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Francisco Piedrahita web

Para empezar, deseo agradecer, muy especialmente, su presencia, señor Presidente de la República. Todos sabemos que su agenda es muy ajustada y, por eso, valoramos muchísimo su asistencia a este acto.

Agradezco también, en nombre de todos en la Universidad Icesi, la presencia de la señora jefe de gabinete de la Presidencia, de la señora Ministra de Educación Nacional, del Señor Viceministro de Educación Superior,  Señor Viceministro de Educacintal, del Concejo de Cali,esta al futuro. l campusnviertan en los Eds and Meds"romiso en el extde los demás miembros del Gobierno Nacional, de la Señora Gobernadora del Valle del Cauca y de su comitiva, del Señor Alcalde de Cali y de la suya, de los miembros del Congreso de la República, de la Asamblea Departamental, del Concejo de Cali, de los Tribunales, de las autoridades militares y de policía y demás representantes del Estado, de los líderes gremiales y empresariales presentes, de los líderes académicos y de todos nuestros invitados.

Nos reúne hoy la celebración de los primeros cuarenta años de la Universidad Icesi, institución que nació como una pequeña, pero ambiciosa Escuela de Negocios, por iniciativa de la Junta Directiva del Instituto Colombiano de Administración, INCOLDA. Sus gestores, entre los que recuerdo hoy a Germán Holguín y a Adolfo Carvajal; sus primeros rectores, Alberto León y Alfonso Ocampo; los vicerrectores, Franklin Maiguashca e Hipólito González; y muchas otras personas, entre directivos, profesores, empleados y miembros de la comunidad empresarial de la región, llevaron al Instituto Colombiano de Estudios Superiores de INCOLDA, como se llamó originalmente, en muy poco tiempo, a ocupar un lugar preponderante entre las instituciones de educación superior de Colombia.

Tomó casi diez años llegar al primer edificio de esta sede de Pance, en 1988. En esa primera década, además, se graduaron las primeras cohortes del programa de Administración de Empresas; se estableció el Centro de Desarrollo del Espíritu Empresarial, la primera unidad académica de su clase en América Latina, dirigida, desde entonces, por Rodrigo Varela; se abrió un programa de Ingeniería de Sistemas, con énfasis en Administración, que respondía a necesidades sentidas del empresariado regional ante la llegada de las incipientes, nuevas tecnologías; se ofrecieron programas de posgrado en alianza con la Universidad EAFIT de Medellín.

Vendría después una segunda década, de consolidación, cuando se creó una Escuela de Posgrados propios, que vino a dirigir Héctor Ochoa: se abrió la Maestría en Administración y se empezaron a ofrecer Especializaciones en las diversas disciplinas relacionadas con los negocios. Al final de los años 90, se hicieron unos “estiramientos”, si me permiten la palabra, a la misión original, abriendo programas como Diseño Industrial, y otros en Ingeniería y Economía, que permitieron el reconocimiento de la institución como Universidad, por parte del Ministerio de Educación Nacional.

La primera mitad de la tercera década de nuestra historia, hasta 2003, corresponde a lo que yo llamo el periodo de transición. Se amplió un poco más la oferta de programas en pregrado, se organizaron las primeras tres Facultades y, tal vez lo más importante, se diseñó y empezó a aplicar un modelo educativo, nuestro PEI, para usar el término usual en el sector, que, liderado por algunos años por Hipólito González, habría de convertirse en nuestro principal sello distintivo.

Dos cambios, que ocurrieron en 2003, habrían de cambiar para siempre nuestra historia.

El primero cambiaría la misión y la organización de la Universidad. En noviembre de ese año, después de discusiones internas en la institución y de presentaciones y discusiones en la Junta Directiva y, finalmente, en el Consejo Superior, se aprobó reorientar a la Icesi para convertirla en una universidad, en el sentido pleno de esa expresión.

