¿Desde donde estamos paradas cuando vamos a hacer trabajo de campo? Esa fue una de las preguntas que nos surgió después de algunas visitas en campo. A lo largo de la investigación hemos conocido lugares, personas y dinámicas nuevas, estas experiencias nos han llevado a reflexionar sobre el papel de la mujer en ámbitos agrícolas, y sobre nuestro propio papel en esta investigación, siendo mayoría en el equipo de trabajo, pues de las seis personas que lo conformamos, cuatro somos mujeres.
En la primera visita que realizamos en el Darién, llegamos a eso de las nueve o diez de la mañana, nos encontramos con el dueño y su hijo quienes nos indicaron que teníamos que caminar un poco más desde donde estábamos para poder llegar a la finca. Una vez llegamos, nos recibieron con una taza de café recién hecho y nos presentaron a un trabajador al cual tuvimos la oportunidad de entrevistar. Hablamos con él durante casi dos horas, nos contó sobre sus labores en la finca, como aprendió, nos contó sobre los procesos del cultivo de café, las herramientas que usan y muchas cosas más. Mientras hablábamos con él, sentados en la mesa de cuatro puestos de un pequeño balcón de madera, era imposible no mirar hacia la cocina que quedaba justo al lado de donde estábamos.
Se escuchaba a una mujer que movía de un lado al otro ollas y platos, seguramente preparando el almuerzo de ese día. Ella no hablaba ni miraba en nuestra dirección, en el transcurso de la entrevista se limitaba de vez en cuando a reafirmar algunas de las anécdotas que él nos compartía. Cuando él nos comentó que el proceso de recolección de café requería una habilidad más fina y delicada para no dañar el cultivo, y que en eso la especialista era su esposa ahí presente, ella asintió y comentó que a veces venía su mamá a ayudarles. No hubo una participación o un comentario extra por parte de ella, tal vez no lo vio necesario, pero además y mucho más curiosos aún, tampoco hubo una iniciativa de nosotras para preguntarle al respecto, pues entre el estar concentradas tomando notas de campo y estar pendientes de hacer todas las preguntas que teníamos planeadas, pasó desapercibido.
Ese momento, sumado a muchos otros que tuvimos en las salidas siguientes, alimentaron dudas sobre lo marcado que está el rol de la mujer en el campo y el trabajo agrícola de la tierra, y aunque inicialmente no era un eje central de la investigación, para nosotras como investigadoras son dinámicas imposibles de ignorar e incluso las encontramos necesarias resaltar e incluir para realizar una investigación integra.

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