Mas allá del algoritmo: el reto de transferir la tecnología y asegurar su apropiación para proteger la salud de Cali

Nos reunimos el 26 de marzo de 2026 con un propósito claro: trazar la hoja de ruta para la fase final y el cierre de nuestro proyecto. En este espacio, dinamizado por Gabriel Tamura, Robin Castro y Valentina Coley desde Cubo Social, y acompañados por Lina Marcela Rivas, Juan Fernando Gómez y Daniel Osorio, dialogamos sobre el Monitoreo, Evaluación y Aprendizaje, conocido como MEL. Nuestra misión en este momento trasciende la programación de la inteligencia artificial, pues buscamos garantizar que la secretaria de Salud adopte este sistema con total convicción para proteger a la ciudadanía.

Frente a este panorama, compartimos una noticia que nos llena de tranquilidad y compromiso. La Fundación Rockefeller aprobó una extensión de cuatro meses para nuestro contrato, permitiéndonos ampliar el horizonte de trabajo hasta el mes de agosto. Esta decisión no responde a retrasos técnicos, dado que el desarrollo del sistema se encuentra sumamente avanzado, sino al entendimiento profundo de que la tecnología por sí sola no genera impacto. Estos meses adicionales serán el puente que nos permitirá acompañar a la secretaria de Salud en el proceso de adopción y mantenimiento del sistema, asegurando que la herramienta eche raíces en las rutinas de la entidad.

En este orden de ideas, reflexionamos sobre la complejidad que implica entregar un desarrollo de esta magnitud. El proceso de adopción no se limita a saber usar la plataforma, sino que exige una interiorización profunda de los modelos de predicción y prescripción, así como de la gestión de tareas de intervención, seguimiento y control. Para lograr este cometido, el rol de Cubo Social es absolutamente fundamental. Aunque inicialmente su contrato indicaba una finalización en abril, alineamos los esfuerzos para que caminen a nuestro lado hasta agosto, condicionando el pago al último entregable. Conscientes de la rigurosidad administrativa, nuestro equipo de coordinación validara con el área jurídica la pertinencia de formalizar esta extensión mediante un documento adicional u otro sí.

Aunado a ello, debatimos sobre el momento idóneo para realizar la evaluación final del proyecto. Comprendimos que levantar la línea de salida en este instante no reflejaría la realidad, pues la herramienta apenas inicia su proceso de apropiación. Por esta razón, diseñamos un cronograma lógico y respetuoso del proceso humano. En abril prepararemos el terreno y realizaremos la transferencia de conocimiento; en mayo llevaremos a cabo el levantamiento de información tras la adopción real; en junio entregaremos el informe, y dedicaremos julio y agosto a las subsanaciones y socializaciones de resultados. Para nutrir este ejercicio de evaluación, planteamos que Cubo Social reciba la transferencia del conocimiento de dos maneras posibles: a través de un espacio directo sobre el funcionamiento técnico, o acompañándonos durante la entrega oficial a la secretaria de Salud, un escenario invaluable que nos permitiría registrar en tiempo real las percepciones, dificultades de comprensión y reacciones de los usuarios finales.

MEMORIA DE COMPROMISOS

Para materializar estas visiones en acciones concretas, consolidamos una serie de compromisos que guiaran los próximos meses. En primer lugar, el equipo de coordinación del proyecto revisara con el área jurídica la necesidad de formalizar la extensión contractual y comunicara el resultado. Por su parte, el equipo técnico se encargará de realizar la transferencia minuciosa de las funcionalidades del sistema al equipo evaluador durante el mes de abril. Con esta base, Cubo Social iniciara su acompañamiento en el proceso de adopción entre el 13 y el 20 de abril, fecha que se ajustara según avance el desarrollo final. Paralelamente, el equipo MEL preparara en abril todo el andamiaje para levantar la línea de salida en mayo, garantizando que el informe de evaluación se entregue en junio. Finalmente, el equipo del proyecto dedicara los meses de julio y agosto para realizar las subsanaciones y socializar los resultados.