El segundo cambiaría la población estudiantil. ICETEX, recién convertido en entidad financiera de naturaleza especial por el Gobierno de Álvaro Uribe, empezó a ofrecer los créditos ACCES, orientados a la población más desfavorecida, con tasas de interés subsidiadas y muchas facilidades de acceso. La Universidad Icesi fue tal vez la primera en firmar un convenio con ICETEX para ofrecer becas a aspirantes que llegaran con ciertas condiciones socioeconómicas y académicas y con créditos aprobados por la entidad financiera recién transformada. Estaba haciendo una apuesta por la inclusión.

Permítanme contarles, en unos minutos, las historias paralelas que surgieron de esos dos cambios.

La aprobación del cambio misional vino con dos condiciones: por ningún motivo podría afectarse la aspiración de excelencia con la que nació la institución; en particular, no podría afectarse lo logrado en los campos relacionados con la administración de empresas, origen de Icesi; además, para edificar la nueva visión de la universidad, se aprobó empezar, a manera de cimientos, con Facultades en las Ciencias Sociales y en las Ciencias Naturales; sobre ellas se construirían los programas profesionales que se consideraran pertinentes.

La Facultad de Ciencias Administrativas y Económicas, que por muchos años y hasta hace solo cuatro meses dirigió con mucho tino Héctor Ochoa, ha aumentado su oferta de programas de pregrado y Maestría, ofrece nuestro primer doctorado, tiene miles de egresados que se destacan en Colombia y en el exterior, e impacta positivamente la sociedad, no solo con sus egresados, sino con el nuevo conocimiento y la consultoría que ofrecen sus grupos de investigación y centros académicos como PROESA, CIENFI, ICECOMEX, Polis, etc. La acreditación internacional de la AACSB, recibida hace cinco años y recientemente renovada, sitúa a nuestra escuela de Administración, con su par de la Universidad de los Andes, como las únicas en Colombia que hacen parte de un exclusivo club que reúne a las mejores escuelas de negocios del mundo y que incluye a menos de 20 latinoamericanas.                                                           

El Centro de Desarrollo de Espíritu Empresarial, a su vez, ha continuado promoviendo el emprendimiento, en Icesi y en la comunidad, y, desde hace una década, estableció el Start Up Café, incubadora de empresas de tecnología que ya presenta varios casos de éxito en el mercado. Este Centro está ahora vinculado a C Emprende, campus de emprendimiento en red que está impulsando el Gobierno Nacional.

Las Ciencias Sociales nacieron asociadas al programa de Derecho para formar la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Esa Facultad ha florecido en muchas dimensiones. Su oferta de programas de alta calidad, que incluye seis en pregrado, siete Maestrías y doce especializaciones atiende con éxito a muy diversas poblaciones. Además, es muy notable el impacto de la investigación de sus profesores y de centros como el de Estudios Afrodiaspóricos, el Grupo de Acciones Públicas Icesi, el Observatorio para la Equidad de las Mujeres, el Consultorio Jurídico y su Centro de Conciliación, el CIES, el PEAP, etc.

Las Ciencias Naturales abrieron sus programas de pregrado solo en 2008, y las maestrías de profundización e investigación unos años después. Pero muchos de sus graduados ya se destacan en la Industria, en el sector Salud y en el campo científico. Varios de ellos ya terminaron o cursan actualmente programas doctorales en los Estados Unidos y en Europa. Las publicaciones científicas de sus profesores hacen visible a Icesi en los rankings internacionales. Y la colaboración con la industria regional es cada vez más estrecha. Destaco el Centro de Ingredientes Naturales Especializados y Biotecnológicos (CINEB); el Laboratorio de Instrumentación Química; y BioInc, un centro de estudios para el aprovechamiento de la Biomasa.

