y criterio en el manejo de estos sistemas biológicos.

Como parte del proceso, cada equipo transformó su experiencia en una publicación de divulgación científica, donde explicaron lo que hicieron, pero también lo que entendieron. Te invitamos a visitar el instagram del curso @biotech_fest_26 y explorar el trabajo que están realizando los estudiantes este semestre.

Spoiler: hay videos entretenidos, reflexiones interesantes y mucho entusiasmo por descubrir el mundo de la biotransformación.😉

Una Inmersión en los Humedales de Cali

Cali no es solo salsa y brisa; es agua. En nuestra sesión del 20 de Marzo del curso “El agua y la vida”, cambiamos el aula por el ecosistema vivo en compañía de la profesora Gloria Guevara. La misión del día fue clara: reconocer la importancia crítica de los humedales urbanos y entender que estos espacios no sobreviven solos, sino gracias a la fuerza del tejido comunitario.

A menudo caminamos por la ciudad sin ser conscientes de la riqueza hídrica que nos sostiene. Cali cuenta con un inventario impresionante de 61 humedales, tesoros de biodiversidad que regulan el clima y filtran nuestras aguas. Sin embargo, solo 18 de ellos son públicos, lo que convierte a estos espacios en verdaderos santuarios de resistencia ambiental en medio del asfalto.

La experiencia cobró un sentido humano y profundo al escuchar al señor Iván, guardabosque del parque. Sus relatos no fueron simples datos técnicos, sino una lección de historia y pertenencia. Nos transportó a los orígenes del parque, recordándonos que este humedal es, literalmente, el pulmón de la Comuna 22 y un regulador vital para toda la ciudad.

Don Iván enfatizó un punto crucial: la educación ambiental en las zonas periféricas. La conservación no puede ser un ejercicio exclusivo de quienes viven cerca; debe ser un diálogo con toda la ciudad, integrando a las comunidades para que comprendan que el bienestar del humedal es el bienestar de todos.

Diálogo con el Señor Iván, guardabosque del parque.


“El humedal no es solo un cuerpo de agua; es un aula abierta donde la comunidad aprende a cuidar su propia vida.”


Lo que vivimos no fue una clase magistral, sino una didáctica inmersiva. Estar allí, sentir la humedad del aire, escuchar el canto de las aves y ver de cerca la gestión del espacio nos permitió pasar de la teoría a la empatía ambiental.

A través de esta metodología, pudimos observar el trabajo comunitario en acción, de cómo el mantenimiento de estos espacios depende de la vigilancia y el amor de quienes los habitan; la biodiversidad urbana por la importancia de estos parches de naturaleza para especies migratorias y residentes, y finalmente, el papel del parque como punto de encuentro y cohesión para los habitantes de Cali como resiliencia social.

Cuidar el agua es cuidar la historia. La jornada nos dejó una certeza: los humedales urbanos son el reflejo de nuestra cultura ciudadana. Si el trabajo comunitario florece, el humedal permanece vivo.

BioTech Fest 2025-02: Donde la acción emprendedora se une con la Biotecnología

La jornada del BioTech Fest 2025-02 fue un recordatorio de todo lo que ocurre cuando la ciencia se abre paso fuera del laboratorio y se encuentra directamente con la curiosidad de la gente. Desde el primer momento, el pasillo del Edificio de Tecnoquímicas se llenó de visitantes atraídos por colores, aromas, texturas y preguntas: ¿Cómo hicieron esto? ¿En serio esto se fermenta? ¿Esto también es biotecnología?

Y allí estaban los estudiantes, preparados para explicar, para compartir y, sobre todo, para mostrar el fruto de varias semanas de trabajo técnico, reflexión y creatividad.

El curso Biotecnología y Emprendimiento no busca únicamente enseñar procesos de fermentación o biotransformación. Su propósito es que los estudiantes entiendan que la ciencia también es una forma de crear, de emprender y de solucionar problemas reales con los recursos que tenemos a la mano. El BioTech Fest es el momento en el que esas ideas dejan de estar en el papel y se vuelven productos tangibles, probados por personas reales.

La afluencia superó las expectativas y, en muchos casos, la mercancía se agotó apenas iniciada la feria. La respuesta del público fue entusiasta y, en algunos momentos, sorprendida por el nivel de creatividad y técnica demostrada. Y razones no  faltaban:

Tinto Campesino sorprendió a buena parte del público al reinterpretar el café en formato de vino, mediante un proceso de fermentación controlada que rescata la complejidad aromática del grano tostado. Su sabor dulce y equilibrado, junto con el aroma intenso propio del café, generó una experiencia sensorial inesperada para muchos visitantes. La propuesta fue valorada como novedosa y arriesgada, y la reacción general del público destacó que este tipo de productos amplía creativamente las posibilidades de la biotecnología aplicada a ingredientes tradicionales y regionales como el café.