Cali, laboratorio del mundo: ¿Qué vio la Fundación Rockefeller en nuestro modelo?

Gabriel Tamura, investigador principal del proyecto Dengue.IA Cali, presentado el dashboard desarrollo para los modelos predictivo y prescritivos a la delegación de la Fundación Rockefeller

El pasado miércoles 4 de febrero, Cali vivió una jornada que marca un antes y un después en su proyección científica. La Fundación Rockefeller llegó al campus de Icesi, no solo para revisar un proyecto, sino para validar por qué nuestra ciudad se está convirtiendo en un referente latinoamericano para la investigación en salud pública.

Más allá del tablero de control

A las 3:30 p.m., el ambiente no era de protocolo rígido, sino de trabajo colaborativo. Nos sentamos frente a un mapa de Cali que ya no se ve como el de Google Maps. Gracias a la intervención de Gabriel Tamura, investigador principal de Dengue.IA, y su equipo técnico, vimos cómo la tecnología nos permite entender la ciudad con nuevos ojos. Tamura nos mostró un mapa dividido en submunicipalidades de 1km². Ya no analizamos la ciudad como un todo gigante e inabarcable, sino que identificamos micro-territorios de riesgo. El modelo cruza 5 grandes familias de variables: geográficas, sociodemográficas, climático-meteorológicas, entomológicas y epidemiológicas, para decirnos dónde actuar con precisión.

Pero la tecnología no tiene sentido sin el contexto humano. Carlos Pinzón, Subsecretario de Salud, aterrizó la conversación a la realidad del día a día. Al recordar el pico epidémico de 2024, quedó claro que este esfuerzo nace de una necesidad vital: en una ciudad tropical y endémica, anticiparse no es un lujo, es una obligación. Fue un momento de madurez institucional. En este contexto, el Secretario Germán Escobar elevó la discusión hacia la Gobernanza de Datos. Su intervención dejó claro que el objetivo de esta administración es que la toma de decisiones basada en evidencia se convierta en una política pública, garantizando que los recursos lleguen antes que la emergencia.

No obstante, la discusión no se quedó ahí, el Rector Esteban Piedrahita y a la Decana Nohra Villegas de la Universidad Icesi, junto a los directivos de la Alcaldía reafirmaron que la alianza Academia-Estado es sólida. La financiación y el respaldo de Rockefeller no son casualidad; son el reconocimiento a una capacidad instalada local que combina la excelencia académica con la voluntad pública.

Y la mejor noticia mira hacia el futuro: la siguiente fase de Evaluación, Monitoreo y Aprendizaje del proyecto que será liderado por la Facultad de Ciencias Humanas para el 2026 porque de nada sirve predecir el brote si no entendemos a la comunidad que lo vive. Así seguimos contribuyendo a traducir el código a la cultura.

Esta visita confirmó que Cali no es un simple receptor de ayuda, sino un laboratorio de innovación global. Nos llevamos la certeza de que el Observatorio de Salud (OSAC) es hoy la infraestructura clave de una ciudad que decidió dejar de adivinar para empezar a anticipar.

Salimos de esa reunión sabiendo que, aunque el mosquito siga volando, ya no nos toma por sorpresa. Cali está aprendiendo a leer su propio clima y a escuchar sus propios datos. Y eso, en un mundo incierto, es la mejor noticia que podíamos recibir.

Primera rueda de prensa de Dengue.IA: ver antes, actuar a tiempo 

22 de julio de 2025 · 10:00 a. m. · Auditorio 2 — Secretaría de Salud Pública de Cali 

La expectativa se sentía en el aire. Siete meses de trabajo multidisciplinar e interinstitucional desembocaban, por fin, en su presentación pública. El Auditorio 2 lucía gris institucional: paredes blancas que devolvían la luz, el escudo de Santiago de Cali al centro, un tablero a un lado y, al otro, las banderas de Cali, Valle del Cauca y Colombia. Al fondo, cámaras listas. Acción. 