Hace diez años se dio otro hito en nuestra historia institucional, el nacimiento de nuestra Facultad de Ciencias de la Salud. Ese fue un nacimiento en cuna privilegiada. Un año antes habíamos firmado lo que llamamos “Acuerdo profundo por la Vida”, por 50 años, con la Fundación Valle del Lili. Esa Facultad ha graduado ya más de 300 Médicos que están siempre entre los mejores del país, según Saber Pro, y avanzan en sus carreras profesionales sirviendo a diversas comunidades; también ha graduado más de 140 Médicos especialistas en más de 20 campos diferentes. Y la investigación de los profesores, tanto en ciencias básicas, como en clínicas, se destaca internacionalmente. La alianza con la Fundación Valle del Lili ha significado un aporte enorme, no solo para la Facultad, sino para toda la Universidad. Recordemos que su clínica está acreditada con excelencia por ICONTEC; ha estado, también por varios años, entre las tres o cuatro mejores de Latinoamérica, según la revista chilena América Economía; y es el único hospital Universitario certificado en el Suroccidente colombiano. Todo eso, en solo 25 años de existencia.

El clúster de salud que se ha conformado con nuestra Facultad, la Fundación Valle del Lili, CIDEIM, un centro de investigación autónomo en enfermedades infecciosas huérfanas, basado en nuestro Campus, PROESA, nuestro Centro de Estudios en Protección Social y Economía de la Salud y la industria farmacéutica local es la concreción del sueño que nos planteamos hace diez años sobre el significado de las “Eds and Meds”, como las llamó Brookings Institution, refiriéndose a instituciones de educación superior y hospitalarias, que se convierten en motores de desarrollo económico y social de importantes áreas metropolitanas.

He dejado para el final, en esta breve historia de nuestro desarrollo académico desde el año 2003, las áreas que se benefician con los edificios que estamos presentando hoy formalmente.

La Facultad de Ingeniería nació hace muchos años, a la sombra del programa de Administración de Empresas. Pero, con el paso del tiempo, se fortaleció mucho y hoy tiene un excelente equipo de profesores que ofrecen cuatro programas de pregrado en Ingeniería y dos en Diseño, además de siete programas de Maestría, entre los que destaco los más recientes en Gestión de la Innovación, en Gerencia de Proyectos y en Ciencia de Datos, que atienden las más apremiantes necesidades de las empresas de la región para este siglo XXI. Los pregrados en Ingeniería tienen desde hace dos años la exigente acreditación internacional de ABET. Están en proceso de aprobación, por parte de CONACES y el Ministerio de Educación, dos programas nuevos, muy importantes: un innovador pregrado en Ingeniería Agronómica y el segundo programa doctoral de la Universidad, Doctorado en Ingeniería. Los nuevos espacios y equipos de laboratorios para Ingenierías de Sistemas, Telemática, Industrial y Bioquímica, y para Diseño de Medios Interactivos, tienen los más altos estándares; ellos, sumados a nuestros Laboratorios de Innovación, al Taller de Diseño y a la planta piloto de Bioquímica, que también presentamos hoy, única en el país, contribuirán a los ambiciosos planes del Gobierno en Economía Naranja, transformación digital y crecimiento verde.

Desde 2015 empezamos a ofrecer seis programas de Licenciatura para formar Maestros. Creemos que es responsabilidad de universidades de élite académica, como la nuestra, hacer su aporte para mejorar la calidad de la educación escolar en Colombia. Estamos convencidos de que nuestra Escuela de Ciencias de la Educación lo hará con éxito. Desde hace varios años, sus programas de Maestría y su Centro Eduteka están apoyando a Maestros en ejercicio. A partir del año próximo, estaremos graduando jóvenes maestros que, con seguridad, van a dejar huella en la formación de las nuevas generaciones de colombianos. El Laboratorio de Experimentación Pedagógica que hoy presentamos será un elemento clave para ese propósito.

Finalmente, para el desarrollo de nuestro nuevo programa de Música, con énfasis en Producción Musical, estamos poniendo en marcha 25 espacios, entre estudios de grabación, sala de producción y salas de práctica individual y grupal. Se están dotando con equipos y se han construido con estándares de clase mundial en tecnologías de acústica, grabación y comunicación. Esperamos que nuestros futuros profesionales y esas instalaciones hagan un gran aporte al crecimiento y al fortalecimiento de la Economía Naranja en esta región Pacífica, caracterizada por su vocación musical.

