Lo que aprendí escuchando  

Si hace seis años alguien me hubiera preguntado por el departamento del Vaupés, probablemente solo podría decirle dónde está ubicado. Sabía que era un departamento de Colombia, ubicado en la Amazonía, pero más allá de eso no tenía mayores conocimientos de este. Durante mi paso por el colegio tampoco recuerdo que estudiáramos mucho sobre los departamentos de la periferia. Ahora que lo pienso, gran parte del contenido escolar parecía centrarse en las principales regiones y ciudades del país, como Bogotá, Medellín o Cali, mientras que los territorios amazónicos y otros lugares alejados de los grandes centros económicos y políticos nacionales aparecían con menor frecuencia. Incluso siendo del Putumayo, no recuerdo haber tenido una clase que nos enseñara la historia y la diversidad cultural del departamento en el que vivíamos. A veces tenía la sensación de que estos territorios existían más en los mapas que en las narrativas con las que aprendíamos a comprender nuestro país.  

Con el tiempo, el Vaupés comenzó a aparecer en mi camino académico. Mi primer acercamiento fue a través de un proyecto de investigación sobre procesos de migración de mujeres indígenas hacia la ciudad de Mitú, en el que participé como parte de mi trabajo de grado. Más adelante tuve la oportunidad de vincularme al proyecto Lenguas Nativas. En ambos procesos, una de mis tareas consistió en realizar transcripciones de entrevistas. 

Al principio solo veía esta labor como una actividad principalmente técnica, en donde debía escuchar audios, transcribir conversaciones y organizar información. Sin embargo, a medida que avanzaba en las transcripciones, empecé a imaginarme que yo estaba presente durante las entrevistas y descubrí que cada encuentro era también una forma de acercarme a un territorio que hasta entonces me resultaba lejano y desconocido. A través de las voces de distintas personas vinculadas a las comunidades, el Vaupés dejó de ser una referencia geográfica para convertirse en un espacio lleno de historias, preocupaciones, dolor, miedo, esperanza y conocimientos. 

Uno de los aspectos que más llamó mi atención fue la increíble relación que existe entre lengua, territorio y memoria. A lo largo de mi experiencia en los proyectos pude reflexionar sobre la importancia que tienen las lenguas indígenas como formas de transmitir conocimientos, relatos, prácticas culturales y maneras de relacionarse con el territorio.  

Recuerdo que, en una conversación con una amiga, le comenté que estaba participando en un proyecto de revitalización de lenguas indígenas. Su respuesta me sorprendió: “¿No sería mejor que todos hablaran solo español?”. Esa pregunta me hizo pensar en cómo muchas veces entendemos las lenguas únicamente desde su utilidad. Sin embargo, mi participación en estos proyectos me ha permitido observar que una lengua también está vinculada a memorias colectivas, formas de aprendizaje y maneras particulares de interpretar el mundo. 

Asimismo, esta experiencia me llevó a pensar en las múltiples formas en que ocurre el aprendizaje. Más allá de los espacios escolares, existen conocimientos que se construyen y transmiten a través de la convivencia cotidiana, la observación, el trabajo compartido y las relaciones entre generaciones. Esta reflexión me hizo cuestionar la idea, tan presente en mi propia experiencia educativa, de que aprender ocurre principalmente dentro de las aulas. 

Otro aspecto que marcó mi paso por estos proyectos fue intentar comprender la diversidad de contextos en los que se desarrollan los procesos educativos en el país. Aunque mi acercamiento estuvo centrado en experiencias del Vaupés, muchas de las reflexiones que surgieron durante el proceso me llevaron a pensar en otros territorios amazónicos e indígenas de Colombia. Los desafíos relacionados con la transmisión de conocimientos, las transformaciones culturales y el fortalecimiento de las lenguas propias no son exclusivos de una región, sino que forman parte de realidades presentes en distintos lugares del país. 

Después de esta experiencia comprendí que hablar de las lenguas indígenas es hablar también de relaciones familiares, educación, territorio, memoria, alimentación, espiritualidad y formas de entender el mundo. Sin embargo, más allá de las lenguas, los proyectos me permitieron acercarme a realidades y formas de vida que pocas veces ocupan un lugar central en las narrativas nacionales. 

Al mirar atrás, creo que uno de los aprendizajes más significativos fue reconocer cuánto desconocía sobre territorios que hacen parte del país y que, sin embargo, suelen permanecer al margen de muchas de nuestras conversaciones y procesos educativos. Escuchar las voces de quienes habitan estos lugares me permitió comprender que conocer un territorio no consiste únicamente en ubicarlo en un mapa o aprender algunos datos sobre él, sino en acercarse a las experiencias, conocimientos y perspectivas de las personas que lo construyen y lo habitan día a día. 

Elaborado por: Sebastián Huelgas

Primera parte: Llegar donde llegué… Aun sin estar  

Imagen consultada el 6 de junio de 2026 en https://amazonia.vistprojects.com/vaupes/

A manera de relámpago, quiero decir, escribir, nombrar algunas reflexiones alrededor de lo que ha significado trabajar a otros tiempos; a tiempos en plural, porque de eso se trata la trama de la vida. 