Tomaron la palabra el secretario de salud German Escobar Morales y el subsecretario Carlos Eduardo Pinzón, seguidos por Marcela Diaz, líder en vigilancia epidemiológica en Salud pública de la secretaría. Primero, nos dieron el contexto: Cali estaba saliendo de un pico reciente de dengue que golpeó a la región y elevó la presión sobre la ciudad. La Secretaría de salud respondió con acción oportuna para evitar casos graves y, desde esa experiencia, dio el paso siguiente: Dengue.IA

El tablero al fondo de la sala aguardaba su turno. Cuando apareció, el secretario explicó el “cómo” con sencillo esquema: el sistema se alimenta de cinco familias de datos —clima, salud/epidemiología (con históricos de casos), mosquitos/entomología, población/sociodemografía y territorio/geografía— que distintos aliados del municipio y del Estado comparten cada semana. Con esa señal, un modelo de inteligencia artificial marca en el mapa de Cali, por cuadrantes de 1 km², si el riesgo sube (rojo), requiere estar alertas (amarillo) o permanece bajo (verde). En ese momento, el piloto anticipaba una semana; la hoja de ruta anunció el salto a 3 semanas (y, luego, 4–6). 

El anuncio no se quedó en la alerta. Se presentó también el paso que viene: recomendaciones por zona para convertir la alerta en qué hacer, dónde y cuándo —control de criaderos, número de cuadrillas, mensajes y logística— con un piloto del módulo prescriptivo programado para el 1 de diciembre de 2025. 

Después de las intervenciones, llegaron los medios. Telepacífico Noticias entrevistó al secretario; Caracol Radio conversó con Marcela; investigadores del equipo —como Milton Sarria (IA)  y Robin Castro, Gerente del proyecto— ampliaron detalles técnicos. Pronto, medios como El País, El Tiempo y Las2Orillas recogieron la noticia: Cali apuesta por inteligencia artificial para anticiparse al dengue y cuidar vidas. 

“Con esta herramienta, Cali avanza hacia una salud pública más inteligente, oportuna y basada en datos. Es un paso clave para proteger la vida de las y los caleños de manera más efectiva”, afirmó Marcela. (Alcaldía de Cali; 24 de Julio de 2025) 

Materiales y avanceshttps://www.icesi.edu.co/citradi/dengue-cali/ 

Dengue.IA en acción: cuando el territorio habla y la salud escucha

El pasado 27 de mayo realizamos una salida de campo al sector de Petecuy II, en Cali, como parte de las actividades del proyecto Dengue.IA.
El objetivo de la jornada fue conocer de primera mano las acciones que la Secretaría de Salud viene implementando para prevenir y controlar esta enfermedad, así como comprender el contexto ambiental y social que facilita su propagación.
En la visita participaron representantes del equipo del proyecto Dengue.IA, del equipo encargado de monitoreo, evaluación y aprendizajes (M&EL), de la Secretaría de Salud, de la Secretaría de Desarrollo Económico y de la Fundación Rockefeller.
Esta experiencia nos permitió dialogar con técnicos operativos, líderes comunitarios y representantes de distintas instituciones, y observar de cerca la articulación entre estrategias institucionales y saberes comunitarios en un territorio priorizado.
La jornada comenzó en la Institución Educativa Técnica Industrial Pedro Antonio Molina Sede La Inmaculada, donde la Secretaría de Salud instaló un stand de concientización dirigido a estudiantes y visitantes. El propósito era socializar conocimientos clave sobre el mosquito transmisor del dengue (Aedes aegypti) y promover acciones preventivas entre niños, niñas y habitantes del sector.

Entre las recomendaciones más importantes se destacan:
eliminar las aguas estancadas y acudir oportunamente a los servicios de salud ante la aparición de síntomas.

Uno de los elementos que más llamó la atención fue la estrategia de control biológico que se explicaba en el stand: la Secretaría de Salud ha estado utilizando peces Guppy (especie Poecilia reticulata), conocidos por alimentarse de las larvas del mosquito.
Estos peces son liberados en canales y fuentes de agua para frenar la reproducción del mosquito.