Para dar solo unas pocas estadísticas que resumen la transformación estructural ocurrida en Icesi desde 2003, baste decir que el número de profesores de planta se multiplicó por seis; y el de aquellos que tienen título doctoral, se multiplicó por veinte. Además, de un área ocupada de algo más de 4 Hectáreas, pasamos a cerca de 14.5. Y de 11.000 metros cuadrados construidos, a más de 65.000. Los dos edificios nuevos empezaron su proceso de planeación, aprobación y financiación hace más de tres años. Todo se hizo posible por un importante crédito, con tasa compensada, originado en Findeter, banco de desarrollo del Gobierno Nacional, que agradecemos mucho.

Pero, al empezar, hablé de dos historias paralelas que transcurren desde 2003 hasta hoy: una es la del desarrollo organizacional, académico, estructural que he descrito, el cual se origina en el cambio misional. La otra es igualmente significativa. La de la transformación poblacional. El proyecto de inclusión de Icesi.

El cambio misional llevó también a aumentar, considerablemente, la cantidad de estudiantes. Por el importante aumento en número de programas, los de pregrado se han multiplicado por tres; y los de Maestrías y Especializaciones Médico-Quirúrgicas por muchas veces más.

Pero quiero concentrarme en el cambio en el perfil socioeconómico de nuestros estudiantes de pregrado. Ya conté cómo Icesi fue tal vez la primera universidad en acordar con ICETEX el ofrecimiento de becas a aspirantes pobres que llegaran con créditos aprobados por esa entidad. Al principio, esas becas consistieron solo en un descuento de 25%. En 2005, en el caso de jóvenes aspirantes provenientes de estratos 1 y 2, con cierto ingreso familiar y cierto resultado en Saber 11, ampliamos esas becas para cubrir gastos indispensables que garantizaran a los beneficiarios su éxito universitario: almuerzo completo diario en la Universidad; préstamo de los textos guía de cada curso por todo el semestre, cada semestre; un auxilio económico mensual para gastos de transporte, fotocopias, etc.; y un programa de acompañamiento para asegurar su adaptación a la vida universitaria.

Esa, que llamamos Beca Icesos, ha transformado la Universidad. Llegaron más y más muchachas y muchachos talentosos de Cali y de todo el Suroccidente del país. Por instrucción de la Junta Directiva, no hay un cupo fijo para esas becas. Se ofrecen a todos los aspirantes que, cumpliendo las condiciones, sean admitidos y obtengan la aprobación de un crédito de ICETEX por 75% del valor de la matrícula. Ha sido nuestra tarea buscar donaciones para cubrir, idealmente, a todos los becarios. Organizaciones como Tecnoquímicas y la Fundación Valle del Lili las han apoyado consistentemente. Algunas empresas, como Gases de Occidente, Mayagüez y Carvajal Empaques han preferido tener programas de becas completas, apalancadas por ellos, en convenio con la Universidad, dirigidos a una población similar. El BBVA y Manos Visibles han mantenido otro programa parecido.

Años después, en 2015, llegó el programa Ser Pilo Paga, reemplazado desde el año pasado por Generación E-Excelencia. La Universidad Icesi apostó a atraer tantos de esos talentosos jóvenes como fuera posible. Con estas nuevas becas, dirigidas a jóvenes de la misma condición económica, la población proveniente de estratos 1 y 2 continuó subiendo. Para ponerlo en cifras, entre 2003 y 2018, la cantidad de jóvenes provenientes de estrato 1 pasó de unos 15 estudiantes a 800; y la de estrato 2, de menos de 100, a más de 1.700. En total, pasaron de constituir menos del 5% de nuestra población estudiantil de pregrado, a ser más del 44% de ella.

