
Nos reunimos el 8 de mayo de 2026 con un propósito fundamental: trascender la frialdad de las cifras y entender las dinámicas reales que alimentaran nuestro modelo de predicción y prescripción. En este espacio de capacitación y análisis de la plataforma Dengue.IA, contamos con la presencia de un equipo plural que refleja nuestra articulación territorial. Acompañamos esta jornada con voces de la secretaria de Salud, como Johnny Narváez, Julián Peláez y Clara Solís, junto al equipo técnico y directivo de la Universidad Icesi, representado por Juan Camilo González, Daniel Felipe Osorio, Robín Castro y Juan Felipe Castaño, contando además con la valiosa participación de Valentina Coley desde Cubo Social.
Iniciamos la sesión recordando el origen de nuestro grupo funcional, nació de la emergencia sanitaria de 2023. Hoy, esta mesa es el corazón de la respuesta institucional, integrando cinco componentes vitales que van desde la coordinación y la vigilancia epidemiológica, hasta la atención clínica, la comunicación del riesgo y el control vectorial en las calles. Cada decisión que tomamos aquí no se queda en el papel, sino que orienta directamente nuestras acciones para proteger la vida en los barrios caleños.
Frente a este panorama, revisamos con esperanza, pero sin bajar la guardia nuestra situación actual. A diferencia de departamentos como Amazonas, Meta o Magdalena que concentran los mayores retos a nivel nacional, Cali respira hoy un clima de control. Hasta la semana epidemiológica diecisiete, registramos quinientos cuarenta y dos casos acumulados y una tasa de incidencia de veinticuatro casos por cada cien mil habitantes, sin reportar mortalidades en lo que va del año. Esta realidad, muy distante de las semanas críticas de 2024 donde alcanzábamos hasta mil casos semanales, nos ubica en una zona de seguridad. Sin embargo, sabemos que el virus es dinámico, por lo que la vigilancia debe ser constante e implacable.


En este orden de ideas, nos adentramos en una de las reflexiones más profundas de la jornada: el dengue no reconoce fronteras socioeconómicas. Al analizar las dos lamentables mortalidades ocurridas en 2025, evidenciamos que ambas sucedieron en viviendas de estrato seis. Encontramos criaderos en bromelias y plantas ornamentales, pero, sobre todo, nos topamos con una preocupante barrera cultural. La falsa percepción de que el virus solo afecta a sectores vulnerables ha generado resistencia para permitir el ingreso de nuestros equipos de salud pública a los conjuntos cerrados. Comprendimos así que el personal de servicio doméstico puede ser un vínculo epidemiológico crucial entre distintos puntos de la ciudad, obligándonos a repensar como nos comunicamos con la ciudadanía.
Aunado a ello, discutimos las barreras operativas que enfrentamos a diario en el territorio. Las negativas de los administradores, la ausencia de los habitantes por horarios laborales y la baja percepción del riesgo nos han llevado a innovar con intervenciones nocturnas, trabajo de fines de semana y alianzas con líderes comunitarios. Precisamente por esto, concluimos que nuestro modelo de inteligencia artificial no puede ser ciego ante esta realidad. El sistema debe aprender a leer el territorio, incorporando estas variables sociales y culturales para sugerir intervenciones que realmente se ajusten al comportamiento de nuestra gente.
Para complementar esta lectura integral, pusimos la lupa sobre la red hospitalaria y el diagnostico. Observamos con preocupación las demoras por parte de las aseguradoras para autorizar pruebas confirmatorias como la ELISA, lo que genera una acumulación riesgosa de casos probables. Adicionalmente, aunque hospitalizamos al noventa y siete por ciento de los pacientes con signos de alarma, nuestra meta innegociable es el cien por ciento. No podemos permitir que fallas en la atención o consultas tardías pongan en riesgo a nuestra población, especialmente a los niños de uno a cuatro años, quienes hoy concentran un número importante de contagios. Es por esto que nuestros esfuerzos geográficos priorizan hoy zonas como las comunas 21, 6, 14, 10, 15 y 19, con atención especial en barrios como Valle Grande y Ciudad Córdoba, donde focalizamos nuestra energía protectora.
MEMORIA DE COMPROMISOS
Para materializar estas reflexiones en acciones contundentes, consolidamos una hoja de ruta clara. Nos comprometimos a mantener un monitoreo epidemiológico ininterrumpido en Cali y el Valle del Cauca, acompañado de un seguimiento estricto a las IPS y aseguradoras para destrabar la confirmación oportuna de los diagnósticos. De igual forma, mantendremos la auditoria clínica para garantizar que ningún paciente con signos de alarma sea enviado a casa. En el territorio, redoblaremos las estrategias de comunicación del riesgo para derribar los mitos en todos los estratos socioeconómicos, fortaleciendo el acceso comunitario en las unidades residenciales más restrictivas. Finalmente, garantizaremos que los análisis geográficos semanales y las barreras sociales discutidas nutran el corazón de nuestro modelo de inteligencia artificial, asegurando que la tecnología y la institucionalidad trabajen codo a codo por la salud pública.
Elaborado por: Juan Fernando Gomez