En el stand, los niños, niñas y demás visitantes podían observar con sus propios ojos este procedimiento
en tiempo real, convirtiendo el espacio en un espacio de aprendizaje práctico y participativo.

Luego de visitar el stand, realizamos una caminata por algunas cuadras y pasajes del sector, acompañando a los técnicos encargados de implementar las estrategias de control territorial y sensibilización.
La presencia de estos funcionarios, representantes de la secretaría de salud, es fundamental en los barrios donde se han detectado brotes recientes, ya que su labor consiste en solicitar permiso a los residentes para ingresar a las viviendas y revisar posibles aguas estancadas donde pueden reproducirse el mosquito: tarros, jarrones, llantas o cualquier recipiente con agua reposada.
Esta acción es relevante ya que basta con una pequeña cantidad de agua para que una hembra del mosquito deposite entre 150 y 300 huevos.
Durante el recorrido, presenciamos también el protocolo que se activa cuando se detecta larvas en una vivienda. En estos casos, además de verter el agua acumulada, los técnicos realizan un sondeo para identificar posibles síntomas asociados al dengue en los habitantes y recomiendan su asistencia inmediata a su institución prestadora de salud.
Observamos, además, a otro grupo de técnicos revisando cañerías en busca de huevos o larvas; en caso de encontrarlos, vierten un líquido larvicida en las cañerías.

Otro aspecto destacado de la visita fue conocer a los líderes comunitarios que apoyan activamente estas estrategias. Conversamos con James y Esperanza, miembros de la red de vigilantes comunitarios de Petecuy, quienes cumplen un rol clave en la sensibilización y el levantamiento de datos que no siempre llegan por canales oficiales.
Los líderes comunitarios registran casos sospechosos de dengue reportados por teléfono, correo o un aplicativo destinado para este fin, fortaleciendo de esta forma la capacidad de la secretaría de Salud
para anticipar y responder a los brotes desde un enfoque comunitario.
Por este mismo lado, la presencia de los líderes comunitarios también legitima las visitas técnicas, pues estos líderes acompañan a los funcionarios en las brigadas, lo que puede facilitar el ingreso a las viviendas y disminuir la renuencia de algunos hogares.
Esta colaboración estrecha entre la comunidad organizada y las instituciones locales muestra que la salud pública puede fortalecerse desde el trabajo colaborativo y territorial.
Durante el recorrido conocimos el desafortunado caso de una joven de 18 años que falleció por dengue. En situaciones como estas, donde la prevención no fue suficiente, se activa una vigilancia intensiva de los familiares y vecinos cercanos, para evitar una mayor propagación del virus.
Como dijo la lideresa Esperanza, “las personas se han mostrado muy receptivas a las visitas y conscientes de la problemática”, lo cual es clave para que estas acciones tengan un impacto real.
La elección de Petecuy II como zona prioritaria para visitar no es casual; pues este sector está ubicado entre dos cuerpos de agua: el río Cauca y un canal de aguas residuales, lo que aumenta significativamente el riesgo de proliferación del mosquito transmisor.
Además, la configuración urbana del barrio, la presencia de pasajes y, por ende, viviendas muy próximas
entre sí, facilita que el contagio se extienda rápidamente de una casa a otra.
Por ello, intervenir en este territorio es una prioridad para las autoridades sanitarias y es necesario
tener en cuenta a la hora de desarrollar el proyecto en cuestión.
Esta salida de campo nos recordó que la lucha contra el dengue no puede darse únicamente desde lo técnico o lo institucional. Las soluciones más efectivas surgen cuando se reconoce el conocimiento del territorio, se valora el rol activo de las comunidades y se trabaja en conjunto.
En este sentido, las acciones encaminadas para el buen desarrollo del modelo predictivo del proyecto Dengue.IA demuestra su interés por construir una red de salud pública incluyen a las personas, en sus barrios, con sus saberes, uniones y su compromiso cotidiano.