BeeTint llevó la biotecnología más allá de los alimentos, mostrando cómo los pigmentos naturales pueden estabilizarse y potenciarse mediante fermentación láctica para convertirse en un cosmético funcional. Su propuesta generó mucha curiosidad y abrió conversaciones sobre alternativas sostenibles a los productos convencionales de maquillaje. El público valoró la innovación, la naturalidad de la tinta y el enfoque ecológico, destacando lo llamativo del producto y el potencial que tiene dentro de la cosmética artesanal basada en bioprocesos.

Muu Bar ofreció una experiencia completa: un yogurt griego artesanal, cuidadosamente fermentado y filtrado, acompañado de una barra de toppings que permitía al visitante crear su propia combinación. La textura cremosa y el sabor fresco fueron ampliamente reconocidos, y la interacción directa con el producto fortaleció la percepción de calidad y transparencia en el proceso. La recepción del público reflejó una combinación de disfrute y sorpresa ante la posibilidad de personalizar un snack saludable elaborado íntegramente por los estudiantes.

Amaranta presentó un kéfir artesanal que destacó por su frescura, su identidad estética y su enfoque en el bienestar. Su stand transmitía una sensación de cuidado y naturalidad, lo que fortaleció la conexión entre el producto y su mensaje: “Florece en ti”. Los visitantes valoraron el sabor, la suavidad de los postres derivados y la claridad con la que el equipo explicó los beneficios probióticos del kéfir. La experiencia fue percibida como cálida y accesible, y muchos expresaron que era la primera vez que probaban un fermento de este tipo con tan buena aceptación.

Floré ofreció una soda fermentada refrescante, ligeramente ácida y naturalmente gasificada a partir de un ginger bug y jugos de frutas tropicales. Su carácter artesanal, su bajo contenido de azúcar y su perfil sensorial vibrante atrajeron rápidamente a quienes buscaban alternativas saludables a las bebidas comerciales. El público destacó el sabor equilibrado, la naturalidad del producto y la novedad de su proceso, lo que convirtió esta propuesta en una de las más comentadas dentro del enfoque de bebidas probióticas accesibles y refrescantes.

BioTech Fest fue todo un ejercicio de apropiación del conocimiento: los estudiantes no solo preparan un producto, también aprenden a explicarlo, defenderlo, mejorarlo y traducirlo para una audiencia diversa.

En esta edición, el entusiasmo del público fue evidente. Muchos visitantes se fueron sonriendo, probando por primera vez un kéfir, sorprendiéndose ante un vino de café, o preguntándose cómo la fermentación puede volver un pigmento vegetal más persistente en la piel. Los estudiantes, por su parte, vivieron el desafío de comunicar ciencia con claridad, de escuchar retroalimentación auténtica y de ver cómo sus ideas —que nacieron en una hoja de trabajo— se convirtieron en algo real y valorado por otros.

Esta práctica nos deja algo fundamental:

MOTIVACIÓN

Motivación para crear, para experimentar, para emprender, para usar la biotecnología como herramienta para transformar no solo alimentos o cosméticos, sino formas de pensar.

Y ese es el espíritu del curso: que cada estudiante reconozca que puede usar su creatividad, su criterio y sus habilidades para construir algo propio, útil y significativo.

En esta edición, se logró. Y se logró con creces.

Cali también es loma: un viaje a lo desconocido

El 13 de noviembre de 2025 salimos con el curso Raíces Urbanas – naturaleza, comunidades y adaptación climática a explorar el Ecoparque Metropolitano del Río Cali. Nos lanzamos a “lo desconocido” y volvimos con una certeza: la ciudad respira bosque, agua y comunidad.

Un comienzo sin mapa (pero con intuición)

“Un viaje a un lugar desconocido en Cali”. Así empezó la travesía. En el marco del curso Raíces Urbanas, de la mano del profesor Luis Augusto Muñoz Osorio nos propusimos buscar las raíces de la ciudad donde —a simple vista— ya no hay ciudad: bosque seco tropical, una planta de tratamiento de aguas que ruge, un río empedrado y un camino de tierra que, con las primeras gotas de lluvia, se volvió barro. ¿Qué hay de urbano en todo eso? Tal vez nada… y al mismo tiempo un mar de oportunidades.

