Antes de la tierra, el protocolo: el primer encuentro institucional de InnovaFemIA

13 de marzo de 2026. La primera reunión de seguimiento del proyecto no tuvo territorio, ni vereda, ni café recién servido. Tuvo una pantalla compartida y un puñado de nombres que hasta ese momento se conocían más por el organigrama que por la voz: investigadoras, una tutora, un director de centro, coordinadoras de proyecto, el equipo de acompañamiento de la Universidad, y quien acompaña el proceso desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. El motivo era, en apariencia, sencillo: dar inicio formal al seguimiento del convenio que hace posible InnovaFemIA.

El objetivo del encuentro era fácil de enunciar y denso de sostener: que el equipo se conociera, entendiera lo que implica ejecutar un proyecto de esta naturaleza, y recibiera las orientaciones necesarias para que el trabajo en Caldono avance más adelante sin sobresaltos.

Y aquí es donde el relato se pone interesante, aunque no lo parezca a primera vista. InnovaFemIA nació de una pregunta profundamente humana: cómo empoderar digitalmente a mujeres y jóvenes rurales del Cauca a través de la agroecología y la inteligencia artificial. Pero el primer espacio formal del proyecto no habló de agroecología ni de inteligencia artificial. Habló de reglas, de responsabilidades compartidas y de la letra pequeña que sostiene, silenciosa pero indispensable, cualquier proceso comunitario que se ejecuta con recursos públicos.

La tensión no fue un conflicto explícito, nadie discutió, nadie objetó, pero sí fue palpable en la estructura misma del encuentro: personas que vienen de mundos distintos, cada una con su propio lenguaje, el de la investigación, el de la gestión universitaria, el de la supervisión institucional, tuvieron que empezar a construir un terreno común en una sola sesión. Es el desafío de fondo de todo proyecto de innovación social: sostener, al mismo tiempo, el rigor que exige operar dentro de una institución y la flexibilidad metodológica que exige el territorio. Uno se aprende en las reuniones y los documentos de referencia; el otro se aprende caminando las veredas de El Pital y Pescador. La pregunta que quedó flotando, sin decirse en voz alta, fue: ¿cómo traducir esta rigurosidad institucional en un proceso que, según nos hemos propuesto, debe ser vivo, situado y co-construido con la comunidad?

No todo quedó resuelto, tampoco tenía por qué estarlo en un primer encuentro. Se aclararon las rutas de comunicación entre el equipo y se identificaron los documentos que servirán de referencia durante todo el proyecto. Pero varias preguntas de fondo quedaron abiertas, pendientes de conversaciones posteriores. No fue una reunión de respuestas definitivas, sino de preguntas bien planteadas, que en un proyecto que apenas comienza es, tal vez, lo más valioso que se puede lograr.

Es tentador pensar que esta primera reunión, hecha de roles, formalidades y reglas de juego compartidas, no tiene nada que ver con el corazón del proyecto: las mujeres de Caldono, sus fincas, sus saberes agroecológicos, su relación con la tecnología. Pero es exactamente lo contrario. La sostenibilidad de InnovaFemIA, entendida no solo como principio ambiental sino como la capacidad del proyecto para durar y cumplir lo que promete, empieza aquí: en la claridad de los roles y en el compromiso compartido de hacer bien las cosas.

Y hay algo más: la autonomía que buscamos fortalecer junto a ASCAMPESINA no puede construirse sobre una base institucional frágil. Si el equipo no tiene claro su lugar y su responsabilidad, el proyecto corre el riesgo de convertirse en una promesa incumplida más para un territorio que ya ha visto pasar demasiadas. Por eso este primer encuentro, aunque no tuvo tierra ni tecnología de por medio, fue tan fundacional como cualquier taller en campo: puso los cimientos sobre los que se sostendrá todo lo demás que esta bitácora irá contando.

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