Otros tiempos; los amazónicos signan y dictan el ritmo. Investigar en Vaupés significa entender otros llamados, otras disposiciones, a las cuales Occidente o, mejor, aquello que aprendimos como “investigar”, no está acostumbrado. En los últimos meses ha sido un reto, en todos los sentidos, realizar metodologías a distancia o, como le hemos llamado desde el equipo de investigación en Cali, metodologías multisituadas. Esto significa que, en lo que va del proyecto, todo ha sido mediado por unas pantallas, por una red invisible (internet) que conecta, comunica, pero que a su vez corta, genera silencios y resistencias. 

Pensar una investigación de este tipo genera muchas preguntas, no solo por las inmensas posibilidades de estar y encontrarnos desde distintas latitudes, sino también por las limitantes en el trabajo de campo. Esto significa hacer etnografía privilegiando algunos sentidos —la escucha y una vista parcial—, dejando de lado el tacto, el gusto y el olfato, que también son esenciales para comprender, en alguna medida, los mundos con los cuales interactuamos. 

Ahora quisiera detenerme en los sentidos de la escucha y la vista parcial, pues son estos dos los que me han posibilitado el encuentro que, si bien no es total y nunca lo será, sí me ha permitido comprender y aprender otros ritmos a los cuales la antropología y la educación también deberían atender. 

En una de tantas reuniones virtuales, Hermes, un joven cabiyarí, estudiante y maestro, nos compartió que para “aprender” no basta solo con la repetición, sino con forjar otras disposiciones corporales, atender al llamado de otras sabias, acuáticas, vegetales, que muestran y posibilitan tantos caminos que unx debe saber escuchar, saber hacer silencio y saber contemplar, para que el silencio permita la escucha y esta genere, reverbere con fuerza y se convierta en don. 

Escuchar esto me causó una gran fascinación, pues durante toda mi formación siempre escuché que uno aprende repitiendo, leyendo y preguntando. Y, si bien esto es cierto, nunca me había detenido a pensar que, para lograr eso que nombramos aprendizaje, necesitamos de la escucha, el silencio y la contemplación, no solo como disposiciones, sino como posiciones frente a la infinidad de mundos. 

Me quedo entonces con las siguientes preguntas: 

¿Qué significa aprender desde el silencio? 

¿Qué significa aprender desde la contemplación? 

¿Qué puede generar el escuchar otras sabias, otros llamados y grafías no necesariamente humanas? 

¿Es posible una educación que ponga en el centro la escucha? 

El silencio pareciera ser entonces una de las tantas respuestas y caminos metodológicos. Como dice John Gray (2014), la civilización es una “máquina de distracción” para evitar el silencio; silencio necesario para atender el llamado del territorio, que es hogar y maestro. Silencio, no como una forma de obediencia plena, sino como una relación radical frente a los mundos. Silencio que dispone al cuerpo para aprender y escuchar las historias de los abuelos y las abuelas. 

¿Cómo atender al silencio como camino para aprender y percibir a otros? 

¿Qué significa pensar una metodología que no procura solo por el ver y el escribir? Una metodología del silencio que impregna y resquebraja nuestras certezas investigativas… 

Quizás de eso se trata también de investigar en el Vaupés. Aprender que nuestra mirada siempre es parcial. Mientras escribo estas líneas desde Cali, donde los 7 ríos que cruzan nuestra ciudad, la vida sigue su curso al igual que los caños y los ríos Querary, Apaporis, Papuri. Las aguas continúan subiendo y bajando, los abuelos siguen conversando, las chagras siguen creciendo y los estudiantes de las escuelas  corren, pintan y juegan. Pues, la vida no se detiene para que podamos comprenderla. 

Pienso, entonces, en algo que nos han compartido los investigadores comunitarios. Dicen que cuando el agua del río Vaupés comienza a subir, los pies de la Virgen María van desapareciendo poco a poco. Esa marca anuncia lo que viene, es augurio, advierte sobre los movimientos del río.  Ya que esto no es simplemente un indicador; es una forma de atención, una manera de leer el territorio. 

Tal vez las metodologías que hemos aprendido en la academia suelen hacernos creer que observar consiste únicamente en mirar, registrar y escribir. Pero en el Vaupés, aunque sea mediado por pantalla y cables,  pareciera que observar también implica escuchar, esperar, contemplar y reconocer que el mundo habla en tantos lenguajes que no siempre sabemos interpretar. Por eso, más que buscar una metodología capaz de capturarlo todo, quizás el desafío sea aprender a convivir con nuestra propia parcialidad. Reconocer que siempre vemos apenas un fragmento y que existen otras formas de percibir aquello que llamamos realidad. 

Mientras nosotrxs escribimos informes, tomamos notas o sistematizamos conversaciones, la vida continúa ocurriendo. Tal vez la tarea no sea entonces apresarla en nuestros textos, sino aprender a acompañar, aunque sea por un instante, algunos de sus ritmos, entre el Pacífico, los Andes y el Amazonas.  

Elaborado por: Juan David Dominguez Shek

Pata de logos Vaupés 2.0