En lo que algunos llaman “los límites de la urbe”, otros vemos un círculo verde en medio del caos. El Ecoparque Metropolitano del Río Cali es un lugar conocido por los caleños – no por su nombre institucional, sino por sus rincones de siempre- charco Las Pilitas, Santa Rita, El Chirivico. O, mejor dicho, como nos dijo el guía Don Javier: “Aquí desmontamos el mito de ‘Cali es Cali y lo demás es loma’, porque Cali sí tiene loma.”
En este borde donde el río roza el Jardín Botánico y el Zoológico de Cali, la ciudad se reconoce en sus hábitos más antiguos: ir al río, lanzarse a los charcos helados, limpiarse las malas vibras con hierbas y jabón azul para que el agua se lleve lo que pesa y atraiga lo que perdura. Aquí confluyó nuestra clase.

Bajamos de los buses después de cruzar la ciudad: del sur más sur hasta el noroeste más oeste. A un lado, una carretera empinada que nos invitaba a seguir. En el centro, un río furioso y cristalino que invitaba a dar chapuzón. En medio, un puente de hierro amarillo desgastado que nos llevó a un sendero de barro: las nubes esa tarde querían jugar.
Caras de asombro, risas nerviosas, “¿dos kilómetros más?”. Íbamos a contemplar los linderos del Parque Nacional Natural de los Farallones de Cali, testigo de innumerables domingos de paseo de olla, parlantes a todo volumen, zaperocos y el rumor de historias que el río se sabe de memoria.

Infraestructuras verdes y azules: la ciudad que cuida y la que fluye

La salida nos puso delante dos conceptos del curso que se entrelazan en el territorio:

  • Infraestructuras verdes: cobertura boscosa, corredores biológicos, el propio Jardín Botánico recién inaugurado, los linderos de los Farallones, las laderas que sujetan la ciudad. Son el cuidado material de lo vivo.
  • Infraestructuras azules: el río Cali y sus quebradas, los charcos, el tratamiento de aguas que garantiza el agua del grifo en casa y la electricidad. Son el flujo que sostiene nuestras rutinas.

Entre ambas laten prácticas urbanas de bienestar: senderismo, yoga, hidroterapias naturales, avistamiento de aves, aromaterapias… y, si nos ponemos creativos, hasta lodoterapia. Todo con un sentido máximo: Cali también es río, bosque, aves, gente y brisa de las 4 pm.

Donde se difuminan las fronteras

En este paisaje, lo urbano y la naturaleza no desaparecen; se compenetran. El espacio fue de la naturaleza mucho antes que nosotros: somos huéspedes. Contamos leyendas a la orilla del río, recordamos hazañas en charcos profundos, vemos pasos de fauna, distinguimos casitas de colores en las lomas. Disfrutamos del bosque seco tropical en medio de una gran urbe que ha dependido -y depende- de este río para energía, agua y clima.
Usamos el territorio todos los días y no siempre devolvemos en la misma medida. Sin sermón, la salida nos puso un espejo: ¿qué le quitamos al río y qué le devolvemos?

Lecciones vitales (lo que nos llevamos)

Y sin lugar a duda nos llevamos enseñas: La ciudad no termina donde empiezan los árboles. Cali se piensa mejor si incluye su loma, su bosque y su río. Confluye ente lo Verde y lo azul con infraestructuras, no paisajes decorativos. Mantienen agua, clima, salud y convivencia. El territorio nos educa. Cada salida de campo es un aula extendida: comunidad, memoria e identidad en tiempo real. Y que, aunque suene distópico, las ciencias, la tecnología y la sociedad no son capítulos del programa: son la forma de mirar cómo vivimos en lo vivo.

Volver sabiendo distinto

Quizá “lo desconocido” no era un lugar, sino una manera de mirar. Esta salida al Ecoparque Metropolitano del Río Cali nos habló de Raíces Urbanas sin mencionar por un momento las diapositivas: habló con el frío del agua, el barro en los zapatos, el vaho sobre las piedras.
Si Cali es Cali es porque también es loma y río. Y si la universidad quiere formar ciudadanía para la adaptación climática, tiene que aprender a la intemperie: cruzar puentes amarillos, pisar senderos de barro y escuchar cómo el agua nos enseña a habitar.

Mini feria de la ciencia en la asignatura de Cosmos: El universo físico

El profesor Wilson Álvarez, encargado de la electiva de Cosmos: El universo físico, orientó el trabajo final de la asignatura. Al inicio del semestre se les propuso a los estudiantes ir desarrollando un proyecto para socializarlo al cierre de semestre y que consistió en poner en práctica, y de manera tangible, un tema relacionado con las diferentes leyes de la física. Ellos diligenciaron una ficha donde estaba consignado el paso a paso de cómo se debe desarrollar dicho proyecto, utilizando recursos muy artesanales para su construcción.

Este proyecto resulta muy atractivo en términos pedagógicos pues, al utilizar diferentes recursos, los estudiantes pueden vivenciar y poder observar, de manera práctica, cómo funcionan las diferentes leyes de la física sin el uso de ecuaciones o procesos matemáticos. Esta didáctica inmersiva fue como realizar una feria de ciencias en el aula de clase y en algunas ocasiones fuera de ella dependiendo del proyecto desarrollado.

