El documento Los jóvenes de Cali durante la pandemia presenta una radiografía de las condiciones de vida, bienestar y percepción institucional de los jóvenes caleños entre 18 y 30 años, antes y durante la pandemia por COVID-19. A partir de los datos de CaliBRANDO 2014–2019 y del sondeo online CaliBRANDO a Cali 2020, el informe analiza dimensiones como educación, movilidad social, empleo, ingresos, ahorro, endeudamiento, salud mental, satisfacción con la vida y confianza en las instituciones.
Uno de los principales hallazgos es que los jóvenes de Cali presentan mayores niveles educativos que el resto de la población. Para 2019, el 40% había terminado la secundaria, el 30% contaba con formación técnica y el 25% había alcanzado educación profesional. Además, acumulaban en promedio 12 años de educación, 2,4 años más que sus padres. Esta diferencia se refleja en una percepción positiva de movilidad social: el 70% de los jóvenes consideraba estar mejor que sus padres a la misma edad, principalmente por el acceso a la educación.
Sin embargo, el documento también evidencia condiciones de vulnerabilidad laboral y económica. Antes de la pandemia, el 15% de los jóvenes estudiaba, el 45% trabajaba en una empresa y el 20% lo hacía como independiente. Aunque una parte importante estaba vinculada al mercado laboral, sus ingresos eran inferiores al promedio de la ciudad: mientras el salario promedio en Cali era cercano a 1,3 millones de pesos mensuales, el de los jóvenes era menor a 1,1 millones. Además, el 21% de quienes trabajaban no estaba conforme con su empleo y el 25% tenía contrato verbal.
Durante la pandemia, estas condiciones se agravaron. El 32% de los jóvenes afirmó haberse endeudado, y aunque esta proporción fue menor que la del resto de la población, los jóvenes acudieron en mayor medida a redes informales de financiación: el 52% se endeudó con amigos. También aumentaron las dificultades para pagar deudas, pasando del 15% en 2019 al 46% en 2020. Esto muestra que la crisis afectó su estabilidad económica y reveló barreras de acceso a mecanismos financieros formales.
El informe también muestra un fuerte deterioro del bienestar emocional de los jóvenes durante la pandemia. En promedio, experimentaron 10 días al mes de malestar emocional, frente a 6 días en el resto de la población. Su percepción de salud mental fue de 5,1 sobre 10, menor que la del resto de la población, que fue de 6,4. Además, el 66% afirmó que uno de los aspectos que más le afectó durante la crisis fue experimentar emociones negativas con mayor frecuencia. En conjunto, el documento evidencia la necesidad de fortalecer políticas públicas dirigidas a la juventud, especialmente en educación, empleo digno, salud mental, protección social y participación ciudadana.