Resalto ahora otras dos innovaciones que se dieron en el sistema de Educación Superior durante el segundo gobierno del presidente Uribe, siendo Ministra de Educación Cecilia María Vélez, y siendo parte de su equipo la actual Ministra, María Victoria Angulo. Son cambios que diferencian muy favorablemente el sistema colombiano al compararlo con los de otros países.

Primero, a partir de 2007, se estableció el Observatorio Laboral para la Educación (OLE), sistema público de información que, al hacerles seguimiento a los graduados en el mercado laboral, permite conocer información sobre empleabilidad e ingreso promedio histórico para cada cohorte, de cada programa, de cada institución de educación superior en Colombia.

Después vino la reglamentación de las pruebas Saber Pro, ese “ICFES universitario” que tuvo su origen en los llamados ECAES; y que, por Ley de 2009, se convirtió en requisito de grado para cualquier nuevo profesional colombiano. Su objetivo principal es comprobar el nivel de desarrollo de las competencias de esos estudiantes próximos a culminar los programas académicos de pregrado.

Pues bien, lo más importante del programa de inclusión socioeconómica en Icesi, durante los 16 años de esta historia, es que los resultados académicos, medidos por las pruebas Saber Pro, y los de remuneración de egresados, medidos por el Observatorio Laboral, no solo no se deterioraron, sino que mejoraron con esa nueva población más diversa.

Nuestros estudiantes candidatos a grado, cuando se presentan a las pruebas Saber Pro, no solo se destacan en los diversos grupos de referencia en los que el ICFES los clasifica, sino que siempre están entre las dos o tres primeras universidades del país en el promedio de Competencias Genéricas. Y, al analizar los resultados del Observatorio Laboral, encontramos que la remuneración promedio de nuestros egresados está de primera en Cali, con diferencia muy significativa, y entre las mejores de todas las universidades del país, sin ajustar por la diferencia salarial y de costo de vida con Bogotá, donde están las otras instituciones de referencia.  

Y es que el talento y la voluntad se encuentran en todas partes. Muchas de las historias de vida de nuestros egresados son verdaderamente inspiradoras. Como la de Diego Rodríguez, joven afrodescendiente, nacido y educado en Guapi, pueblo caucano pobre, aislado y violento, quien llegó a Icesi después de intentar dos veces entrar a una Universidad del Estado; aquí, con la beca Icesos, se graduó con honores en Contaduría Pública y Finanzas Internacionales. Se vinculó a la multinacional Deloitte como auditor; hoy, sin haber cumplido los treinta años, se desempeña como Consultor Senior de Fusiones y Adquisiciones de Empresas, en la sede de Bogotá de esa firma. O Kelly Velasco, de la Ciudadela Desepaz, junto al jarillón del Río Cauca, aquí en Cali, también becaria Icesos, graduada Magna cum laude en Ingeniería Telemática. Ella, después de trabajar con éxito en dos multinacionales colombianas, en Cali y en Bogotá, viajó a Francia, donde adelanta una Maestría en Innovación, Estrategia y Emprendimiento en la Grenoble Ecole de Management. Y esta última: la de Jan Carlos Salazar, de Puerto Tejada, otro becario Icesos, afrodescendiente, que estudió Biología; él publicó, antes de graduarse, un artículo en una revista académica norteamericana de primer nivel y hoy estudia su doctorado, con una beca muy generosa, en Washington University, de San Luis, en Missouri, Estados Unidos.

Ahora bien ¿por qué le apostó la Universidad Icesi a la inclusión? Hubo, desde el principio, una intención valiosa, aunque algo menor; la de enriquecer la formación de nuestros estudiantes. Tener un campus diverso genera una influencia positiva en ellos en términos cognitivos; por ejemplo, la inclusión desarrolla una competencia de nuestro proyecto educativo: el multiperspectivismo, la comprensión de puntos de vista de personas que vienen de contextos diferentes. También influye en su formación socioemocional; queremos que los jóvenes fortalezcan respeto, empatía, solidaridad, sentido de justicia.