Detrás de la Ciencia del Queso Fresco

El viernes 12 de septiembre, el laboratorio volvió a llenarse de creatividad y curiosidad científica. Los estudiantes del curso Biotecnología y Emprendimiento se reunieron para su segunda práctica experimental: una inmersión en el mundo de la transformación enzimática y los principios de la fermentación láctica, con un protagonista delicioso —el queso fresco.

El propósito de esta práctica fue mucho más que seguir un protocolo: se trató de comprender cómo la calidad de la materia prima y las condiciones del proceso influyen directamente en la textura, el sabor y el valor de un producto biotecnológico. En otras palabras, fue una oportunidad para conectar la ciencia con el gusto y el emprendimiento.

El reto consistía en elaborar un queso fresco, pero con un toque creativo. Los equipos se lanzaron a experimentar con ingredientes que transformaron el clásico sabor lácteo en experiencias únicas.

  • 🫐 Queso con arándanos deshidratados: una combinación equilibrada entre la suavidad de la masa, el punto salado del queso y el dulzor del fruto seco.
  • 🌿 Queso con ajonjolí tostado y albahaca: el aroma herbal y las notas tostadas sorprendieron por su elegancia, ideal para acompañar ensaladas o panes artesanales.
  • 🍅 Queso con tomates deshidratados: una rueda de color vibrante y sabor umami que destacó por su innovación y potencial gastronómico.
  • 🍫 Queso con chocolate y avellanas: la mezcla más atrevida de la jornada. El contraste entre lo salado, lo dulce y lo crocante conquistó a todos los presentes y demostró que la biotecnología también puede ser un ejercicio de creatividad sensorial.

A través de esta práctica, los estudiantes exploraron cómo las reacciones enzimáticas transforman la leche en un producto sólido y delicioso, comprendiendo el papel de las bacterias ácido-lácticas y las condiciones que hacen posible la fermentación. Más allá de la técnica, reflexionaron sobre la importancia de la calidad de las materias primas, la sostenibilidad de los procesos y las posibilidades emprendedoras que surgen de aprovechar productos locales.

El laboratorio se convirtió una vez más en un espacio donde la biotecnología se vive y se saborea, uniendo la curiosidad científica con la creatividad empresarial.

Y aunque nos hubiera encantado compartir esos deliciosos quesos con todos, la verdad es que no sobrevivieron más de un par de horas después de elaborados. Así de buenos quedaron.

Esta práctica no solo dejó el aroma del queso recién hecho, sino también la certeza de que cada proceso biotecnológico es una oportunidad para transformar conocimiento en innovación y sabor.

La primera inmersión en Biotecnología y Emprendimiento

¿Alguna vez has pensado que la ciencia puede ser tanto creativa como deliciosa? Nuestros estudiantes del curso de Biotecnología y Emprendimiento no solo lo pensaron, ¡lo vivieron en primera persona! El viernes 5 de septiembre de 2025, el laboratorio se transformó en un espacio donde la fermentación fue la protagonista.

El objetivo de esta primera actividad inmersiva iba de aplicar los principios de la fermentación alcohólica: ese proceso bioquímico donde las levaduras convierten los azúcares de la fruta en alcohol y dióxido de carbono.

Con este reto sobre la mesa, y apostando por frutas locales del Valle del Cauca para impulsar la sostenibilidad, los estudiantes se dividieron en grupos para crear sus propias recetas. La consigna era clara: experimentar, observar y entender cada condición crucial del proceso de fermentación para obtener una bebida creativa y deliciosa.

Ese día el laboratorio se llenó de aromas increíbles con las mezclas más interesantes:

  • Vino de naranja.
  • Mango con un toque de maracuyá.
  • Fresa y naranja.
  • Café infusionado con canela, clavo y endulzado con panela.
  • Vino hecho con café

Ahora, estos futuros vinos reposan en sus envases, iniciando un proceso de fermentación controlada que se extenderá por varias semanas. Nuestros equipo de estudiantes hará un monitoreo constante, tomando notas y mediciones para asegurar que todo marche sobre ruedas (o, mejor dicho, sobre levaduras).

Esta es solo la primera etapa de un proyecto apasionante. Cuando finalice la fermentación, los equipos catarán sus creaciones para identificar los perfiles y características únicas de cada vino y también reflexionarán sobre una pregunta clave: ¿cómo puede un proceso milenario como la fermentación convertirse en la base de un emprendimiento innovador y sostenible?

Esta inmersión práctica demostró que la biotecnología es un campo lleno de sabor y creatividad.