Hay experiencias que una no sabe qué esperar de ellas, ni siquiera cómo nombrarlas, hasta que ya las vivió. El Curso Internacional Fortalecimiento de las Lenguas Indígenas desde el cuerpo-tierra-territorio fue una de esas.

La convocatoria llegó por correo desde la Universidad del Rosario en Bogotá. La sentí como una invitación que buscaba conectar con personas distintas del país, y de fuera de él, con un sentido en común: las lenguas indígenas. Este curso de dos semanas, desarrollado por la Universidad del Rosario en alianza con el ICETEX y con el apoyo de la Universidad Externado de Colombia y el programa Interacciones, funcionaba a través de becas que se otorgaban contando quién eras, de qué proyecto venías, qué buscabas aprender. Me presenté como parte del Proyecto Lenguas Nativas del Vaupés, que tuvo su versión 1.0 financiada por el Sistema General de Regalías entre 2023 y 2025, y su versión 2.0 en 2026, y también desde mi llamado personal por el deseo de seguir entendiendo y dejarme atravesar por las narrativas indígenas que reposan sobre todo en los mitos de origen.

Del 4 al 14 de noviembre de 2025, me senté en las aulas del claustro ubicado en el centro de Bogotá, y también fuera de ellas. Desde Guatavita, donde se llevó a cabo un pagamento de la mano de un mamo que acompañó todo el proceso; desde el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación; desde el Museo Botero y Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria; y muchos otros lugares que se fueron tejiendo entre historias que nos iban conectando con la ciudad. Nos acompañaron compañeras y compañeros indígenas, personas de distintas carreras, literatura, comunicación, antropología, quienes recién iniciaban su camino en la investigación y quienes llevaban años en él, personas centradas en la acción comunitaria, distintas historias, distintos territorios, pero con el interés en común de aprender y aportar a los procesos que comprenden las lenguas indígenas.

El programa fue liderado por tres expertas internacionales: Emiliana Cruz, mujer indígena chatina de México, lingüista y antropóloga investigadora del CIESAS, quien ha centrado su trabajo en el fortalecimiento de su propia lengua; Nora Cárdenas, quechuahablante peruana, especialista en interculturalidad y género de la PUCP; y Tesania Velázquez, también del Perú, psicóloga comunitaria con amplia experiencia en trabajo con mujeres quechuahablantes. Aprender de ellas, desde lo conceptual y metodológico hasta los dilemas que implica hacer este tipo de investigaciones, invita a acuerpar las maneras de acercarse al conocimiento, esas que no siempre están en los libros y que pareciera que todo el tiempo hay que reconfigurar. Estos espacios son también sumamente valiosos porque permiten ver cómo se hace investigación en otros lugares, desde otras lenguas, otros territorios y otros enfoques, desde personas que se reconocen como indígenas y desde quienes no, desde distintas formas de habitar el mundo.

Pero lo que más me marcó fueron los momentos que ocurrieron entre clases, o a veces en lugar de ellas, espacios de armonización, de escucha, donde la música nos atravesaba en cada momento de agradecimiento con el territorio. Momentos en los que una recuerda que el saber también tiene cuerpo, que viene de algún lugar, que está arraigado. Conocí personas cuyas trayectorias me inspiraron y me movieron. Encontré preguntas nuevas para mi trabajo. Y volví con algo difícil de explicar pero fácil de sentir, una comprensión más amplia, más viva, de lo que significa trabajar con lenguas indígenas y con las comunidades que las habitan.
Agradezco profundamente haber hecho parte de este camino, y que la vida siempre me permita conectar con personas que aman tanto lo que hacen. Las amistades también pueden gestarse en espacios como estos.
Elaborado por: Mariana Canacue