Pero la razón de mayor peso detrás de nuestra apuesta por la inclusión es la generación de bienes públicos. Menciono dos muy importantes: la inclusión fortalece valores sociales y democráticos como la movilidad social, la meritocracia y la justicia; además, garantiza la incorporación, en la élite laboral y profesional del país, del mejor talento disponible, fomentando la competitividad y el desarrollo del que todos nos beneficiamos.

La inclusión socioeconómica en la Universidad, entonces, no es simplemente una política de fomento de la diversidad; es un compromiso con el valor público que tiene la educación superior. Sin ese compromiso, la educación superior de calidad reproducirá las desigualdades y los privilegios sociales existentes.

El mes pasado se publicó, en Estados Unidos, un libro cuyo título podría traducirse: “Los años que más importan: cómo la universidad nos salva o nos hunde”, de Paul Tough, reconocido periodista especializado en educación. Alguna reseña del libro decía: “Un libro que plantea una pregunta urgente: ¿está nuestro sistema de educación superior diseñado para proteger a los privilegiados y dejar al resto atrás?”. Y es que hay mucha literatura reciente en los Estados Unidos sobre el carácter discriminador de las universidades de alta calidad. La diferencia que aporta el libro de Tough es que informa sobre una investigación adelantada por tres economistas muy prestigiosos que tuvieron acceso a las bases de datos del Servicio de Impuestos de ese país y pudieron hacerles seguimiento a miles de personas desde la cuna hasta la universidad y, luego, a su vida laboral. En 2017 publicaron unos documentos llamados “Tarjetas de calificación de la movilidad” para miles de instituciones de educación superior de los Estados Unidos. La primera conclusión que sacaron fue que la movilidad social hoy, en contraste con épocas pasadas, depende en gran parte de lo que les suceda a esos jóvenes en su edad de educación superior. De las decisiones que ellos tomen y de las que otros tomen por ellos. Concluyeron que el nivel de universidad de la que se graduaban se correlacionaba muy fuertemente con los ingresos futuros en su vida laboral. Encontraron, además, que el éxito profesional de pobres y ricos que se graduaban de la misma institución, era notablemente similar; es decir, que llegar a la misma universidad eliminaba las ventajas que los que venían de familias ricas tenían inicialmente sobre aquellos que provenían de las más pobres. Pero el último hallazgo de los investigadores sí fue muy triste: que los ricos y los pobres no están llegando a las mismas universidades. Que los casos para los que aplica la eliminación de diferencias son una abrumadora minoría. Que allá también aplica la crítica sentencia del ex rector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman: “Los ricos con los ricos y los pobres con los pobres”. Cabe aclarar que, en todas sus comparaciones, los investigadores estaban contrastando resultados para jóvenes que salían del sistema escolar con niveles académicos similares.

En Colombia no tenemos aún una investigación como la descrita por Paul Tough. Pero sí tenemos algunas aproximaciones valiosas.

La correlación entre ingresos del egresado y su universidad se aprecia, con facilidad y contundencia en el Observatorio Laboral de la Educación. Y, como en los Estados Unidos, los ingresos de los egresados de unas pocas universidades privadas de alta calidad son, en promedio, mucho más altos que los de sus congéneres de las estatales y de otras privadas.

Por otra parte, no tenemos información estadística que pruebe si, en Colombia, como en los Estados Unidos, les va igual a ricos y a pobres que se gradúen de la misma institución; pero, al menos un año después de su grado, cuando, desde hace mucho tiempo, desde Icesi, hemos hecho seguimiento a nuestros egresados, no encontramos diferencias ni en empleabilidad ni en ingreso en jóvenes provenientes de diferentes estratos socioeconómicos.

