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Cuando las piezas empiezan a encajar: el día en que todo empezó a apuntar hacia Caldono

10 de abril de 2026. Esta reunión, más que las anteriores, tuvo la sensación de ser un punto de inflexión. No porque haya traído una sola noticia grande, sino porque, por primera vez, varias piezas que venían avanzando por separado, como el diplomado, el equipo, la comunicación y las alianzas, empezaron a mirar en la misma dirección: cómo llegar, pronto y bien preparados, a Caldono.

El punto de partida fue honesto, casi incómodo: el proyecto reconoció, sin adornos, que lleva retrasos asociados a procesos contractuales. No es una confesión menor para un equipo que trabaja contra un calendario académico y con la disposición de una comunidad que ya fue convocada dos veces. Pero, en lugar de quedarse ahí, la reunión giró rápido hacia lo que sí se puede construir mientras esos procesos avanzan. Y lo primero que se construyó fue el equipo mismo: se acordó incorporar de lleno a Santiago Pérez Ramírez, diseñador de medios interactivos, para liderar la usabilidad y el desarrollo de software del proyecto. Es una decisión que parece técnica y en realidad es profundamente comunitaria, porque alguien tiene que pensar, desde ahora, cómo se van a sentir estas herramientas en las manos de una mujer campesina de Caldono, no solo en la pantalla de un desarrollador.

Con Santiago sumado, el equipo pudo hablar con más claridad de la columna vertebral del proyecto: el diplomado, dirigido finalmente a cuarenta y ocho mujeres campesinas, organizado en cuatro módulos que, leídos en conjunto, cuentan casi una historia completa. Empieza con algo lúdico y gamificado, un mapa de sueños que busca fortalecer redes y vínculos comunitarios antes de hablar de una sola herramienta digital. Sigue con los bioinsumos y los saberes agroecológicos, el territorio que las participantes ya dominan. Avanza hacia la inteligencia artificial y el Internet de las Cosas, la promesa tecnológica del proyecto. Y cierra con la sostenibilidad y los procesos comunitarios escalables, la pregunta de qué queda cuando el proyecto, algún día, se vaya. Ya se han hecho dos reuniones con la comunidad, y Beatriz fue designada investigadora comunitaria y lideresa del proceso, una decisión que empieza a repartir la autoría del diplomado entre la universidad y quienes lo van a vivir.

Ahí apareció el nudo real de la jornada. Los módulos, los instrumentos de caracterización, los sondeos de interés: todo eso vive apenas en el papel hasta que se sostiene con un encuentro presencial, y los encuentros virtuales, se reconoció sin rodeos, no están funcionando bien, la participación es baja. La comunidad no vive frente a una pantalla, vive un calendario propio, marcado por cosas como la época de recolección de café, que obligó al equipo a pensar en dividir a las cuarenta y ocho mujeres en dos subgrupos para que el primer encuentro de abril fuera posible. Es un recordatorio sencillo pero fácil de olvidar desde un escritorio universitario: la agenda del proyecto no puede imponerse sobre la agenda de la vida en el territorio, tiene que acomodarse a ella.

Para sostener todo esto sin perder el rumbo, el equipo acordó reunirse cada quince días, y separar una conversación introductoria sobre la metodología interna de trabajo de la conversación más amplia con los docentes vinculados al proyecto. Es una manera de decir, en la práctica, que la coordinación interna no es un lujo sino la condición para que el trabajo en Caldono no se disperse.

Y en medio de todo esto apareció, quizás, la pieza que más se conecta con lo que se está escribiendo en este mismo instante: la estrategia de comunicación del proyecto, liderada por Valentina, que tomará como referente el blog «Semillas de Paz», usado en otro proyecto Orquídeas con mujeres artesanas de Mocoa. La idea es que el blog de InnovaFemIA siga un modelo parecido, con línea de tiempo, fotografías, podcasts y entradas que registren la cotidianidad del proceso comunitario, no solamente sus resultados. Esta misma bitácora, en otras palabras, nació formalmente ese día, como una decisión más entre las muchas que se tomaron para construir el proyecto.

Por último, el equipo empezó a mirar hacia afuera: posibles articulaciones con actores como el Banco de Alimentos de Cali o el Grupo Gestor para la Transformación del Sistema Alimentario del Valle del Cauca, entre otros, que podrían ampliar la proyección del proyecto y, más importante todavía, sumar recursos y redes que terminen beneficiando directamente a Caldono.

Vista en conjunto, esta reunión no trató, en el fondo, de ninguno de esos temas por separado. Trató de una sola pregunta que los atraviesa a todos: ¿qué necesita este proyecto para que, cuando finalmente llegue a la vereda, llegue con algo real que ofrecer? Un equipo completo, un diplomado con sentido, un calendario que respete el tiempo de la comunidad, una manera honesta de contarlo y una red de aliados que sume en lugar de distraer. Ninguna pieza sola resuelve esa pregunta. Juntas, empiezan a parecerse a una respuesta.

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