Tres realidades incómodas del consumo de tabaco: un llamado de los jóvenes que el país no debería ignorar

Junio 17, 2026

Image

Autor: Juan Camilo Herrera Palacio
Economista y Matemático Aplicado. Investigador de PROESA y coordinador de la Alianza Juvenil.

————

Descargar PDF

En Colombia, han muerto más de 480 mil personas debido a los productos de tabaco en los últimos 34 años, cifra que supera las muertes documentadas desde el inicio del conflicto armado interno; esta es una realidad poco conocida e incómoda, de la cual no se habla. En medio del sin sabor que deja la contienda por la presidencia, donde no se ha contado con debates entre los candidatos que lideran, sino más bien con ataques pasivos mediante redes sociales, los problemas asociados al consumo de tabaco parecen en último lugar en la lista de temas de los candidatos, lastimosamente esta realidad ocurre en muchos casos en el resto de los aparatos estatales, e incluso en la opinión pública.

A pesar de esto, una de las crisis de la que todos hemos sido testigos en los últimos años es la del sistema de salud. Sin entrar en detalle de esta discusión, esta crisis multicausal y con diversas cifras que sustentan una u otra posición, tiene una realidad: el dinero que ingresa al sistema no es suficiente para atender todo a lo que se ha comprometido. Aquí, entra la discusión sobre el tabaco. De cada 100 muertes en Colombia, 78 son por una Enfermedad No Transmisible (ENT), estas son las enfermedades que no se contagian, como el cáncer, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares. El consumo de tabaco es el principal factor de riesgo modificable que ocasiona muertes por ENT en el país. Estas enfermedades se caracterizan por ser crónicas en muchos casos, pero además porque su atención es muy costosa, lo que impone una carga financiera alta para los sistemas de salud.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS), hace poco menos de un año, tituló “Una gran tormenta acecha en el horizonte” a una publicación donde advierte que, si la tendencia se mantiene, el costo de las ENT para Colombia es cercano al 4% del PIB cada año entre 2020 y 2050; un nombre que, dadas las cifras, parece muy modesto para lo que realmente impone la carga económica de las ENT en el país. Es decir, si no existieran las ENT, el PIB de Colombia sería 4% más alto cada año. Para ilustrar, en 2025, los recursos destinados a salud y protección social por parte del gobierno nacional fueron equivalentes al 3.6% del PIB, siendo salud el sector con mayor destinación después de educación (4.3%). Pese a esta realidad y oportunidad de intervención, la prevención y control de las ENT no está sobre la mesa en los debates políticos, tampoco en la opinión pública.

Las ENT son, en buena medida, ocasionadas por factores de riesgo que se pueden modificar, tales como el consumo de tabaco y alcohol, dietas poco saludables, y la inactividad física. En el caso de tabaco, las intervenciones para hacer frente a esta problemática son ampliamente conocidas y documentadas, entre las cuales se encuentran impuestos más elevados, restricciones a la publicidad, promoción y patrocinio, entre otras. Y si bien, Colombia ha avanzado en estas, especialmente para los cigarrillos tradicionales, aún hay un reto enorme y son los productos de tabaco no convencionales, por ejemplo, los cigarrillos electrónicos (mal llamados vapeadores) y las bolsas de nicotina.

Los productos de tabaco no convencionales afectan principalmente a la población más joven. El Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Escolar de 2022 reportara que el 23% de los estudiantes entre 12 y 18 años ha probado cigarrillos electrónicos alguna vez en su vida, que el 11% los consumió en el último mes y que la mitad inició su consumo a los 14 años o antes. Así, la nicotina presente en estos productos es la segunda sustancia psicoactiva más consumida entre escolares en el país, después del alcohol. Lo más preocupante es que los jóvenes inician el consumo de estos productos a una edad cada vez más temprana, lo que genera mayores riesgos de adicción y ocasiona que las ENT aparezcan cada vez a una edad menor.

Esto desemboca en una segunda realidad incómoda: cada vez hay más jóvenes que son capturados por la trampa de estos productos. La pregunta es: ¿Qué pasará con su futuro? Esto desemboca en la tercera realidad, todo este panorama no es casualidad. El eslogan de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el Día Mundial sin Tabaco (conmemorado durante el mes de mayo cada año) es “Desenmascarando el atractivo”, y nos recuerda sobre cómo la industria del tabaco y la nicotina continúa diseñando productos y estrategias para captar nuevos consumidores jóvenes. Al respecto organizaciones juveniles y de la sociedad civil han manifestado desde hace varios años la misma preocupación. El movimiento internacional “Global Youth Voices”ha llamado por una prohibición total estos productos; la Alianza Juvenil, ha pedido a los gobiernos de América Latina que se priorice la salud pública y, en particular, el bienestar de los jóvenes por encima de los intereses comerciales de la industria del tabaco; en Colombia, organizaciones como Fundación Anáas y Red PaPaz han pedido que se proteja la salud de niñas, niños y adolescentes, ante la amenaza de los productos de tabaco. ¿Vamos a pagar como sociedad los costos y daño que genera una industria?

En un país que debate diariamente sobre la crisis del sistema de salud, prevenir el consumo de productos de tabaco no debería ser un tema menor. Proteger a los jóvenes hoy significa evitar enfermedades, muertes y enormes costos que tendremos que asumir mañana. Los jóvenes hacemos un llamado a que este sea un tema prioritario en la agenda pública y que se ponga por encima nuestro bienestar