Sobre la última conclusión de los investigadores, que llegan muy pocos jóvenes de niveles socioeconómicos bajos a las universidades privadas de élite académica, podría decirse que en Colombia pasa lo mismo; en parte, por la deficiencia en la calidad de la educación que reciben esos jóvenes durante su vida escolar; en parte, porque la educación de calidad es costosa y muchos de esos jóvenes no conocen la forma de financiarla, ni encuentran las puertas abiertas para lograrla. Pero en Icesi y en unas cuantas instituciones más, con la ayuda de subsidios a la demanda, en forma de becas y créditos estudiantiles subsidiados por el Estado, hemos venido rompiendo ese patrón. Las cifras y los casos presentados antes son prueba contundente.

Lamentablemente, ese modelo incluyente no lo encontramos viable en las circunstancias actuales. Quiero dejar claro que nosotros, aquí en Icesi, hemos aceptado el cambio que realizó el Gobierno Nacional al programa de becas-créditos condonables de reconocimiento a jóvenes que se destacan en las Pruebas Saber 11. Entendemos los motivos para cambiar Ser Pilo Paga por Generación E Excelencia.

El problema más delicado lo encontramos en ICETEX, a pesar de los esfuerzos que hace su administración actual. Desde 2015, cuando el Gobierno de entonces redujo profundamente la población elegible para créditos subsidiados, medida que se reforzó en 2017, y por un serio problema de percepción del que padece actualmente esa benemérita entidad y cuyo origen no entendemos, la demanda por nuestras becas, apalancadas por créditos de ICETEX ha decrecido dramáticamente.

Modelos incluyentes, como el de la Universidad Icesi, y miles de estudiantes de alto potencial requieren el apoyo del Estado. Y no es necesario hablar de gratuidad. Un país donde la educación inicial, la básica y la media demandan recursos adicionales ingentes de ese Estado para mejorar su cobertura y, sobre todo, su calidad, no puede darse el lujo de no recuperar los recursos que invierte en la formación de profesionales que van a estar entre las personas con mayores ingresos del país.

Afortunadamente, la solución ya existe: la Financiación Contingente al Ingreso. Ese sistema lo crearon en Australia, hace ya 30 años, y cubre toda la educación superior de ese país. Hoy se ha extendido por el mundo en lugares como el Reino Unido, Corea, Hungría, Holanda, Malasia, Nueva Zelandia, Tailandia, Sur África y, con cobertura baja aún, los Estados Unidos.

En la Financiación Contingente al Ingreso, el deudor paga según su ingreso; no como hoy en ICETEX, cuando debe pagar una suma fija, independientemente de si tiene o no ingreso y de cuánto es. Con este nuevo sistema, no cambia solo el valor del pago; cambia también el porcentaje; y podría cambiar hasta la tasa de interés, según el ingreso.

La Financiación Contingente al Ingreso ofrece varias ventajas: suaviza la carga de la deuda para el joven profesional deudor; tiene implícito un seguro contra el “incumplimiento de pago”; protege contra la pérdida de reputación de crédito del beneficiario; y, muy importante, puede cobrarse eficientemente vía la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes, PILA.

Ya existe la Ley 1911, de Julio 9 de 2018, que autoriza el sistema de Financiación Contingente al Ingreso para Colombia. El sistema aprobado o algo parecido restauraría y fortalecería la viabilidad de los modelos de inclusión universitaria en nuestro país.

Aprovechando su visita a nuestra sede queremos invitar al Gobierno Nacional a utilizar el mecanismo de la Financiación Contingente al Ingreso, que permite que las universidades privadas puedan seguir formando a jóvenes con talento y voluntad independientemente de sus condiciones socioeconómicas.

Para terminar, deseo expresar un profundo agradecimiento, en nombre de la Universidad, a todos los que han hecho posible los logros que he descrito: al Estado colombiano, representado en el Gobierno nacional y demás representantes, aquí presentes, al Consejo Superior y a la Junta Directiva de la institución, a los directivos, profesores y empleados de hoy y de siempre.

Espero que, dentro de cuarenta años, la comunidad icesista de entonces esté celebrando nuevos logros, mucho más grandes.

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