¿Qué significa formar ciudadanos en la universidad?
En una época profundamente marcada por el avance constante de la inteligencia artificial, las transformaciones tecnológicas, la globalización y una creciente diversidad de perspectivas, formar estudiantes para que sean profesionales ya no es suficiente. Es por ello que la universidad se enfrenta ante la pregunta: ¿cómo formar personas capaces de comprender la complejidad de su entorno, tomar decisiones informadas, reconocer diferentes perspectivas y participar responsablemente en la sociedad?
Dicha pregunta es la que he hecho sobre el Desarrollo de competencias ciudadanas en educación superior. Una mirada desde las prácticas docentes en los cursos de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) de la universidad Icesi, en la investigación publicada por la Universidad Icesi en 2026 y editada por Robin Castro-Gil y José H. Bahamón-Lozano. El libro recoge el trabajo de un grupo de docentes que, durante años, han explorado una idea que puede parecer poco compleja, pero que tiene implicaciones profundas en el pensar educativo: la formación ciudadana no ocurre únicamente cuando se habla explícitamente de ciudadanía. También se construye en la manera en que se enseña, se dialoga, se argumenta, se toman decisiones y se relaciona el conocimiento con los problemas del mundo.
La investigación pone la mirada en los cursos de Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad Icesi y, especialmente, en las prácticas de los profesores que los han desarrollado y transformado. Va más allá de únicamente preguntar qué aprenden los estudiantes, sino de mirar qué es lo que ocurre detrás de ese aprendizaje: partiendo de cómo se diseñan las experiencias de aula, siguiendo por cómo los profesores dialogan sobre sus prácticas, hasta cómo construyen estrategias en conjunto y cómo esas decisiones pueden favorecer competencias como el pensamiento crítico, el multiperspectivismo y el pensamiento global-local.
Es aquí donde aparece uno de los más reveladores: la innovación educativa no parece surgir solamente de una buena idea individual, sino de espacios donde los docentes pueden encontrarse, discutir, cuestionar lo que hacen y construir conocimiento junto con otros. Y es por ello que, en el Seminario Permanente de CTS se consolidó precisamente como una comunidad de práctica en la que los profesores comparten experiencias, enfrentan dificultades, reconocen diferentes perspectivas disciplinares y generan colectivamente nuevas estrategias para sus cursos.
La razón detrás de desarrollar dicha actividad concluye en el hecho de que si queremos estudiantes capaces de dialogar con otros, reconocer perspectivas diferentes y participar en asuntos públicos, también necesitamos espacios docentes donde esas mismas prácticas puedan existir. Siendo así que la formación ciudadana va más allá de los contenidos curriculares de un curso, sino que requiere coherencia entre las intenciones educativas, las prácticas pedagógicas, las formas de interacción y las estructuras institucionales que las sostienen. El estudio identifica precisamente la importancia de esa articulación para que la formación ciudadana pueda desarrollarse de manera transversal en la educación superior.
En los cursos estudiados, esta apuesta se concreta mediante estrategias que llevan a los estudiantes más allá de la recepción de información. El aprendizaje activo, el análisis de casos, las discusiones, los debates, las controversias y otras experiencias didácticas permiten conectar el conocimiento científico y tecnológico con dilemas sociales, ambientales, políticos y culturales. Es así como la ciencia y la tecnología dejan de aparecer como asuntos aislados de la vida cotidiana y pasan a ser entendidas como procesos profundamente relacionados con las decisiones y tensiones de las sociedades en las que se producen.
Esto también explica por qué el enfoque CTS resulta particularmente pertinente para la formación ciudadana. Desde esta perspectiva, la ciencia y la tecnología no son neutrales, autónomas ni ajenas a la sociedad sino que forman parte intrínseca de ella y por ende la afectan y la transforman. Están atravesadas por valores, intereses, decisiones políticas y condiciones históricas; que al mismo tiempo, producen efectos que pueden transformar profundamente la vida social y el ambiente. Por eso, hablar de ciencia y tecnología también significa hablar de participación, responsabilidad y democracia.
Los resultados recogidos en el libro de las experiencias educativas de muestran cómo ese tipo de experiencias contribuyen a que los estudiantes reconozcan que los problemas activas no tiene una sola explicación sino que para comprenderlos se requiere de la observación, la relación con otros y el reconocimiento del entorno. Comprender una problemática ambiental, tecnológica, histórica o social implica aprender a observar desde diferentes lugares, relacionar lo local con lo global y reconocer que nuestras decisiones tienen consecuencias para otros. En ese proceso, la ciudadanía deja de entenderse únicamente como participación electoral y se relaciona con la capacidad de formar parte de una comunidad, deliberar, asumir responsabilidades y actuar frente a asuntos que afectan la vida colectiva.
Quizás por eso uno de los mayores aportes de esta investigación no está en ofrecer una fórmula para “enseñar ciudadanía”. El libro muestra, más bien, que la formación ciudadana es un proceso que exige experimentación, diálogo y revisión permanente. Las prácticas documentadas no aparecen como modelos definitivos, sino como experiencias situadas que han sido discutidas, transformadas y, en algunos casos, rediseñadas a partir de las preguntas que surgen en la propia práctica docente.
La investigación también deja abierta una invitación especialmente pertinente para el presente. Si la inteligencia artificial está transformando nuestras formas de producir conocimiento, trabajar, comunicarnos y tomar decisiones, la educación superior tendrá que preguntarse nuevamente qué significa formar ciudadanos en este nuevo escenario. El reto no consiste solamente en aprender a utilizar nuevas tecnologías, sino en desarrollar la capacidad de comprender sus implicaciones, cuestionar sus efectos, participar en las decisiones que las rodean y reconocer que ningún desarrollo tecnocientífico ocurre al margen de la sociedad.
El desarrollo de competencias ciudadanas en educación superior nace precisamente de esa disposición a mirar la educación desde dentro, es quien observa las prácticas. Escuchar las voces de quienes enseñan, sistematizar experiencias y convertir años de trabajo colectivo en conocimiento que pueda ser compartido. El resultado es una obra que conecta investigación, docencia e innovación educativa para mostrar cómo la formación ciudadana puede convertirse en una tarea transversal de la universidad.
A través de la editorial Universidad Icesi esa publicado el libro como parte de la colección: El sur es cielo roto, reúne once capítulos, además de la presentación y las reflexiones finales, y recoge experiencias que van desde la justicia social y la participación ciudadana hasta la cartografía social, el agua, la memoria, el pasado, el medio ambiente, la violencia y la paz.
Más que ofrecer respuestas cerradas, estas páginas proponen algo quizá más valioso: volver a mirar aquello que sucede en las aulas y preguntarnos qué tipo de ciudadanos estamos ayudando a formar cuando enseñamos.
Conoce y descarga gratuitamente el libro en la Editorial Universidad Icesi