
A manera de relámpago, quiero decir, escribir, nombrar algunas reflexiones alrededor de lo que ha significado trabajar a otros tiempos; a tiempos en plural, porque de eso se trata la trama de la vida.
Otros tiempos; los amazónicos signan y dictan el ritmo. Investigar en Vaupés significa entender otros llamados, otras disposiciones, a las cuales Occidente o, mejor, aquello que aprendimos como “investigar”, no está acostumbrado. En los últimos meses ha sido un reto, en todos los sentidos, realizar metodologías a distancia o, como le hemos llamado desde el equipo de investigación en Cali, metodologías multisituadas. Esto significa que, en lo que va del proyecto, todo ha sido mediado por unas pantallas, por una red invisible (internet) que conecta, comunica, pero que a su vez corta, genera silencios y resistencias.
Pensar una investigación de este tipo genera muchas preguntas, no solo por las inmensas posibilidades de estar y encontrarnos desde distintas latitudes, sino también por las limitantes en el trabajo de campo. Esto significa hacer etnografía privilegiando algunos sentidos —la escucha y una vista parcial—, dejando de lado el tacto, el gusto y el olfato, que también son esenciales para comprender, en alguna medida, los mundos con los cuales interactuamos.
Ahora quisiera detenerme en los sentidos de la escucha y la vista parcial, pues son estos dos los que me han posibilitado el encuentro que, si bien no es total y nunca lo será, sí me ha permitido comprender y aprender otros ritmos a los cuales la antropología y la educación también deberían atender.
En una de tantas reuniones virtuales, Hermes, un joven cabiyarí, estudiante y maestro, nos compartió que para “aprender” no basta solo con la repetición, sino con forjar otras disposiciones corporales, atender al llamado de otras sabias, acuáticas, vegetales, que muestran y posibilitan tantos caminos que unx debe saber escuchar, saber hacer silencio y saber contemplar, para que el silencio permita la escucha y esta genere, reverbere con fuerza y se convierta en don.
Escuchar esto me causó una gran fascinación, pues durante toda mi formación siempre escuché que uno aprende repitiendo, leyendo y preguntando. Y, si bien esto es cierto, nunca me había detenido a pensar que, para lograr eso que nombramos aprendizaje, necesitamos de la escucha, el silencio y la contemplación, no solo como disposiciones, sino como posiciones frente a la infinidad de mundos.
Me quedo entonces con las siguientes preguntas:
¿Qué significa aprender desde el silencio?
¿Qué significa aprender desde la contemplación?
¿Qué puede generar el escuchar otras sabias, otros llamados y grafías no necesariamente humanas?
¿Es posible una educación que ponga en el centro la escucha?
El silencio pareciera ser entonces una de las tantas respuestas y caminos metodológicos. Como dice John Gray (2014), la civilización es una “máquina de distracción” para evitar el silencio; silencio necesario para atender el llamado del territorio, que es hogar y maestro. Silencio, no como una forma de obediencia plena, sino como una relación radical frente a los mundos. Silencio que dispone al cuerpo para aprender y escuchar las historias de los abuelos y las abuelas.
¿Cómo atender al silencio como camino para aprender y percibir a otros?
¿Qué significa pensar una metodología que no procura solo por el ver y el escribir? Una metodología del silencio que impregna y resquebraja nuestras certezas investigativas…
Quizás de eso se trata también de investigar en el Vaupés. Aprender que nuestra mirada siempre es parcial. Mientras escribo estas líneas desde Cali, donde los 7 ríos que cruzan nuestra ciudad, la vida sigue su curso al igual que los caños y los ríos Querary, Apaporis, Papuri. Las aguas continúan subiendo y bajando, los abuelos siguen conversando, las chagras siguen creciendo y los estudiantes de las escuelas corren, pintan y juegan. Pues, la vida no se detiene para que podamos comprenderla.
Pienso, entonces, en algo que nos han compartido los investigadores comunitarios. Dicen que cuando el agua del río Vaupés comienza a subir, los pies de la Virgen María van desapareciendo poco a poco. Esa marca anuncia lo que viene, es augurio, advierte sobre los movimientos del río. Ya que esto no es simplemente un indicador; es una forma de atención, una manera de leer el territorio.
Tal vez las metodologías que hemos aprendido en la academia suelen hacernos creer que observar consiste únicamente en mirar, registrar y escribir. Pero en el Vaupés, aunque sea mediado por pantalla y cables, pareciera que observar también implica escuchar, esperar, contemplar y reconocer que el mundo habla en tantos lenguajes que no siempre sabemos interpretar. Por eso, más que buscar una metodología capaz de capturarlo todo, quizás el desafío sea aprender a convivir con nuestra propia parcialidad. Reconocer que siempre vemos apenas un fragmento y que existen otras formas de percibir aquello que llamamos realidad.
Mientras nosotrxs escribimos informes, tomamos notas o sistematizamos conversaciones, la vida continúa ocurriendo. Tal vez la tarea no sea entonces apresarla en nuestros textos, sino aprender a acompañar, aunque sea por un instante, algunos de sus ritmos, entre el Pacífico, los Andes y el Amazonas.
Elaborado por: Juan David Dominguez Shek











Con la iniciativa se espera impactar a los habitantes de las comunidades de Yacayacá, Wacará, y los estudiantes del Programa de Formación Complementaria de la Escuela Normal Superior Indígena María Reina (ENOSIMAR) quienes son los principales beneficiarios de este proyecto. A la fecha se han llevado a cabo fases como la socialización del proyecto en las comunidades de Yacayacá en septiembre y Wacará en noviembre, logrando así una base sólida para la implementación futura y sobre todo un importante apoyo y colaboración de todas las partes involucradas en este esfuerzo conjunto por preservar la riqueza cultural y lingüística de nuestro país han sido fundamentales.